26 abril 2012

La Feria del Hogar en el Palacio de los Deportes



A la hora de pasear, en mis tiempos, las mamases no le pedían opinión a los escuincles nalgas miadas tal y como pasa ahora, simplemente se nos ordenaba: “trépense al coche y se callan”. Uno sumiso y obediente obedecía o de lo contrario se hacía merecedor a un correctivo, entendiéndose por correctivo un certero soplamocos o bien un inolvidable jalón de oreja-patilla. Ya en el coche y a mitad del camino, si a la susodicha madre se le daba la gana, compartía con los críos su diabólico plan para pasar un domingo, según ella, ameno.

Para mí y mis primos, más o menos de la misma edad, no había peor paseo en la vida que ir la aburridísima Feria del Hogar. Nunca de los nuncas entendimos qué carazos le veían nuestras respectivas mamases a ese evento anual.




La Feria del Hogar se ponía, como creo que aun ocurre en la actualidad, en los alrededores del Palacio de los Deportes. Ahí se instalaban diferentes “stands” con productos que definitivamente a los inocentes niños nos valían cacahuate. Mientras caminaba uno entre una horda de frenéticas ñoras buscando ofertas, la desesperación, el aburrimiento y el cansancio de los niños crecía y crecía, cosa que a las mamases les valía un reverendo sorbete.


La Feria del Hogar desde que tengo memoria se instalaba en los alrededores
del Palacio de los Deportes.

Así se veía el Palacio de los Deportes desde el aire por aquellos años. En las
explanadas que lo rodean se ponían las estructuras de la Feria del Hogar así
como los juegos mecánicos. 


Recuerdo que había venta de salas, de aspiradoras, de filtros de agua, de tapetes y alfombras, de electrodomésticos, y de quién sabe cuanta mugre más. Lo más emocionante durante ese eterno recorrido, recuerdo, era cuando llegábamos a un stand en donde tenían varios huevo de gallina bajo un foco, quizque incubadora, esperando a que eclosionaran para ver salir de alguno de esos huevos a un trinche pollito neonato. Podía uno pasar horas y horas viendo esa incubadora y ni las luces de que algún pollito diera señales de vida, era una verdadera monserga.

En una zona de la Feria del Hogar se ponían juegos mecánicos para el deleite de chiquitines y grandes, por lo general mis primos y yo nunca formábamos parte de esos chiquitines y grandes. Nuestras sobreprotectoras madres siempre salían con el viejo truco de que eran muy peligrosos, ¡mangos que! Lo que pasa es que las señoras, en complicidad con su madre (mi Inmortal abuela), se gastaban todo el varo en palanganas, escobas y “topers”, y ya no dejaban un quinto para la chacota de los niños, o sea, nosotros.

De entre los juegos mecánicos que se ponían en la Feria del Hogar, recuerdo muy bien uno en especial. Era un gran cohete espacial, tipo el Apolo 11 que llegó a la Luna, claro, en su versión tlachichilca, el cual proyectaba dentro de el una película toda bizca y chafa de un despegue al tiempo que se movía cual simulador de la NASA. Todavía en alguna que otra feria he llegado a ver uno de estos cohetes y no me he resistido a entrar.

Pero sin duda alguna la atracción más importante de la Feria del Hogar era el espectáculo de Antonio Aguilar con toda su familia y hartos cuacos. Este espectáculo ecuestre me imagino que se vendía aparte, porque creo que solamente en una ocasión entramos a verlo (ni modo, jodido que era uno). Este show sí se presentaba adentro del Palacio de los Deportes, y déjenme decirles que, para un niño de ocho años, también resultaba harto aburridote. Seguramente ahora lo hubiera disfrutado mucho más, sobre todo ahora que sé muy bien quien era Antonio Aguilar y su esposa Florinda Mesa, que diga, Flor Silvestre. Durante el show también salían los hijos de Antonio Aguilar, entre ellos, el todavía no gigantón Pepito, hoy Pepe Aguilar. Todavía por aquellos años Pepe Aguilar se podía subir a los caballos de su apá sin que le arrastraran los pies, estaba rechiquito el morrito.


Espactáculo ecuestre de Antonio Aguilar.

Los "llenos" eran increibles, Antonio Aguilar tenía sus fans.

Antonio Aguilar y su familia, Flor, Antonio y Pepito (Pepe Aguilar). 


