17 abril 2017

Recordando el Casino de la Selva de Cuernavaca.




Francamente esto sí me cuesta mucho trabajo recordarlo, y es que era yo sumamente pequeño cuando lo viví.

A mi padre le chiflaba salir de la ciudad a la menor provocación, por lo menos cada 15 días íbamos algún lugar normalmente no muy lejos del DF (y digo DF y no CDMX nomás por chingar a Mancera). Dos eran los destinos favoritos de mi padre que en ese tiempo no tenía mucho varo: uno era el parque vacacional Oaxtepec y el otro la ciudad de la eterna primavera Cuernavaca.

De Oaxtepec y sus encantadores bungalows ya les contaré en otra ocasión porque hoy me voy a enfocar a una de mis ciudades favoritas, Cuauhnahuac, oséase Cuernavaca.

No ser requería de mucho dinero para hacer estos pequeños viajes a Cuernavaca, bastaba con llenar el tanque del Ford Falcon de mi padre, echar unas cuantas cosas a la cajuela (sin olvidar las llantitas para la alberca) y agarrar carretera con rumbo a la ciudad que promete sol y calorcito todo el tiempo.

La primera escala era un monumento que estaba antes de llegar a Tres Marías. Dicho monumento era al Siervo de la Nación, José María Morelos. Hasta hace poco tiempo creo que todavía existía ese monumento, hoy ya no estoy seguro. En ese lugar no había nada que hacer pero mi padre no perdía oportunidad para tomarnos unas cuantas fotos en unas columnas que había allí. La cosa era muy aburrida.


Monumento a Morelos en la carretera México-Cuernavaca. 

Este soy yo en una de las escalas obligadas en el Monumento a Morelos.

La siguiente escala era obligada, “Queka City”, oséase Tres Marías. El tamal mañanero con un champurrado era un alimento altamente rico en sabrosura que nunca se perdían mis progenitores. Yo en ese tiempo era harto remilgoso y solo me enfocaba en la vendimia, claro vendimia de juguetes. Siempre hacía mi bonito berrinche con mucha chilladera, de esa que incluye moco de burbuja, con la esperanza de tocar el corazón de mis padres para ver si  así me compraban un títere de payaso o un violincito de madera roja. Mis padres que tenían el corazón de hierro como Margaret Thatcher jamás mordían el anzuelo de mi bonito chantaje sentimental y yo me la pasaba a pelar. Sin embargo la muina se me pasaba pronto, sobre todo cuando me decían que en mi futuro inmediato habría una alberca.

Tres eran los lugares favoritos de mis padres en el Cuernavaca de aquellos setenteros años: el zócalito a donde mi padre iba a tomarse un jugo de alfalfa que vendían en el kiosco del Jardín Juárez; otro de los lugares favoritos de mis padres, y mío también, era un parque al que le llamaban Chapultepec de Cuernavaca, parque que aun existe y al cual sigo yendo; el tercer lugar favorito de mis padres y del cual pretendo hablar en este mamotreto era el ahora desaparecido Hotel Casino de la Selva.

La primera vez que visité el Casino de la Selva habré tenido la friolera de 90 días de nacido, todo un hombrecito ya. Existen pruebas fehacientes (fotos y película “super 8”) que dan fe de lo que les digo. Obvio que de aquellas primeras visitas no recuerdo nada, aunque mi Sacrosanta sí. Ella, mi madre, me platica lo bonito que era ese lugar. Sus grandes jardines, su arquitectónicamente espectacular restaurante, su piscina, su fuete en el jardín francés y sus hermosos murales, hacían de aquel lugar un espacio bastante disfrutable.

El Casino de la Selva tenía murales de artistas muy importantes, tales como: Josep Renau, el maestro José Reyes Meza, Jorge González Camarena, Francisco Icaza, Jorge Flores y uno de los tres más importantes muralistas que ha tenido México, el gran Alfaro Siqueiros. La triste historia que quizás ya conocen todos es que un buen día la empresa Costco compró los terrenos para construir una de sus tiendas. Los murales fueron seriamente dañados y según yo fueron removidos para ubicarlos en un lugar cercano a donde estaban. Mi próxima misión será encontrarlos para ver en qué condiciones están, o si de plano ya no están. Ya les contaré el resultado de mi encomienda.





Regresando a mi ejercicio de memoria les diré que yo personalmente poco recuerdo del Casino de la Selva. Sin embargo recuerdo bien que lo que más me llamaba la atención de ese lugar era el boliche del hotel. Siempre mi padre me llevaba a asomarme para que viera como los jugadores de bolos realizaban sus bonitas chuzas y spares. Por la fecha de la que hablamos es muy probable que en alguna bolera se encontraran jugando el mismísimo Pedro Picapiedra y Pablo Mármol.

Otra de las cosas que medio recuerdo del Casino de la Selva era su arenero. Un espacio próximo a la alberca en donde los frustrados como yo que no habían podido seguir el recorrido natural de la autopista hasta Acapulco se daban vuelo jugando con sus cubetitas y palas de plástico en la arena. Mi hermano, un año menor que yo, se encargaba de preparar pasteles de arena mientras yo con mis vastos conocimientos de arquitectura e ingeniería realizaba impresionantes castillos que hacían ver a los de la provincia de Loira (Francia) como viles casuchas tecermundistas.

El Casino de la Selva contaba con un monorriel del cual francamente no me acuerdo. El restaurante parecía un gran disco LP expuesto al sol, completamente doblado. En Xochimilco, por el embarcadero de Nativitas, existe un restaurante llamado “Los Manantiales” que se asemeja algo al del Casino de la Selva.

