06 octubre 2015

Recordando Conciertos.




El otro día que estaba instalado en el ocio total puse a pujar con todas sus fuerzas a mi ahora ya esmirriado cerebro. Mi intención al echar a andar a mis perezosas y lerdas neuronas era el tratar de recordar mi historial de conciertos, historial que he venido acumulando desde los años más párvulos de mi vida.

Lo más que me dio mi memoria pa’ atrás fue quizás el primer concierto al que asistí en mi vida, por supuesto que fue en calidad de “te subes al coche y nos acompañas”, porque a esa edad siendo entonces un escuincle nalgas miadas yo no tenía ningún poder de decisión ni libre albedrio, o sea, o hacía lo que decían mis superiores o me atenía a las consecuencias. Y mis superiores en este caso eran por su puesto mi tía y mi madre quienes convencidas por mi primo mayor decidieron asistir a este concierto de talla internacional.

Eran los 70’s, para ser precisos 1977, el auge de la música disco. La cita fue en el ahora descuidado Teatro Ferrocarrilero, teatro que pertenecía (no sé si aun) al Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana. El teatro está en Buenavista, frente a la exclusiva zona residencial llamada Tlatelolco (dicho esto con un ligero y sutil sarcasmo). Hasta allá nos desplazamos en el Datsun de mi tía, dos mujeres adultas y cinco escuincles cabrones. Seguramente el boleto no era costoso porque la verdad nosotros éramos de clase media baja jodida, hoy en cambio… estamos peor.

Las luces se apagaron, de nuestro grupo los únicos interesados en lo que estaba por aparecer en el escenario eran mi madre, mi tía y el más grande de mis primos que tendría en aquel entonces 15 años. Se abrió el telón y luego de unos segundos aparecieron en el escenario cinco morenazos de fuego, negros pues, todos ellos enfundados en llamativos trajes harto brillosos que destellaban cuando los seguidores del teatro los tocaban. Por supuesto que mi hermano, el más pequeño de todos, mis otros dos primos y yo no teníamos ni la más mínima idea de quiénes fregados eran esos cambujos tan excéntricos. Los asistentes allí presentes desde el primer tema estallaron en júbilo y desde sus butacas intentaban bailar los temas que fueron tocando. En un momento de su concierto se presentaron, ellos eran los hermanos: Ralph, Pooch, Chubby, Butch y Tiny, conocidos como The Tavares Brothers o simplote Tavares. El concierto llegó a su clímax cuando interpretaron uno de sus más grandes éxitos “Heaven Must Be Missing an Angel”, tema que sonó mucho en las estaciones de radio de aquellos años.  


Mi primer concierto: Tavares en el Teatro Ferrocarrilero.


El concierto de Tavares no significó mucho para mí porque francamente mis intereses musicales por aquel tiempo eran otros, digamos más tipo Cri Cri. Sin embargo con el tiempo llegué a entender la importancia de aquel concierto en mi bagaje musical ya que significó el primer concierto internacional al que asistí, o para ser precisos el primer concierto al que asistí, punto.

Pero el tiempo siguió avanzando y de nuevo un buen día me ordenaron “súbete al Datsun y te callas”. Qué bonitos eran aquellos tiempos en los que los papás y mamás mandaban, hoy los niños son los que toman las decisiones y los abnegados padres se limitan a obedecerlos con ciega fe, por eso es que hay tanto escuincle mal educado hoy en día. Pues bien, me subí al coche de mi tía y ahora nos dirigimos a la Arena México. A este lugar solíamos asistir con mayor frecuencia, no a conciertos pero sí a espectáculos familiares tales como: el Circo Atayde Hermanos, el Disney on Parede y el inolvidable Holliday On Ice. Quizás por esa razón recuerdo que iba un poco más optimista respecto a lo que estaba por ver, además me encantaba todo lo que vendían afuera de la Arena México, en especial una enormes muelas de plástico rellenas de cientos de mini chicles.