En aquella ocasión en que entramos a ver el show ecuestre de Antonio Aguilar y prole, hubo una grata sorpresa que hizo que valiera la pena el habernos chutado las chingomil canciones que se reventó toda la familia Aguilar montados a caballo, y esa sorpresa fue, ¡el Batimovil en persona! Así es, en el espectáculo de Antonio Aguilar salía el Batimovil, el mismo de la serie sementera de televisión. Recuerdo que mientras se escuchaba el tema musical del programa de Batman, el Batimovil daba unas cuantas vueltas al improvisado ruedo esquivando una que otra caca de caballo. He de decirles que para mí, un trinche escuincle nalgas miadas de apenas ocho años, fue maravilloso haber conocido en persona el cochesote de mi super héroe, Batman.

Al final, ya muy tarde, lográbamos salir de ahí sumamente cansados y hastiados, o sea, hasta la madre, rogando por nunca más regresar a ese horrible divertimento. Desafortunadamente eso se repitió año con año hasta que finalmente tuve la suficiente edad para revelarme ante mi madre y negarme a volver ahí, o sea, como hasta los 35 años. A los 35 años comencé a llevar a mi hija para desquitarme de todo lo que yo había sufrido siendo un niño en la odiosa Feria del Hogar (naaa, no se crean, es mentira, yo sería incapaz).


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

17 abril 2012

"Dallas" y la familia Ewing



Los ya mayorcitos, como su servidor, seguramente que recordaran muy bien esta serie de televisión de finales de los setentas. "Dallas" fue una serie gabacha, tipo telenovela, que duró un buen de años (14 temporadas). Aquí en México no creo que se hayan transmitido todas, pero si recuerdo muy bien las primeras temporadas que pasaron por el Canal 5 de Televisa y que comenzaron a transmitirse por ahí de 1979.

En la serie podíamos ver las truculentas, retorcidas y manchaditas relaciones que existían dentro de una familia texana de mucho varo, la familia Ewing. Los Ewing eran millonarios gracias al petróleo, algo así como el insigne y nunca bien ponderado Joaquín Hernández Galicia alias “La Quiena”, solo que estos si habían amasado su fortuna de un modo un poco más “legal” (bueno, ni tanto).

Los cabezas de la familia Swing eran “el apá” Jock Ewing y “la amá” miss Ellie. Jock (Jim Davis), era un pelado muy alto, tenía todo el tipo de vaquero y era quien había amasado el varo y dirigía en un principio la Ewing Oil. Por otro lado, la señorita Ellie (Barbara Bel Geddes) era la esposa de Jock, que aunque se veía muy chiquita y frágil, era quien le ponía sus cates a quien se portaba mal dentro de la familia. Barbara Bel Geddes se hizo muy famosa en "Dallas" aunque ella ya había trabajado en otras serie bastante antiguas como: “Daniel Boone” y “Dr. Killdare”, además de ser una de las actrices preferidas de Alfred Hitchcock.


La familia Ewing. Al centro  Jock y Miss Ellie.

Miss Ellie (Barbara Bel Geddes).


Sin lugar a dudas el éxito de esta serie se debe a uno de los hijos de Jock, el muy ojidesuretamapudredrema John Ross II, mejor conocido como J.R. Ewing. Él era prácticamente quien manejaba los negocios de la familia Ewing y quien se los llevaba al baile a cada momento. El personaje de J.R. era interpretado por Larry Hackman al que ya todos conocíamos muy bien por ser el “amo” de Jeannie en “Mi Bella Genio”, el Mayor Anthony Nelson. A diferencia de su personaje buena onda de “Mi Bella Genio”, en "Dallas" se la pasaba jodiendo a medio mundo y queriendo dirigir la vida de todos. J.R. estaba casado con una ñora bastante simpática, la inolvidable Sue Ellen (Linda Gray) quien le pegaba con singular alegría al frasco, o sea, era dixómana (pedota pues).


La estrella de la serie "Dallas", el gran J.R. Ewing.

J.R. y su esposa Sue Ellen.

Sue Ellen y J.R. (Linda Gray y Larry Hackman).


