29 marzo 2012

La revista MAD en México



Según una exhaustiva y profunda investigación (en wikipedia), la revista MAD apareció por primera vez en las calles de New York en octubre de 1952. Esta piochísima revista fue fundada por William M. Gaines al cual yo debería de besarle los empeines tan solo por todos esos maravillosos momentos en los que disfruté leyendo esta “incunable” obra de la literatura contemporánea.

Por su puesto que yo ni había nacido por aquellos lejanos años 50’s en que fue lanzada la revista en Estados Unidos, pero por ahí de finales de los 70’s, para ser exactos en abril o mayo de 1978, fue cuando apareció por primera vez el número 1 de la revista MAD en tierras aztecas. Litográfica Industrial S.A. fue la encargada de publicar la revista MAD México bajo la dirección de Hernando Cortés y la producción y traducción del Ing. F. Lankenau.

El primer número de MAD llegó a mis manos gracias a los labregones de mis primos que ya había oído hablar de la versión gabacha de esta revista. En cuanto la leí me encantó, así que inmediatamente corrí con mi Sacrosanta madre y le hice sendo berrinche con todo y moco de burbuja para que me comprara una. A partir de ese momento, puntualmente estaba cada mes comprando mi revista, misma que leía de una sola sentada.  

Definitivamente lo que más disfrutaba de la revista eran las parodias que hacían de los programas de televisión y de las películas. Fueron los precursores, me imagino, de todas esas películas que hasta la fecha son populares por hacer parodias de otras películas (como las que hace el genial Mel Brooks, por decir un ejemplo). Recuerdo en especial los números en los que se parodió a: “La Guerra de las Galaxias”, “Aeropuerto 77”, “El Exorcista”, El Planeta de los Simios”, “Infierno en la Torre”, “El Padrino”, “Apocalipsis”, por nombrar solo algunas.


Este es un ejemplo de las parodias que hacían a las películas
de moda. Aquí está "El Imperio Contraataca".


Recuerdo que en abril de 1979 publicaron en México un número especial con lo mejor de Sergio Aragonés. Este dibujante de origen español, cuentan que llegó a las oficinas de la revista MAD en New York con la esperanza de venderles algo de su obra. Como Sergio no hablaba bien el inglés, preguntó por el único caricaturista de MAD que hablaba español para que no le fueran a ver la cara de what. Ese caricaturista por el cual preguntó Sergio, era nada más y nada menos que el cubano Antonio Prohias, el creador de la famosa tira cómica “Spy vs. Spy” (una de mis preferidas en la revista y que por cierto se han de haber fucilado los creadores de los Simpsons para los personajes de “Tomy y Daly”). Pues bien, resulta que el buen Antonio Prohias se portó buena onda con Sergio y lo presentó como si fuera su hermano con los editores y con el mero mero de la revista MAD, Bill Gaines. Aunque a todos les encantó su trabajo, no pudieron darle chamba a Aragonés porque ya tenían llena la revista, ya no había espacio para que él publicara algo de su obra. Sergio se retiro de ahí y luego de dos horas regresó y les mostró lo que había hecho con una de sus revistas. Sergio había usado los espacios en blanco de los márgenes para dibujar ahí sus “monos”, esto le encantó a Gaines y así fue como lo contrataron. Así, desde 1963, Sergio Aragonés se convirtió en uno de los dibujantes más importantes de la revista MAD. Por eso fue que 1979 MAD México decidió publicar todo un número especial con el trabajo de Aragonés. Fue tanto el éxito que posteriormente se publicaron más número como este.


Primer especial de Sergio Aragonés publicado en 1979.



Aquí se ve en uno de los margenes de la revista el trabajo de
Sergio Aragonés.

Esta era la famosa tira cómica de Antonio Prohias
llamada "Spy vs. Spy".

Los típicos monos de Don Martin característicos de
la revista MAD.