Ya habían pasado dos o quizás tres años desde aquel concierto de Tavares en el Teatro Ferrocarrilero así que yo ya estaba a punto de entrar en lo que viene siendo la bonita edad de la punzada, o sea la pubertad. Mis berrinches ya tenían más sustancia y más carácter así que más le valía a mi madre que no me fuera a salir con algo que no me gustara porque no se la iba a acabar.

Ya instalado en nuestros lugares vi en el programa de mano de qué se trataba el asunto, decidí darle una oportunidad al par de rucos que estaban por venir. Luego de que las luces se apagaron y el modesto escenario se iluminó apareció en el escenario un jovenazo luciendo tremenda melena, galán indiscutiblemente y si no que le pregunten a toda la bola de escuinclas y señora gritonas que hicieron de aquel lugar un manicomio con sus gritos. El novel cantante comenzó a cantar música que en mi vida había escuchado hasta que finalmente pude reconocer una, indiscutiblemente su éxito del momento. El tema en cuestión era una composición del maestro Roberto Cantoral que llevaba por nombre “Al Final”, tema con el que había participado en el festival OTI aquel flaco con ojos de Sargento Dodo que respondía al nombre de Emmanuel.

Emmanuel habrá cantado aquella noche una media hora, quizás 45 minutos, era lo que se conoce ahora como “telonero” del artista principal. Luego de su bonita racha de aplausos y eufóricos gritos se despidió y dio lugar a que apareciera la siguiente estrella en el escenario. Debo decirles que ese fue un momento muy importante en mi vida musical porque justo allí fue donde nació mi “amor eterno” por esa artista. Directo de España llegaba Marieta, la querida e inolvidable Rocío Durcal a la que conocían en México gracias a sus películas de juventud como aquella que hizo a lado de Enrique Guzmán, “Acompáñame”. Ya por aquellos años Rocío había grabado temas de Juan Gabriel que la había hecho triunfar en México, temas como: “Tarde”, “Jamás me cansaré de ti”, “Fue un placer conocerte”, “Me nace del corazón”, “Cuando yo quiera has de volver”, “No lastimes más” y “Te voy a olvidar”, entre otras. Aquel concierto me encanto, fue mi segundo concierto en mi vida y este sí lo disfruté al 100%, tanto que como les decía ahí fue donde nació mi amor por Rocío Durcal y su música.

Después de esos dos conciertos a los cuales asistí porque me llevaron y no por decisión propia comencé a imponer mis propios gustos, gustos que afortunadamente coincidían con los de mi patrocinadora oficial, o sea mi madre, por lo que no tenía ningún problema a la hora de convencerla para que aflojara el billete necesario. He de reconocer que mis gustos musicales siempre fueron algo extraños, sobre todo para un joven puberto imberbe, porque la música que me gustaba era como para más gente adulta y no para chicuelos como yo.

Mi madre y yo comenzamos a ir a conciertos de los cantantes de moda de aquellos años. Muchos de esos cantantes surgieron del Festival OTI, aquel de donde salieron una gran cantidad de artistas que terminaron por convertirse en los más famosos, como fue el caso de Emmanuel. Recuerdo que a inicios de los ochentas asistimos al Teatro Lirico y al Teatro de la Ciudad (Esperanza Iris) a ver entre otros artistas a Raphael (en plenas facultades), a José Luis Perales, a Sergio Esquivel (que me chiflaba por aquellos años) y a Napoleón (del que sigo siendo su fan de closet).