Cuando cumplí nueve años me quedé sin papá y por ende sin Casino de la Selva. Mi madre, mi hermano y yo dejamos de visitar Cuernavaca por un largo tiempo. Los balnearios de Morelos comenzaron a llamarnos más la atención, y claro Oaxtepec seguía siendo el principal punto de chacota y vacile familiar.

A continuación les comparto algunas de las fotos que encontré del Casino de la Selva en diferentes etapas de su vida como hotel, con esto se podrán dar una idea de cómo era ese maravilloso lugar.


Antigua entrada al Casino de la Selva.




Alberca Olímpica del Casino de la Selva.

Alberca con la particular regadera del Casino de la Selva.

Alberca Olímpica con el arenero al fondo.

Habitaciones del Casino de la Selva.




Panorámica con el Salón de los Relojes al fondo.






Bungalows del Casino de la Selva.


Obelisco situado en la entrada principal del hotel.


La antigua disco Mambo situada en la entrada principal del
Casino de la Selva.

Fue hasta que cumplí 16 años y comencé a manejar que mi instinto me volvió a llevar a Cuernavaca. Para entonces yo ya no recordaba ni cómo llegar al Casino de la Selva, de hecho a esa edad no me interesaba en lo más mínimo el Casino de la Selva. Yo viajaba del DF a Cuernavaca solo para ir a los Go Cars que estaban en la Av. Domingo Diez cerca de la zona militar. El lugar era el indicado para el puberto imberbe que era en ese tiempo. Ahí en un solo lugar estaba la pista de Go Cars, un pequeño golfito y unas canchas de tenis.

Más adelante, pero mucho más adelante, la curiosidad despertada por la nostalgia comenzó a meterme la idea en la cabeza de regresar al Casino de la Selva. Como yo no tenía idea de cómo llegar a ese lugar, y un poco también por huevón y desidioso, el plan de ir al encuentro del Casino se fue postergando una y otra vez. Fue hasta que escuché en las noticias que un grupo de personas intentaban detener el proyecto de Costco para salvar lo que por mucho tiempo fue uno de los lugares emblemáticos de Cuernavaca que intenté de nuevo regresar al Casino de la Selva, pero lástima, ya era muy tarde.

Hoy gracias a internet y Google Maps sé el lugar preciso en el que se encontraba el Casino de la Selva y sé también que de aquello ya no queda nada, si acaso los recuerdos de la gente que tuvo la suerte de conocerlo. Algunos privilegiados y rucos como yo lo conocimos como el gran Hotel que fue, otros más jóvenes quizás solo lo conocieron por la discoteca Mambo que se encontraba a un lado de la entrada principal.


El lugar construido en la década de los treintas originalmente fue un casino pero cuando estos se prohibieron, allá en la época de Lázaro Cárdenas, dejó de serlo aunque conservó su nombre. En 1956 cuando pasó a manos del empresario español Manuel Suárez se realizó su primer gran remodelación que consistió en la construcción de: más habitaciones, el famoso boliche, un salón de fiestas y la discoteca. Su fin llegó cuando en julio de 2001 comenzó la demolición de lo que otrora fuera un gran lugar de recreo.

Las siguientes fotos aéreas muestran los cambio que sufrió con el tiempo el Casino de la Selva hasta que finalmente desapareció. 


Foto aerea del Casino de la Selva del año 1934 cuando no había
prácticamente nada a su alrededor. 

Así lucía el Casino de la Selva a principios de los años noventa.

Mapa del Casino de la Selva.

Así luce hoy en día el lugar que ocupara el Casino de la Selva. En la imagen
se ven las tiendas Costco y Comercial Mexicana que borraron
 completamente del mapa al gran hotel.


El siguiente video que les comparto está hecho con un fragmento de una película super 8 en la que aparecemos mi madre y yo caminando por los jardines del Casino de la Selva. Ánimas que les guste.






Queridos amigos, antes de concluir mi mamotreto y si ustedes me lo permiten me gustaría dedicarles unas muy sentidas palabras a los dueños y directivos de Costco:

Gente de Costco, por destruir parte de mis recuerdos y, peor aún, parte importante del patrimonio histórico y cultural de nuestro país, HÁGANME USTEDES EL FAVOR DE IR A CHIGAR A SU REPUTA MADRE, ¡CABRONES DE MIERDA! Gracias.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí mas chidos!


4 comentarios:

Yukio Trechuelo dijo...

Pasaba el tiempo y yo continuaba sin saber mucho sobre el lugar , lo único que podía saber es lo que mi amigo de la infancia "Chucho" me conto, cuando al estar disfrutando alla por el año de 1972 una de mis primeras visitas al paradisiaco mundo natural llamado "Las estacas", paseo obligado de su familia y la mia, de por lo menos 2 o 3 veces por año, cuando Chucho se refirió al Casino de la selva, el solo menciono que era: viejo, aburrido y costoso. Hasta hace todavía pocos años y con mi única referencia, la estación de los autobuses de Pullman de Morelos, continuaba mi curiosidad por saber y conocer mas específicamente lo que era aquel lugar, y gracias a tu post, ahora no me cabe la menor duda de que efectivamente, miles de Morelenses ademas de exrtranjeros lo llevan en su memoria, justo en el cajon de los bellos y anhelados recuerdos del pasado.

Unknown dijo...

Gracias de corazón por compartir, nunca fui pero había oído escuchar del Casino , sigo buscando Fotos antiguas

dragondekomodo dijo...

Es un placer como siempre, leerte. Gracias por compartir

Anónimo dijo...

Me hiciste recordar mi niñez "pioja" en donde mis compañeritos de la primaria presumían cada lunes sus idas a la Ciudad de la Eterna Primavera. Siempre me imaginé las cosas tal cual las escribes. Un saludo, no dejes de escribir, te perdiste un ratote.