20 abril 2015

Sala de cine Pedro Armendáriz




Probablemente la última película que vi en este cine fue “Flashdance” en 1983 cuando comenzó a apeladarse la sala o más bien cuando yo comencé a negar mi indiscutible condición de pelado. En el cine Pedro Armendáriz recuerdo haber visto muchas películas, incluso aquellas que pasaban en las famosas funciones de media noche, como aquellas estelarizadas por Sylvia Kristel. El Pedro Armendáriz era uno de los cines que quedaban más cerca de mi viejo Principado, ahí sobre Río Churubusco en la colonia Country Club a un costado de los viejos Estudios Churubusco, por eso era uno de los cines que más frecuentaba. Recuerdo que desde el pequeño estacionamiento del Pedro Armendáriz se alcanzaba a ver sobre una barda parte del set abandonado de alguna vieja película que por cierto luego fue usada para la filmación de una de las joyas cinematográficas del Santo. En el Pedro Armendáriz estaba permitido todo, desde echarse un siempre sano y profiláctico fajesín hasta fumarse un cigarro luego de haber comido unos tacos dorados de pollo o unas enchiladas de las que llegaron a vender en el bufete del cine.  

Como les decía un buen día crecí y me di cuenta que el respetable que asistía al Pedro Armendáriz era medio peladón, ya saben, de esos que cuando llegaban al cine entraban gritando: “¡ya llegué!” o “¡Arriba el América cabrones!”… así que tuve que huir de ahí y me fui a refugiar a otras salas más de mi agrado: la Sala Revolución (en Zapata), El Dorado 70 (en Plaza Universidad), la Plaza de los Compositores (sobre Cuauhtemoc, hoy Cineteca Nacional) o los Viveros 2001 (sobre Universidad frente a los Viveros de Coyoacán). Ahora el Pedro Armendáriz ya no existe, desapareció como muchas otras salas de la Ciudad de México. En el lugar en donde otrora estuvo el Pedro Armendáriz pusieron un complejo de salas llamado Cinemark que finalmente terminó por convertirse en un Cinemex. Hoy planeo llevar a mi puberta hija a esos cines, cierto, ya no queda nada de lo que fue el viejo y querido cine Pedro Armendáriz, pero entre mi memoria y yo intentaremos que ella al menos con la imaginación conozca aquel cine maravilloso al que tantas veces fui y que tan bonitos recuerdos me trae.


Cine Pedro Armendáriz en una toma realizada desde la lateral de
Río Churubusco.

Donde estuvo el Cine Pedro Armendáriz se construyo un Cinemark
y ahora es un Cinemex... el tiempo, el implacable.


¡Que comience la permanencia voluntaria! ¡Cácarooo!


Los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!

15 abril 2015

La Tragedia de TAMSA




Mi madre entró a trabajar a TAMSA (Transportes Aéreos Mexicanos S.A. de C.V.) allá por el año de 1953 siendo muy joven. TAMSA era una compañía dedicada al transporte de carga y paquetería por avión. Las oficinas donde trabajó mi Sacrosanta se encontraban sobre Fray Servando Teresa de Mier casi esquina con lo que hoy es el Eje Central. Mi madre había estudiado una carrera comercial por lo que realizaba básicamente labores administrativas en ese lugar.

Al poco tiempo de trabajar ahí mi madre cuenta que conoció a un muchacho que de inmediato la flechó. El Capitán Victor Manuel Vidal Lorca era uno de los pilotos de la compañía, el vivía en Mérida pero cada vez que llegaba a México acudía a las oficinas de Fray Servando para arreglar asuntos relativos al trabajo.  Ahí fue donde conoció a mi madre. Luego de tratarse durante un tiempo, se hicieron novios. Dice mi madre que era muy guapo, según ella muy parecido al conductor Julio Patán.


Mi madre por aquellos años.

Mi madre tuvo que salir de TAMSA en 1956 porque se fue a vivir junto con mis abuelos al puerto de Veracruz por lo que la relación con el piloto terminó. Estando allá, un día (el 15 de abril de 1957) se encontró con la fatídica noticia de que Victor Manuel había perdido la vida en un accidente aéreo. El accidente fue muy comentado, de hecho hasta la fecha se habla de él, la razón es que el compañero de vuelo del Capitán Vidal era nada más y nada menos que Pedro Infante.

La noticia para mi madre fue muy triste, aunque ya habían terminado ella aun le guardaba un cariño muy grande. La noticia fue igualmente triste para el resto de los mexicanos porque habían perdido a uno de sus más grandes ídolos.

Mi madre platica que en varias ocasiones trató a Pedro Infante quien siempre se portó sencillamente encantador con ella. Pedro visitaba frecuentemente las oficinas de TAMSA de Fray Servando para usar el radio con el que se comunicaba a las aeronaves; siempre, dice mi madre, entraba con una gran sonrisa saludando cariñosamente a los empleados y, sobre todo, a las empleadas (coquetísimo dice mi madre). Dice que tenía un carácter muy especial, una especie de tímido conquistador, sumamente sencillo y siempre alegre, juguetón, bromista, un niñote pues.