El tiempo pasaba y yo seguía creciendo. Los conciertos en el centro nocturno El Patio que se encontraba en la calle de Atenas 9 eran los más importantes y codiciados. Yo aun no tenía la edad suficiente para entrar a un centro nocturno y aunque la hubiera tenido seguro no me hubiera alcanzado el varo para ir a uno de esos shows. Como era centro nocturno no solo había que pagar el espectáculo, también había que soltar una buena lana para la cena y el pomo sin contar las generosas propinas que había que aflojar para obtener un buen lugar. Ahí me hubiera encantado escuchar a José José quien en ese tiempo aun tenía una gran voz. Fue ahí también donde Juan Gabriel comenzó a hacer sus legendarios conciertos que luego llevó al nuevo centro de espectáculos Premier que se encontraba al sur de la ciudad en San Jerónimo. Para los tiempos del Premier yo ya tenía la edad suficiente para entrar a esos espectáculos pero lo que no tuve nunca fue el billete, así que me la pelé. Ahí en Premier vivieron sus mejores años Juan Gabriel, Yuri, Emmanuel.

De pronto los artistas comenzaron a hacer palenques. El dinero que circulaba en esos lugares era harto atractivo para ellos. Mi padre que vivía en Monterrey y que tenía amigos palenqueros me contaba cómo les pagaban a los artistas con bolsas de papel llenas de efectivo, efectivo que seguramente evadían del fisco. Fue en los palenques de Monterrey y de sus alrededores que vi a Vicente Fernández cantar y cantar hasta que la gente dejara de aplaudir (luego de dos horas aquello ya era de hueva). También vi a Lupita D'Alessio que, ya con unos alcoholes, todos los ahí presentes le aplaudíamos cada vez que nos mentaba la madre a los hombres. Y claro que no faltaron en esos palenques Juan Gabriel, la gran Lucha Villa, Emmanuel y hasta Lucía Méndez, entre otros muchos más.

En la universidad tuve mi etapa rebelde, contestataria y piojosa. En esos años llegué a ir a varias peñas y cafés donde la música de protesta, el canto nuevo y la trova cubana eran las que rifaban. En la Sala Ollin Yoliztli vi a Richard Villalón quien se puso de moda gracias a dos temas de autores cubanos: “El breve espacio” y “Ojalá”. También vi a los importantes, la mayoría de ellos en el viejo Auditorio Nacional: Oscar Chavez, Tania Libertad, Alberto Cortez, Amaury Pérez, y por supuesto a Silvio Rodríguez y a Pablito Milanes. Carlos Díaz “Caito” y Guadalupe Pineda tampoco faltaron por aquellos años. Los conciertos de Jorge Reyes en el Espacio Escultórico en Día de Muertos son también dignos de recordar.

Y así me la llevé todos los 80s viendo artistas chabacanos, nada en especial que se pueda decir me haya marcado musicalmente para el resto de mi vida salvo una que otra excepción. Pero un buen día de 1989 sucedió un milagro. Una persona cercana a mi primo que trabajaba en la Pepsi le preguntó si quería boletos para el concierto que iba a dar Rod Stewart en el Estadio Corregidora de Querétaro. Cuando supe eso casi se me sale el corazón de la emoción. Por primera vez en mucho tiempo, luego del fallido concierto de Queen en Puebla, alguien se animaba a traer a México a un artista internacional de ese tamaño y yo no me lo pensaba perder ni de chiste. Le rogué a mi madre para que me diera permiso (y el varo correspondiente) para ir a ver a uno de mis grandes ídolos del rock. Mi madre se puso guapa y me dio el permiso y el dinero para comprar el boleto, mismo que consiguió mi primo con su amigo de la Pepsi (la Pepsi fue el patrocinador oficial del concierto). Mi primo que de niño prácticamente me había llevado a ver a Tavares ahora me iba a llevar a ver a Rod Stewart. La experiencia que viví ese año en Querétaro, esa sí quedó marcada para siempre en mi memoria musical. Sin duda aquel concierto de Rod Stewart ha sido uno de los 10 conciertos más importantes e inolvidables de mi vida, sobre todo por toda la experiencia rockera previa al evento que fue harto intensa. Ya en otro post conté cómo fue esa experiencia así que no voy a entrar en detalles pero gracias a ese concierto se abrieron las puertas para que muchos otros artistas importantísimos vinieran a tocar a nuestro país.

