04 julio 2012

El Botiquín del Baño de mi Casa



Cuando uno es un crío, un mocoso, un escuincle nalgas miadas, uno está todo el tiempo ávido de conocimiento, y qué mejor manera de obtener ese conocimiento, que a través del bonito fisgoneo. Dicho de otra manera, todos los niños son, somos, curiosos y metiches, y gracias a ello, hoy sabemos y recordamos cosas. 

Pues bien, en mi ya muy lejana infancia, resulta que yo era harto curioso y metiche, y uno de mis lugares preferidos para ejercer esa bonita actividad, eran los baños, los propios y los ajenos. Y una de las cosas que más me llamaban la atención de esos lugares sagrados e íntimos, eran los botiquines que se encuentran ataras de los espejos que se colocan sobre los lavabos.

En más de una ocasión, los botiquines de las casas de mis familiares y de los amigos de mis padres, pasaron por mi indiscreto escrutinio buscando saciar mi curiosidad. La verdad es que no recuerdo mucho de lo que me encontraba en los distintos baños que eran victimas de mi intromisión, estaba muy escuincle, pero al menos, lo que sí recuerdo perfectamente, es lo que me encontraba en el botiquín de mi casa cada vez que lo abría. 

Una de las cosas que más recuerdo del botiquín de mi casa, era un frasco de vidrio con un cristalino líquido azul, el cual por cierto, me encantaba oler. Cuando le preguntaba a mi papá que para qué era ese liquido azul de agradable olor, el me decía que era como una vitamina para el pelo, que con eso ya no se le iba a caer. De vez en cuando mi papá me convidaba de su mágico elixir y me lo frotaba en el pelo húmedo después de bañarme y claro, antes de peinarme. Ese loción se llamaba “Pantene” y hoy en día todo mundo conoce la marca gracias al bonche de productos para el pelo que llevan su nombre: shampoos, acondicionadores, tratamientos, etc.

Otro producto para el pelo que nunca faltaba en el viejo botiquín de la casa, era un liquido blanco y lechoso, que según mi padre, ayudaba a que yo pudiera conservar mi peinado estilo Peña Nieto durante más horas. El nombre de esta crema para peinar es Wildroot y aun se puede encontrar en el marcado, ahora ya no como un producto Colgate-Palmolive sino como un producto mas de Genomma Lab.

A veces no era suficiente el Wildroot para aplacar mis gallos y mi remolino, así que mi padre siempre contaba con un “Plan B” para esos casos. El nombre de ese otro producto capaz de ayudar a que mis “pelosnecios” pudieran quedar decentemente peinados, era Brylcreem. Por cierto, tengo que decirles que para un mocoso de cuatro o cinco años, el que le estuvieran poniendo tanta mugre en el pelo, no era nada agradable, pero mi querido padre siempre estuvo obsesionado por tenernos perfectamente peinados, tanto a mi hermano como a mí, así que no nos quedaba más que apechugar. Casi podría asegurar que recuerdo un comercial que hablaba del “rebote de Brylcreem” refiriéndose al movimiento del fleco de los caballeros que se peinaban con esta crema (si ustedes se acuerdan me avisan, ¿va?).

Mi padre siempre predicó con el ejemplo, él ponía personalmente mucho empeño en estar perfectamente arreglado del pelo, siempre bien peinado. Por eso no podía faltar nunca en el botiquín del baño uno de sus famosos peines “Pirámide”, peines que por cierto podías encontrar en cualquier lugar de la casa o del coche, además, claro está, del que siempre guardaba en una de sus bolsas del pantalón.

Junto a su emblemático peine “Pirámide”, siempre había otro que tenía una forma muy simpática y particular. Era un peine medio redondo, azul si no me equivoco, al cual se le introducía una hoja de rasurar Gillette y que servía para “desvanecer” el pelo. Recuerdo a mi madre todo el tiempo cortándole el pelo a mi padre con este curioso instrumento, instrumento que por cierto fue el culpable de que un día me rebanara uno de mis infantiles deditos al tratar de abrirlo, claro, con el único fin científico de investigar como es que funcionaba su “avanzado” mecanismo.  