Luego del accidente se especularon muchas cosas, sobre todo acerca de las causas del percance. Unos dicen que Pedro le pidió a su compadre el Capitán Vidal que le dejara pilotear el avión y que por su “inexperiencia” (Pedro tenía 3,000 horas de vuelo) había perdido el control estrellando el avión. Otros dicen que en Merida no habían sujetado bien la carga y que esta luego de despegar se había movido provocando que el avión se desestabilizara estrellándose. Algunos compañeros de TAMSA le dijeron a mi madre que el avión había fallado, que incluso habían comenzado a tirar parte de la carga (pescado y telas) antes de estrellarse. La verdad es muy difícil de establecer, sobre todo si entendemos que en aquel tiempo los peritajes y las investigaciones de los accidentes aéreos eran muy diferentes a como se hacen ahora. En el accidente murieron más personas, un mecánico que iba en el avión de nombre Marciano Bautista, así como una mujer de nombre Ruth Rosell Chan y el niño Martín Cruz quienes al pacer se encontraban en la casa de Mérida sobre la cual cayó el viejo bombardero de la Segunda Guerra Mundial Consolidated B-24J Liberator de matrícula XA-KUN el cual había sido convertido en avión de carga.


Pedro Infante en su Cessna T-50.

Una de las aeronaves de TAMSA.

El Consolidated B-24J Liberator de matrícula XA-KUN en el que
se perdió la vida Pedro Infante.

La noticia de la muerte de Pedro Infante pronto corrió por todo el país. 


    

Se han escrito infinidad de historias, teorías y leyendas acerca de la muerte de Pedro Infante, lo cierto es que como siempre ocurre en estos casos nadie puede probar nada y solo se concretan a especular y a lucrar con la memoria de querido Pedrito Infante.


Cada 15 de abril se conmemora la muerte del gran Pedro Infante, el pueblo lo recuerda con cariño y se pone triste; por otro lado, cada 15 de abril mi madre recuerda al novio de su juventud Victor Manuel Vidal y también se pone triste. Descansen en paz todas las personas que perdieron la vida aquella mañana del 15 de abril de 1957.  


Los tiempos no fueron mejores... ¡pero sí más chidos! (en este caso no tanto).

04 abril 2015

El Sábado de Gloria de mi mamá




Mi Sacrosanta madre proviene de uno de los barrios más elegantes y exclusivos de la Ciudad de México, me refiero por su puesto a la famosa Lagunilla… uooorale. Como saben ella ya tiene sus añitos, y también sus añotes, así que ustedes ya se podrán imaginar lo que le tocó ver y vivir en el Centro Histórico de esta hoy retacada y sobrepoblada ciudad: cines y teatros que ya no existen, restaurantes y cafés que ahora son historia, estanquillos, boticas, cajones, tiendas y negocios extintos, oficios y personajes que se han esfumado, y claro, tradiciones que están en vías de desaparecer o que hoy tristemente viven solo en el recuerdo.

Justo esta mañana mi Sacrosanta me platicaba cómo era un Sábado de Gloria por ahí de los años 40s. Me contaba que ella junto con su hermana y sus primas caminaban desde la calle de Ecuador y Brasil (que era en donde vivían) hasta la calle de Tacuba para ver la famosa quema de los judas. Dice que a todo lo largo y ancho de la calle de Tacuba se colocaban enormes judas para ser quemados frente a cientos de curiosos (que no miles, no era como ahora). Lo maravilloso del asunto es que las encargadas de costear estos judas eran todas las zapaterías que había en esa calle, y no solo eso, sino que las zapaterías se daban a la tarea de rellenar los judas con zapatos nuevos mismos que al explotar caían al suelo como si se tratara de una piñata. La gente obviamente corría eufórica a ganar algún par, no importaba el número o el modelo, el chiste era llevarse un recuerdo a casa.

Luego de la quema de los judas de Tacuba mi madre y mis tías regresaban a la flamante vecindad de quinto patio en la que vivían para proceder a mojarse a cubetadas tal y como era la tradición. El gendarme de la esquina (antes no se les decía policías), complacido vea a los chiquillos jugar con el agua sin inmutarse siquiera… cero operativo implementado para evitar el desperdicio de agua. A los niños se les llegaban a unir los adultos, y así, en gran convivencia, celebraban y festejaban el Sábado de Gloria por aquellos años.



Quema de judas a principios del siglo XX.

En algún lugar de la Ciudad de México la gente observa el espectaculo
de la quema de judas.

Vendedores de judas por alguna calle del centro de
la Ciudad de México. 

Esta imagen es la que más se puede aproximar a lo que vivió mi
mamá en las calles del Centro cuando era niña.


Hoy todavía hay lugares en los que se conserva la tradición de la quema de judas, pueblos y barrios que intentan no perder esa bonita tradición. Aquí en el D.F. el mejor lugar para ver la quema de judas es el gran museo Dolores Olmedo, museo que año con año hace una gran fiesta popular para rescatar la tradición de la quema de judas. El problema, como ya se imaginaran, es que poco a poco se ha corrido la voz de este maravilloso evento por lo que cada año va más gente y eso comienza a ser un problema (al menos para mí que odio las multitudes). Pero vayan, total. Hoy yo creo que ya no llegan, pero el año entra no se lo pierdan, en verdad vale la pena, se los recomiendo.


El Museo Dolores Olmedo siempre rescatando nuestras tradiciones.

La quema de toritos es una tradición en México.

Mientras se quema el torito ¡hay que bailarle!

La quema de judas en el Museo Dolores Olmedo. 



Nuestras flamantes y responsables autoridades en estos tiempos nos prohíben todo, desperdiciar el agua, quemar cuetes y judas, etcétera; vivimos en una ciudad que se empeña en terminar con las tradiciones en pro de la modernidad, no entienden que en estos casos un poco de flexibilidad y tolerancia le haría más bien que mal a nuestra querida ciudad.


Los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!