No recuerdo cuando fue que dejó de salir la revista MAD en México, pero tuvieron que pasar varios años para que volviera a aparecer de nuevo en tierras huehuenches. En Julio de 2004, Mina Editores, ya no Litográfica Industrial S.A., comenzó a publicar de nuevo la revista en México. Luego de 111 números, la revista MAD finalmente dejó de publicarse en nuestro país en el año 2010. Actualmente la he vuelto a ver en algunos puestos de periódicos, pero no sé si sea la versión gabacha o una latinoamericana, o bien una nueva versión mexicana.

Yo, para envidia (de la mala y de la buena) de algunos amigos, todavía conservo mi colección de las primeras revistas de MAD que compré en mis años mozos. Me imagino que para algunos coleccionistas podrán valer una lana, pero eso no me importa, para mí valen muchos buenos recuerdos, y, aunque las he leído ya miles de veces, cada vez que les vuelvo a dar una repasadita, me muero de la risa. No cabe duda que la revista MAD… era, es y será, ¡la neta de las revistas!

Estas son algunas de las revistas que aun conservo de MAD (1978-1981):
























Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

14 marzo 2012

Starsky and Hutch



De todas las series policíacas que vi durante mi infancia y adolescencia, no hay duda que mi preferida fue Starsky and Hutch. Y cómo no si este par de detectives eran la neta a la hora de apañar a los malandrines. Ver una persecución a pincel de Starsky corriendo con sus tenis Adidas azules o bien en su súper coche deportivo, era simplemente súper emocionante.

Esta serie comenzó a transmitirse en 1975  y duró cuatro temporadas hasta 1979, sin embargo, Canal 5 de Televisa la retransmitió infinidad de veces dado el enorme éxito que tuvo. Los dos actores principales eran Paul Michael Glaser (Starsky) y David Soul (Hutch). Sin duda que el personaje preferido de la mayoría de los pubertos que éramos fans de esta serie era el detective Dave Starsky, por su modo de ser, por su modo de vestir, por su súper coche, por su modo de corretear a los pillos y por los certeros zapes que les aplicaba a los malandrines, ¡ah!, pero principalmente, por el bonito suéter 100% lana estilo Chiconcuac que solía usar en el programa. Increíble, pero después de ver el suéter de Starsky, la mayoría de mis amigos y yo corrimos a comprar uno igual al vecino pueblo de Chiconcuac; ya saben, de esos que no tenían botones y se ajustaban con un cinturón como si se tratara de una bata.







Un capitulo aparte merece el coche de Starsky. Se trataba de un flamante Torino rojo con una franca blanca que iba por los costados y que atravesaba la parte trasera del toldo. Por aquellos años muchos pelados comenzaron a pintar sus coches de rojo con esa franja blanca sin importar que se tratara de modelos que nada tenían que ver con un Ford Torino como el de la serie. Recuerdo haber visto Valiants, Mavericks, Mustangs, incluso Datsuns y Opels, todos pintados de colorado con la dichosa franja blanca. Claro que aquellos abortos de Torino nada tenían que ver con el coche de Starsky, mismo que al principio de cada capítulo, aparecía en una bonita persecución haciendo donas en el pavimento y quemando llanta a todo lo que daba. Durante cada capítulo, yo solo esperaba el momento en que Hutch, que normalmente era el copiloto de Starsky, colocaba la torreta encendida en el toldo del Torino para, entonces si, disponerme a disfrutar de una emocionante persecución por las calles de Los Angeles.






Por otro lado, el coche de Hutch era una carcacha, algo así como un Ford Galaxie 500 modelos 1973, color dorado, si no me equivoco. Como quiera, este vehículo también tenía su sex appeal y su charm personal. El coche de Hutch aparecía esporadicamente en la serie. 




Otro personaje súper importante en la serie era Huggy Bear (Antonio Fargas). Huggy Bear era el “snitch” (soplón) de Starsky y Hutch. Un negrito simpático y bonachón que vestía de forma estrafalaria y que se las sabía de todas, todas. No sé ustedes, pero mis lacras amigos y yo siempre encontramos un flaco de piel kalimbosa dentro de la banda al cual apodarle “El Huggy”.