Otro objeto que no podía faltar en el botiquín de la casa, era el rastrillo con el que se rasuraba todos los días mi padre. Era un rastrillo de metal, bastante elegante, al cual se le giraba el mango para abrir la parte superior y así poderle introducir una de las hojas de rasurar desechables que compraba mi padre. En este caso, sí que estaba prohibidísimo que agarráramos el rastrillo de mi padre, claro, por obvias razones… ¡auch!

Por otro lado mi padre nunca fue partidario de usar colonia o loción, eso era una “joteria” según él. Además, por aquellos años, no existía la gran variedad de fragancias que se pueden encontrar actualmente en el mercado, no había mucho de donde escoger. Sin embargo, ahí, arrumbada, en un rinconcito del botiquín, siempre estuvo una loción que seguramente alguien le regaló y que él jamás se atrevió a usar. Era un frasco verde el cual tenía una pequeña plaquita sostenida por una cadena; esto era quizás lo que a mí más me llamaba la atención (recuerden que tenía 5 años y a esa edad estas cosas son las que curiosamente nos resultan interesantes y fantásticas). Esta loción clásica de nombre “Brut”, estuvo durante muchos años ahí arrumbada. A mí me encantaba olerla todo el tiempo, más no usarla.

Mi madre tenía destinado solo un pequeñísimo espacio de ese botiquín para su uso personal, sin embargo, ella nunca quiso hacer uso de ese legítimo derecho. Cuando mucho, recuerdo, en alguna ocasión apareció en el botiquín un pequeño jabón redondo de muy agradable olor, era un jabón “Maja” que, al igual que la loción de mi padre, seguramente alguien le regalo a mamá. Ese dichoso jabón tampoco fue usado, ahí estuvo durante mucho tiempo hasta que un día misteriosamente desapareció (“uñas” amigas, seguramente).


Este es el elixir mágico que usaba mi padre para que no perder el
pelo, con el tiempo tristemente se dio cuenta que no sirvió para nada. 


Exactamente así recuerdo la loción Pantene que tenía mi padre en el botiquín
del baño de la casa, solo que la que yo recuerdo era color azul y no verde.



¿Alguien se acuerda si había un comercial que hablaba del "rebote de
Brylcreem?... yo creo acordarme de algo así.

Todavía encontré Brylcreem en una tienda de autoservicio, yo pense que
ya ni exisita.

Un peine Piramide nunca podía faltar en la bolsa del pantalón de mi papá.




La colonia Brut con su tradicional plaquita sostenida por una cadena.

Los jabones de Maja de mi madre, hasta la fecha los sigue usando. 


Con los años, como frecuentemente ocurre en las bonitas familias mexicanas, mi sacrosanto padre decidió cambiar de familia, seguramente buscando un mejor botiquín, y nos abandonó a mi madre, a mi hermano y a mí. Esto no solo dejó un gran hueco en nuestros corazones, no, también en nuestro botiquín, porque junto con él se fueron todos sus mugrosos tiliches, incluyendo los que tenía en el botiquín del baño de la casa. Ese hueco, el del botiquín no el del corazón, rápido fue llenado, ya en mi adolescencia, con mis propios productos de higiene personal, a saber: un tubito de “Clearacil” color carne para mi puberto acne, una loción “Paco Rabanne” que me compré en Tepito con mis domingos, un rastrillo desechable que usaba una vez allá cada 15 días para un incipiente bigote que más parecía una peregrinación de hormigas, un bote de “mousse” que me regaló una amiga de la escuela para mantener intacto mi peinado estilo Emmanuel en el OTI, y por su puesto, mi botesote de gel Aberto VO5 para mi “wet look” estilo Emmanuel en el Premier.

Es curioso, pero en esos botiquines que originalmente fueron creados para guardar medicinas, normalmente había todo, menos eso, medicinas. Yo por más que hago un esfuerzo mental para ver si recuerdo algún medicamento olvidado por ahí, pues no, nada, ni siquiera un trinche “Desenfriolito” o un frasco de la horrible “Emulsión de Scott”. Lo que si había en el viejo botiquín de mi casa, era mucho oxido producto de la humedad y de los años, años como los que han pasado desde que dejé de hurgar en los botiquines ajenos... ¡mentira!, aun puedo decirles lo que tiene cada una de mis amistades y familiares en los botiquines de los baños de sus casas, así que ya ustedes sabrán si algún día deciden invitarme a la suya. Y es que, “baños vemos… botiquines no sabemos”.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero si más chidos!