Otro de los hijos de Jock y hermano de J.R. era Bobby James Ewing. El personaje de Bobby era interpretado por Patrick Duffy, al que también ya conocíamos por haber interpretado anteriormente a “El Hombre de la Atlantida” (The Man From Atlantis) y que posteriormente a “Dallas” seguimos viendo en “Paso a Paso” (Step by Step). Bobby al principio estaba desentendido de los negocios de petróleo de la familia, él se enfocaba más al rancho ganadero  South Fork donde vivían todos. Con el tiempo y a la muerte de Jock, poco a poco intentó dirigir Ewing Oil junto con J.R., aunque este siempre se la hizo cansada. Bobby estaba casado con una mujer bastante mandoncita y nada dejada, Pamela Barnes (Victoria Principal), quien por cierto se me imagina mucho a nuestra chocantita Miss Universo Lupita Jones. Pamela a su vez tenía un hermano, Cliff Barnes, el mismo que siempre se estaba agarrando de la trenza con J.R. a quien acusaba de haberle robado el varo a su familia.


Bobby Ewing (Patrick Duffy).

Bobby y su esposa Pamela (Patrick Duffy y Victoria Principal).

El hermano de Pamela, Cliff Barnes (antes y después).


En el South Fork vivía una chaparrita muy consentida y ligerita de cascos, era la nieta favorita de la señorita Ellie, me refiero a Lucy Ewing Cooper. Lucy (Charlene Tilton) era hija de Garrison Arthur “Gary” Ewing, otro de los hijos de Jock y Ellie el cual por cierto pocas veces aparecía en la serie, se suponía que él era algo así como “la oveja negra” de la familia, el hijo fracasado. Lucy que padecía de “furor uterino” le tiraba la onda a todo mundo y también era amante de ponerse unas buenas guarapetas como su tía Sue Ellen. En alguna ocasión llegó a tirarle la onda al capataz de rancho, Ray Krebbs (Steve Kanaly), mismo que más adelante resulto ser hijo de Jock  y por lo tanto, medio hermano de J.R., Bobby y Gary.


Lucy Ewing (antes y después).

Lucy (Charlene Tilton) posó para la revista Playboy.

La casa de los Ewing en el rancho Southfork.

El actor Steve Kanaly interpretaba al capataz del rancho, Ray Krebbs (aquí en
un antes y después).


En 1981 muere el actor Jim Davis quien hacía el papel de John Ross “Jock” Ewing, el patriarca de la familia, así que los escritores tuvieron que matarlo en la serie en un accidente de helicóptero (igualito que en las “telesnovelas” mexicanas). Más adelante le consiguieron una pareja sentimental a la señorita Ellie, Clayton Farlow interpretado por el actor Howard Keel. La actriz que hacía a la señorita Ellie en alguna ocasión también tuvo que abandonar la serie por problemas de salud y fue sustituida, pero a petición popular, regresó y volvió a ocupar su puesto (nada de que el que se fue a la Villa perdió su silla).


La familia Ewing completa, todavía con Jock (Jim Davis).

La familia Ewing después de la muerte del actor Jim Davis en 1981. 


Recuerdo muy bien que en el capítulo final de la tercera temporada alguien le dispara o J.R. pero nunca se ve quien fue, esto causó una gran expectativa en Estados Unidos. Yo  por aquellos años visitaba en las vacaciones a mi padre en Monterrey y con frecuencia viajábamos a McAllen o a Laredo a pasar los fines de semana. No se me olvida que en el Mall del Norte en Laredo me compré una camiseta que decía: “I know who shot J.R.” (Yo sé quien le disparó a J.R.), y mientras caminaba por ahí, todos los gringos se acercaba a mí para que les dijera quien había sido (en ese tiempo no figuraba todavía Carlos Salinas de Gortari, sino hubiera dicho que el había sido, nomás por joder). Fue hasta el comienzo de la cuarta temporada cuando se reveló que la persona que había tenido los suficientes tompiates para dispararle a J.R. en su oficina, había sido Kristin Shepard (Mary Crosby), un biscochito que se estaba “comiendo” el inquieto de J. R..

Para finales de la octava temporada muere en un accidente automovilístico Bobby Ewing. La verdad es que Patrick Duffy ya le quería llegar dizque para emprender nuevos proyectos en su carrera. De nuevo y a petición popular, lo convencieron de que regresara (previo acuerdo $$$) y, una vez más, tuvieron que poner a trabajar a los escritores para hacer que volviera a aparecer Bobby en la nueva temporada (ya saben, el viejo truco de que todo había sido un sueño).