Después de haber escuchado aquel año cantar a Rod Stewart “Hot Legs” nunca imaginé que con el tiempo podría decir que he tenido la suerte de escuchar a los Rolling Stones cantar en vivo “Satisfaction”, o a Michael Jackson cantar “Billie Jean”, o a Kiss “Detroit Rock City”, o a Sting “Every Breath You Take”, o a Earth Wind and Fire “Fantasy”, o a Phil Collins “You Can't Hurry Love”, o a U2 “With or Without You”, o a Paul McCarney “Get Back”, o a Pavarotti “Nessun Dorma”,  o a Placido Domingo “E Lucevan Le Stelle”, o incluso a la Sonora Santanera cantar “La Boa” con sus miembros originales.

Ha habido mucha música en mi vida en tantos años, música de todos los géneros: clásica, ópera, zarzuela, jazz, trova, pop, rock, vernácula, etc. Algunos conciertos simplemente han sido inolvidables gracias a la compañía, como por ejemplo uno de Miguel Bosé que disfruté como enano a lado del amor de mi vida, mi hija Friducha. Otros conciertos los disfruté solo por el hecho de saber que mis acompañantes la estaban pasando bomba, como los de Chayanne, Enrique Iglesias, Mijares, Kabah, Shakira, Ricky Martin, etc. Otros más simplemente me gustaron y ya, independientemente de que el talento de dichos artistas pueda llegar a ser cuestionable. Por otro lado los conciertos de Enrique Guzmán, Miguel Ríos, Ana Gabriel, Pepé Aguilar, Timbiriche, Joaquín Sabina, Alanis Morissette, Botellita de Jerez, Moderatto, y muchos de Rocío Dúrcal y Juan Gabriel, son conciertos que puedo decir me encantaron y me traen muy buenos recuerdos.

Pero ni son todos los que están ni están todos los que son. Tristemente me he perdido varios conciertos que nunca más tendré la oportunidad de volver a ver, como el de Queen en Puebla que aunque sé no fue mi culpa porque yo aun era muy pequeño siempre viviré arrepentido de no haber ido. Frank Sinatra vino a México y no lo vi, y también sufro por eso. Tampoco me voy a perdonar no haber visto a José José cuando aun tenía voz, ahora ya no tiene caso verlo. Grupos ochenteros como Mecano o Soda Stereo me habría encantado conocerlos. Pero hay otros artistas que aun no pierdo la esperanza de ver, artistas como: Serrat, Billy Joel, The Who, David Bowie, Bruce Springsteen, Jimmy Page, Roger Waters, Tony Bennette, Kokín, Pablito Ruiz y el Coque Muñiz. Y claro también están los artistas que jamás vería ni aunque mi vida dependiera de ello, tipo: cualquier reggaetonero, cualquier grupo de banda, Jenni Rivera (aunque me la resucitaran), Belinda, Alex Lora, y claro al estúpido de Arjona.  


De los primeros.

En los palenques.

De mi época piojosa y pandrosa.

Los que nunca pensé ver.

Más de los que nunca pensé ver.

La Santanera con sus miembros originales.

No fui, me llevaron, pero me gustaron.

Buenos conciertos, grandes recuerdos.

Los que ya me la pelé.

Los que están en la mira.



Todo comenzó en 1977 con Tavares en el Teatro Ferrocarrilero, hoy la lista sigue creciendo y espero que hasta el último de mis días la música siempre esté presente en mi vida. Por supuesto que yo no pienso salir con la gatada de pedir que lleven música a mi entierro… ¡¿eso ya qué?! Yo la música me la pienso llevar puesta al otro mundo con la esperanza de que en el más allá existan los encores para así poder volver a disfrutar de todo el soundtrack de mi vida. Ánimas que así sea.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!