Por último estaba el jefe de este par de tiras, el Capt. Harold Dobey (Bernie Hamilton), él era otro morenazo bastante gruñón que se la pasaba cajeteando a Starsky y Hutch todo el tiempo.




Las armas que usaban Starsky y Hutch eran diferentes, Starsky usaba una escuadra y Hutch un revolver. Además ellos pusieron de moda las “sobaqueras”, esas fundas que van a la altura de las costillas en donde se guardan las armas.






La serie en un principio era bastante violenta, sin embargo, luego de un par de temporadas decidieron hacerla más light y le dieron un enfoque más romántico. Y creo que hicieron bien, porque no están ustedes para saberlo… ¡ah!, pero yo sí para contárselos. Resulta que cuando yo iba en la secundaria, un buen día, me tocó presenciar en los pasillos de la escuela, un verdadero y cruel acto de agandalle en contra un escuálido y famélico compañero. Al yo ser testigo de ese “bullying” (como le llaman ahora), no me quedó de otra más que entrar en escena raudo y veloz. Luego de meterme en personaje (el de Starsky, obvio) me encaminé hasta donde estaba ese manchadito individuo, retire a la victima de “bullying” de la escena del crimen y le dije al agresor, textual: “estás arrestado”. Acto siguiente, lo tomé del brazo, le aplique la manita de puerco (igual que Starsky), y lo azoté fuertemente en contra de la pared del pasillo para proceder a “catearlo”. El problema fue que, o alguien me movió la pared o yo fallé a la hora de calcular el punto de impacto, porque, sin querer queriendo, atravesé al pobre niño gandalla por una ventana. Así es amigos, igualito que en las películas del viejo oeste, mandé a este presunto culpable desde el pasillo hasta el interior de uno de los salones, vía ventana de vidrio. El sonido de la ventana al romperse fue bastante cañón, mis compañeritos que presenciaron aquel acto de justicia no daban crédito de lo que habían visto. Yo, la verdad, lo reconozco, estaba más pálido y asustado que el  “stuntman” que había atravesado involuntariamente la ventana. Corrí inmediatamente al interior del salón, lo levante esperando encontrarlo aun con vida, cosa que afortunadamente pasó, y procedí a revisarlo para ver que le había pasado. Milagrosamente solo se había cortado una oreja y sangraba poco de un lado de la cabeza. Rápido le propuse que si no hacía panchos yo pagaría la ventana, sin embargo, antes de que me pudiera contestar, yo ya tenía atrás al perfecto de la escuela mismo que inmediatamente me condujo a la dirección. Desafortunadamente por aquellos años yo ya contaba con “ciertos” antecedentes de niño “hiperquinético” (o cabrón, como quieran llamarle). Total, que no me pude librar de pagar la ventana y de una buena “expulsación”, claro, con la respectiva sermoniza intimidatoria de mi sacrosanta y amada madre.

Pero bueno, retomando, ahora y después de tantos años, puedo afirmar sin temor a equivocarme que, desde “Starsky and Hutch” no he visto otro programa que haya marcado tanto a la bonita juventud huehuenche amante de las series policíacas. Seguro que ya habrá tiempo de recordar algunas otras series muy populares de aquellos años, pero esta en especial, creo que bien merecía un post dedicado completamente a ella.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

02 marzo 2012

Bailando "La Tacha" en Medusas



Yo jamás fui de discotecas y antros, sobre todo de las de moda, y es que francamente pasar por la humillación de hacer fila y estar fregando al cadenero hasta que te dejara pasar, neta, no iba conmigo. Todavía de que uno iba a gastarse una buena lana en el “cover” y las bebidas espirituosas de esos lugares, había que estar mendigando la entrada, ¡pues no!, por esa razón yo pocas veces llegué a ir a una disco. Sin embargo, por una u otra razón, creo que puedo decir que sí conocí algunas de las más famosas de aquellos tiempos.

