04 abril 2015

El Sábado de Gloria de mi mamá




Mi Sacrosanta madre proviene de uno de los barrios más elegantes y exclusivos de la Ciudad de México, me refiero por su puesto a la famosa Lagunilla… uooorale. Como saben ella ya tiene sus añitos, y también sus añotes, así que ustedes ya se podrán imaginar lo que le tocó ver y vivir en el Centro Histórico de esta hoy retacada y sobrepoblada ciudad: cines y teatros que ya no existen, restaurantes y cafés que ahora son historia, estanquillos, boticas, cajones, tiendas y negocios extintos, oficios y personajes que se han esfumado, y claro, tradiciones que están en vías de desaparecer o que hoy tristemente viven solo en el recuerdo.

Justo esta mañana mi Sacrosanta me platicaba cómo era un Sábado de Gloria por ahí de los años 40s. Me contaba que ella junto con su hermana y sus primas caminaban desde la calle de Ecuador y Brasil (que era en donde vivían) hasta la calle de Tacuba para ver la famosa quema de los judas. Dice que a todo lo largo y ancho de la calle de Tacuba se colocaban enormes judas para ser quemados frente a cientos de curiosos (que no miles, no era como ahora). Lo maravilloso del asunto es que las encargadas de costear estos judas eran todas las zapaterías que había en esa calle, y no solo eso, sino que las zapaterías se daban a la tarea de rellenar los judas con zapatos nuevos mismos que al explotar caían al suelo como si se tratara de una piñata. La gente obviamente corría eufórica a ganar algún par, no importaba el número o el modelo, el chiste era llevarse un recuerdo a casa.

Luego de la quema de los judas de Tacuba mi madre y mis tías regresaban a la flamante vecindad de quinto patio en la que vivían para proceder a mojarse a cubetadas tal y como era la tradición. El gendarme de la esquina (antes no se les decía policías), complacido vea a los chiquillos jugar con el agua sin inmutarse siquiera… cero operativo implementado para evitar el desperdicio de agua. A los niños se les llegaban a unir los adultos, y así, en gran convivencia, celebraban y festejaban el Sábado de Gloria por aquellos años.



Quema de judas a principios del siglo XX.

En algún lugar de la Ciudad de México la gente observa el espectaculo
de la quema de judas.

Vendedores de judas por alguna calle del centro de
la Ciudad de México. 

Esta imagen es la que más se puede aproximar a lo que vivió mi
mamá en las calles del Centro cuando era niña.


Hoy todavía hay lugares en los que se conserva la tradición de la quema de judas, pueblos y barrios que intentan no perder esa bonita tradición. Aquí en el D.F. el mejor lugar para ver la quema de judas es el gran museo Dolores Olmedo, museo que año con año hace una gran fiesta popular para rescatar la tradición de la quema de judas. El problema, como ya se imaginaran, es que poco a poco se ha corrido la voz de este maravilloso evento por lo que cada año va más gente y eso comienza a ser un problema (al menos para mí que odio las multitudes). Pero vayan, total. Hoy yo creo que ya no llegan, pero el año entra no se lo pierdan, en verdad vale la pena, se los recomiendo.


El Museo Dolores Olmedo siempre rescatando nuestras tradiciones.

La quema de toritos es una tradición en México.

Mientras se quema el torito ¡hay que bailarle!

La quema de judas en el Museo Dolores Olmedo. 



Nuestras flamantes y responsables autoridades en estos tiempos nos prohíben todo, desperdiciar el agua, quemar cuetes y judas, etcétera; vivimos en una ciudad que se empeña en terminar con las tradiciones en pro de la modernidad, no entienden que en estos casos un poco de flexibilidad y tolerancia le haría más bien que mal a nuestra querida ciudad.


Los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!

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