10 comentarios:

yukio te saluda dijo...

mis recuerdos son: pomito de vaselina jockey club verde, pomito de iodex negro olor peculiar, shampoo vanart en bolsitas de 20 o 35 gramos verde azul y rojo , locion old spice sin atomizador , mas bien una boquilla de tiempos modernos y varoniles que se aventaba como cubetada al pecho la recuerdas? , un cepillo de dientes que nadie usaba porque nadie sabia de quien era, el caso es que no era de nadie porque nadie lo usaba y ahi seguia , hilo dental sabor menta , mertiholate rojo y blanco , pero tu sabes usabamos el rojo , para que aquel raspon derivado de la avalancha pareciera aun mas aparatoso.

yukio de nuevo dijo...

se me olvidaba una bolsa de peines adquiridos en Mc allen , de todos tamaños y colores la bolsa costaba 1.25 dlls y 15 pzas. duraban casi todo un año o mas.

jaime said dijo...

Excelente comentario Yukio, y excelente memoria jaja. Oye, esas bolsitas de shampoo Vanart eran clásicas en los Baños públicos y en las farmacias, siempre las tenían a la vista en unos frascos enormes. Por cierto, siempre se me antojaba comerme una de esas bolsas de shampoo, se parecían a unas gelatinas que vendían en Aurrera. También me acordé que en el mío siempre hubo una cajita con bicarbonato, ¿para qué?, no sé.
Saludos Yukio.

Anónimo dijo...

Muy buen post, conseguiste que me pusiera a recordar toda la mugre que guardaban mis padres en el botiquin de la casa jajaja. Saludos

Aseret dijo...

En mi casa no teníamos botiquín, pero en casa de mis abuelos recuerdo haber visto su frasco de Old Spice, violeta de Genciana, un montón de cepillos de dientes, navajas para afeitar, y obvio, mucho óxido.

Muy buen post...

Anónimo dijo...

El oxido y el cepillo de dientes huerfano era lo que nunca podia faltar en un botiquin. Creo q hasta la fecha ahi sigue un cepillo de dientes esperando que alguien lo reclame jajaja. Saludos

Matt dijo...

A esos botiquines incrustados en la pared no les cabia nada, ahora hay unos de muy buen tamaño. Tambien estan los cajones que tienen algunos lavabos. Bueno recuerdos, el mio era muy parecido al tuyo.

Arturo Gomez dijo...

Que recuerdos caray, como de algo tan simple como el botiquin del baño, podemos hacer todo un bonche de recuerdos de nuestra niñez. Que bien.

yukio dijo...

Said me acorde de los jabones MAJA redondos y HENO DE PRAVIA pero tamaño botiquin , y que me dices del jabon de tocador con unos letreros que iban desde : HOTEL LAS BRISAS Y HILTON hasta el que decia HOTEL ROSA VENUS , oye tengo la imagen del shampo vanart te la envio por FB ,para tu post , por cierto yo tambien las mordia , pues solo asi se abrian saludos Said.

Anónimo dijo...

Estaba surfiando por las redes y redepente me cruce con este blog,
En ese caso, yo recuerdo al igual que muchos de ustedes mucho oxido en primer lugar, y varios prodcutos de belleza como las pequenas bolsas individuales de shampoo Vanart, Vacelina marca Farmacia El Santo Nino,Wildroot el de la botella de plastico blanca, Pasta de dientes Colgate, y no se si algunos de ustedes se recuereden den un elixir para pelo llamado Vitalis, que le mandaron a mi familiar de California, tenia como una aparencia color amarillo oro, y tambien porsupuesto un rastrillo Gillete de doble filo el de la puertita que se abre en el medio, para depositar una hoja Gillete Super Delgada Mejorada. Y nada menos que por alguna razon que aun no entiendo un frasco viejo de vidrio para comida de bebe Gerber que contiene abujas para cocer. WOOOF! Vaya que recuredos muy vividos tengo del botekin.
Muchas Gracias, y Saludos.