Mi primo que conocía muy bien a uno de los dueños del Carlos´n Charlie’s, resulta que en alguna ocasión coincidió que departió en una tertulia (peda) con uno de los efectivos del Medusas, mismo que generosamente le obsequió una “tarjeta” la cual le daba acceso directo a su disco-antro. Así fue como mi primo me convenció de que fuera a conocer ere bonito “centro de salud” del cual él ya se había hecho aficionado.

El lugar estaba justo donde otrora había estado una de las más famosas discotecas de los ochentas, me refiero al “Jubilee”. Ahí, junto a Plaza Inn, en la calle de Río San Ángel casi esquina con Insurgentes, para ser preciso en el número 89, estaba esta maravilla de lugar llamado “Medusas”.

Yo escéptico me rehusaba a aceptar la cordial invitación del borrachote de mi primo para asistir a ese lugar, primero por lo que ya les expliqué, mi fobia a las colas (corrijo, a las colas no, a las filas, a las colas si soy aficionado), y después, porque el tipo de música que ahí se escuchaba (música electrónica tecno pop, o algo parecido) no era precisamente lo mío. De cualquier forma, la insistencia de mi primo y su novia para que los acompañara hicieron que finalmente les diera el “sí”.  

Cuando llegamos al Medusas ya había como chingomil pelados haciendo la inevitable antesala en la entrada principal del congal ese. El lugar lucía bastante bien, de primer nivel tal y como su antecesor el “Jubilee”. La fachada del lugar la verdad es que siempre me pareció bastante fregona, hacía honor al nombre del antro.

Tal y como prometió mi primo, basto con decir compermiso compermiso compermiso hasta llegar a la cadena, mostrar la dichosa tarjeta, saludar a los prepotentes cadeneros, para que inmediatamente nos dejaran pasar sin ningún problema al antro. De reojo alcancé a ver la frustración de varios “frecillas” que pacientes esperaban a que al güey de la entrada se le diera la gana dejarlos pasar. Yo por dentro pensé: “¡pero qué necesidad!”. Instantes después y luego de ver que francamente sus vidas me tenían sin cuidado, los deje atrás y junto con mi primo y su novia entramos al ruidoso lugar.

El lugar era como todos, oscuro, ruidoso, y lleno de borrachos… si, ya sé, ya estoy hablo como viejito, pero si supieran que siempre he opinado lo mismo de esos lugares, seguro que llegaría a la misma conclusión que yo, “siempre fui viejito, ¡nací viejito!”. En fin, luego de entrar nos ubicamos estratégicamente en la parte alta del lugar, junto a una barra, para inmediatamente después proceder a ingerir agüita loca para ir haciendo ambiente. El Medusas contaba con “barra libre”, así que solo bastaba con darle una buena propina al monito de la barra para que este se encargara de ponerte literalmente hasta el keke. Yo, que tampoco era muy borracho, no lo van a creer, me la llevé con pura agua mineral toda la noche. Lo mejor es que en aquel tiempo sí se valía fumar en los antros, cosa que hice toda la noche con singular alegría (creo que por aquellos años yo fumaba John Player Special).

Desde la parte alta donde nos encontrábamos se tenía una perspectiva muy buena del lugar; allá abajo, se encontraban algunos contertulios ligando, bailando y libando, cada uno en lo suyo, y yo, acá en lo alto, me divertía feliz observándolos mientras la música se encargaba de dejarme literalmente como una tapia, sordo. Había jaulas y algunos pequeños escenarios elevados en donde un grupo de oligofrénicos realizaban algunas evoluciones con “bolas de lumbre” y demás parafernalia. El espectáculo visual era muy bueno, surrealista, propio para el consumo a discreción de ciertas sustancias estimulantes, mismas a las que yo siempre les di la vuelta por joto… joto pero no pendejo. Entre el respetable identifiqué a Jorge “El Burro” Van Rankin, que para variar ya andaba hasta su madre tratando de ligarse a una féminas (que igual andaban hasta su madre). Más allá, en un lugar más discreto, vi al “Gallito Feliz” departiendo tranquilamente con un grupo de amigos… buena onda el niño Castro.   