La serie termina en un capítulo conocido como “Conundrum”. En este capitulo se le ve a J.R. borracho en South Fork y con tremenda pistolota en la mano. En un momento dado, se le aparece el “misterioso” Adam quien le muestra que habría sido de la vida de todos si él nunca hubiera existido. Luego de que este misterioso Adam le pinta un mundo alternativo bastante pacheco a J.R., este se despierta repentinamente, observa el espejo y de nuevo se topa con Adam. Mientras esto esta ocurriendo en la habitación de J.R., se ve que llega Bobby al rancho y se escucha un disparo. Cuando Bobby entra a la habitación, la cara de Bobby se congela y ahí termina la serie, sin saberse a ciencia cierta, qué le había ocurrido a J.R. Más adelante, en 1996, se hizo una película para televisión en donde se muestra que J.R. jamás se suicido, solo le disparó al trinche espejito mágico y ya.


A lo lejos el rancho de los Ewing, South Fork.

La historia de la familia Ewing no ha terminado, pronto continuará. 


“Dallas” fue y será una de mis series preferidas, sobre todo las primeras temporadas. De chavo yo siempre soñé que de grande iba a ser como J.R., un reverendo cabrón, millonario, amante del wiskol y las mujeres; creo que me quedé un poquito corto en la vida, pero por lo menos, hasta ahora, nadie me ha intentado meter un plomazo entre ceja, oreja y sien. Hoy estoy muy emocionado porque he visto algunos promocionales en la televisión que anuncian el regreso de la serie. No sé si será con los mismos actores, claro, los que aun vivan y puedan aparecer en pantalla sin pañal Depend, pero como quiera, no pienso perderme el primer capítulo de esta nueva temporada para recordar esta maravillosa serie gabacha.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

10 abril 2012

La Ola en Chapultepec


En los años ochentas cuando la calor subía y el varo bajaba, la solución para el popolo chilango no estaba en algún balneario de Morelos o del Mediterraneo, la solución estaba en la Tercera Sección de Chapultepec, justo ahí en un paradisíaco y emblemático lugar llamado “La Ola”.

Así es amigo lector, seguro que usted recuerda muy bien ese bonito balneario al cual acudía toda la crema y nata de la capirucha, el Jet set de los tenochcas. La Ola fue durante los años ochentas y comienzos de los noventas, un popular balneario dentro de la Ciudad de México al cual asistían todos aquellos que buscaban remojar sus miserias y asolear sus rollizos cuerpecitos.


Aguas Salvajes en construcción. Foto: Proceso

Aguas Salvajes en construcción. Foto: Proceso

Aguas Salvajes en construcción. Foto: Proceso

Aguas Salvajes en construcción. Foto: Proceso

Aguas Salvajes en construcción. Foto: Proceso


El balneario La Ola fue inaugurado en 1979 e inmediatamente se convirtió en el lugar preferido de la raza para chacotear en sus acuáticas instalaciones. Por su puesto que ya existían algunos otros balnearios dentro de la Ciudad de México, como el famoso “Elba”, pero La Ola fue el primero en incluir una alberca de olas y toboganes dentro de sus instalaciones, lo que lo volvió sumamente atractivo para el intrépido nativo de esta ciudad. Este sitio llegó a tener hasta 3,000 visitantes al día.


La Ola en todo su esplendor en los 80's.


El precio era sumamente económico, algo así como 89 pesos para los labregones y la mitad para los enanos menores de 90 centímetros. Esto, si lo comparamos con el gasto que representaba trasladarse hasta alguno de los balnearios del estado de Morelos o Hidalgo, representaba un buen ahorro para el amante de hacer “busitos” en las “cristalinas” aguas de los chapoteaderos.

Las damitas que por algún motivo habían olvidado empacar su bonita tanga o los caballeros que no se acordaron de ponerse su calzón tarzanero antes de salir de casa no tenían ningún problema, ya que en un principio se podían rentar coquetones trajes de baño en La Ola, claro, siempre y cuando no le importara al feliz usuario contraer alguna enfermedad gonorrible sificilísima de curar. Así que no había pretexto para no asistir y pasar un gran día disfrutando de la alberca de olas y los toboganes del lugar. Por otro lado, la destreza y la creatividad de los visitantes del lugar, hacían posible el poder introducir de manera clandestina y subrepticia, bebidas espirituosas que incrementaban sustancialmente la chacota y el vacile dentro del balneario.


Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.

Restos de los que fuera La Ola.


