08 febrero 2017

El bonito recuerdo, la bonita fotografía




De entre las cosas que ya son historia por culpa de la trinche tecnología se encuentran estos pequeños visores que contenían una foto (diapositiva) en su interior. En los restaurantes, en los salones de fiestas, en los centros nocturnos, en los circos, en los festivales escolares, en las ferias, en las plazas públicas… en fin, en muchos lugares existían fotógrafos que vendían este tipo de visores.

Los fotógrafos que trabajaban este tipo de “recuerditos” tenían que revelar su película al instante para poder ensartar al cliente antes de que este hiciera mutis del lugar en donde le habían tomado la foto. Seguramente los fotógrafos tenían su pequeño laboratorio de revelado por ahí en algún rinconcito. Los visores no eran costosos así que normalmente la gente compraba la foto del recuerdo sin pensarlo dos veces.  

 El otro día cuando intentaba poner un poco de orden en las chingomil fotografías que tengo me encontré con estos cuatro visores. Antes de revisar cualquier otra fotografía lo primero que hice fue fisgonear lo que había adentro de los visores. Una de las fotos era mía, obvio, con Santa Claus. Por lo que alcanzo a ver quizás la foto fue tomada afuera de una tienda Aurrera que se encontraba sobre la calzada de Tlalpan a la altura del metro Nativitas (hoy es un Walmart). Otro de los visores tenía una foto de mi Sacrosanta departiendo con otras personas mientras veía una bonita “variedad”, nada más y nada menos que en el famoso centro de espectáculos El Patio. Otra más era de un primo de Guadalajara montado en un imponente corcel blanco de madera frente a un gran letrero que decía: “Recuerdo de mi visita a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe”. Por último encontré una, la más reciente, en la que yo me encuentro en los tendidos de la Plaza México viendo una corrida de toros. Esta foto debe tener apenas unos 25 años. Me dio gusto haberla comprado porque seguramente fue cuando ya estaban por desaparecer este tipo de recuerdos. Curiosamente esta foto es la que está en peores condiciones, casi se ha borrado por completo seguramente por un mal proceso de revelado.

Hoy todo es diferente. Gracias a la cámara que tienen los teléfonos inteligentes todo mundo se la pasa tomando fotos a la menor provocación. Retratan todo, lo que sea. Los teléfonos están infestados de miles y miles de fotos que su dueño seguramente jamás volverá a ver, mucho menos a imprimir. Selfies, fotos de vasos de café, comida, gatitos y perritos en todas las situaciones posibles, eventos deportivos o espectáculos, en fin, muchas fotos que seguramente se perderán cuando alguien extravié su celular, lo dañe, o algún caco malandrín, de esos que casi no hay en nuestra ciudad, se los pase a robar. Pero así son los tiempos y no hay nada que hacer. Yo, vía de mientras, seguiré guardando estos tesoros que me recuerdan la belleza y sencillez de las cosas de antes. 


Los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!




1 comentario:

Jorge dijo...

Excelente publicación como siempre... Me hiciste recordar algunos que me dejó mi padre, fanático de la fotografía. Una precisamente de la boda de un tío, en donde se encuentran el y mi Sra. madre y otra donde andamos mis hermanas y tu servidor en el Cárcamo de Chapultepec, allá por principios de los 70's.