No estoy seguro, pero creo que al final La Ola llegó a cambiar su nombre a “El Rollo” (homónimo del balneario de Morelos) y casi podría apostar, que en un inicio, se llamó “Aguas Salvajes” (si usted tiene más claro el dato por favor hágamelo saber). Desgraciadamente el lugar fue decayendo poco a poco y un buen día, en octubre de 2007, terminó cerrando definitivamente. Antes se intentó darle un nuevo impulso al instalar ahí una de las flamantes Playas Artificiales del “Carnal” Marcelo Ebrard, pero ni así volvió a resurgir y finalmente se convirtió en lo que es ahora, un lugar fantasma en donde las aguas estancadas y los hedores son el común denominador. La Ola nos dejó a algunos un bonito recuerdo y a otros una bonita conjuntivitis infecciosa y un apestoso pie de atleta, pero como quiera, a todos nos dejo algo para recordarlo.

Por cierto, a un lado de La Ola se encontraba otro parque de diversiones llamado “Atlantis”, famoso por su “chou” de delfines y sus fuentes danzantes, pero de ese sitio hablaré próximamente.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

05 abril 2012

FLASHBACK: La Devoradora de Koblenz


Hoy me acordé cuando tenía que acompañar a mi Sacrosanta madre a Sears a pagar su dichosa tarjeta de crédito. Lo único interesante en esa bonita encomienda, era justo cuando pasaba a un costado de donde estaban las aspiradoras. Y es que no había nada más mágico para un párvulito nalgas miadas de escasos ocho años, que ver flotar una pelota en medio del departamento de electrodomésticos.

Mientras mi madre caminaba hasta el Departamento de Crédito y Cobranza, yo me quedaba ahí, paciente, admirando a esa pelotita girando y danzando en el aire mientras la manguera de la aspiradora le apuntaba desde abajo. Cuando mi corteza cerebral maduró lo suficiente y mi inocencia desapareció, finalmente entendí que la pelota se suspendía en el espacio gracias al chorro de aire que arrojaba desde abajo “la devoradora”. Afortunadamente esta revelación no diezmó en ninguna medida mi capacidad de asombro, durante años yo seguí disfrutando de ese maravillosa acto de malabarismo y levitación como si no supiera nada de aerodinámica y física. Todavía hasta hace poco, cuando en alguna tienda rascuache me encontraba con esta bonita manera de promocionar las aspiradoras, mi capacidad de asombro me hacía maravillarme de nuevo, con el plus, de que ahora mi edad de adulto me permitía interactuar con ese bonito espectáculo interrumpiendo el chorro de aire para luego ver caer la pelotita. Por su puesto que inmediatamente después volvía a colocar la pelotita en el chorro de aire y me retiraba del lugar con la satisfacción de la travesura cumplida.






Ahí le encargo amable y nostálgico lector, que si un día llega a encontrar una pelotita flotando sobre una “devoradora” de Koblenz, me haga el favor de tomarle una foto y mandármela para ilustrar este “flashback”. Gracias por su cooperación.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

03 abril 2012

FLASHBACK: El Concorde en México




Hoy me acordé del enorme escándalo que hacía el Concorde cuando surcaba los cielos de nuestra chilanga ciudad. Yo en ese entonces estudiaba en el turno vespertino y recuerdo muy bien que, en cuanto lo escuchábamos, todos los escuincles corríamos en friega a los pasillos que estaban afuera de los salones de clase para verlo surcar los cielos. Creo que era por ahí de las cuatro de la tarde cuando llegaba al aeropuerto Benito Juárez. El Concorde no llegaba todos los días a la Ciudad de México, únicamente hacía dos vuelos a la semana.

En alguna ocasión me tocó verlo estacionado en uno de los hangares del aeropuerto de la Ciudad de México mientras el avión en donde yo iba tomaba pista para despegar. Me llamó mucho la atención que en realidad no era tan grande, eso sí, era muy delgado y con un tren de aterrizaje muy alto, ¡parecía un zancudo!

Ceremonia de Bienvenida del Concorde en la Ciudad de México.

El Concorde despegando de la Ciudad de México con unos aviones
de Mexicana en el fondo. 
 

Por aquellos años existían dos compañías que tenían aviones Concorde dentro de su flota, una era British Airways y la otra Air France. La que volaba a México era Air France. El vuelo era de Paris a México con escala en Washington, aunque luego de un tiempo la escala cambió a la ciudad de New York. El Concorde voló a México del 20 de septiembre de 1978 al lunes 2 de noviembre de 1982 en que hizo su último vuelo. Recuerdo que el Concorde a modo de despedida, luego de despegar, hizo un arco por los cielos tenochcas para que todos sus fans le pudiéramos decir adiós por última vez.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!