La música, que como les digo, yo que no soy un experto podría decir que era: electrónica tecno pop, prendía al respetable y los hacía bailar eufóricos, eso sí, cada quien en su sitio y a brinco pelado. Los mejores DJ’s de los 90’s desfilaron por ese antro. Las personas que llegaron a ir, seguramente se acordaran del SUPER ÉXITO musical del lugar, me refiero a “La Tacha” del sensacional Factor X.





Dj Rick Silva, aka AKME. 


Uno de los DJ más famosos de aquellos años, Ricardo Silva, mejor conocido como Rick Silva o Dj AKME, fue el creador no solo de esta rola, sino de todo un concepto. Rick comenzó a tocar si no me equivoco en el “Dan Zoo” (aunque antes peregrinó por varias discotecas haciendo sus “pininos”). Por cierto, en el “Dan Zoo” fue donde Alejandra Guzmán encontró al padre de su hija, el joven Moctezuma, que era hijo de la dueña del lugar, la Sra. Estela Moctezuma. Bueno, luego de este breviario cultural cortesía de Said Origel, prosigo. Pues bien, Rick Silva comenzó ya oficialmente como DJ en el “Dan Zoo” para luego mudarse, en 1989, al famoso antecesor del “Medusas”, el “Jubilee”. Él, Rick Silva, junto con otros DJ’s, crean un concepto de fiestas electrónicas el cual llamaron “La Noche De La Medusa” mismo que fue todo un seceso. El dueño del “Jubilee”, el Sr. Rojo de la Vega, al ver el tal éxito, le ofreció a Rick transformar su “fiesta” en un “antro”, y así, Rick Silva con la venia y el apoyo ($) de Rojo de la Vega, creó todo el concepto de ese antro que durante los 90’s y hasta su clausura, fue uno de los más fregones de todo México, el “Medusas”. Rick Silva posteriormente incursionó en la radio, primero en su programa de 96.9 Beats FM y luego en Radioactivo con su programa “Alter Mix”, siempre promoviendo su música electrónica. A continuación les puse el súper éxito de Factor M a ver si lo recuerdan, señoras y señores... ¡La Tacha!






Pues bien, durante toda la noche me la pasé tratando de verme cool tomando mi agüita mineral mientras intentaba bailar al ritmo de ese “punchis punchis”. No les voy a mentir, la verdad es que si me divertí mucho haciendo mis observaciones, lidiando con dos que tres borrachas y escuchando la buena música del lugar, aunque claro, jamás tocaron ninguna de Timbiriche o Village People para que yo pudiera hacer alarde de mis mejores pasos discotequeros. Finalmente salimos de ahí, yo muy bien, mis contertulios hasta la madre, fuimos por unos ricos tacos de lamina a Tlalpan (suaderito, longaniza y tripa) y luego, en calidad de bultos, dejé a mi primo y su concubina en lugar a salvo para entonces si pasar a retirarme a mis habitaciones. He de decirles que el trinche zumbidito en el oído me duró todo un día, ni modo, eso de no estar acostumbrado a los decibeles como quiera a uno lo afecta fácilmente sus virginales oidos.  

Pero todo lo que empieza tiene que acabar y luego de la salida del Rick del “Medusas”, en 1996, el antro comenzó a decaer, esto aunado a las queja (que nunca faltan) de los vecinos inconformes, un buen día el “Medusas” chupo faros y finalmente fue clausurado por las autoridades competentes. Hoy en este lugar donde alguna vez estuvo el “Jubilee” y el “Medusas” se encuentra el nuevo centro de espectáculos “Babilonia”, y de aquel famoso lugar undergruond de música electrónica ahora solo queda, como diría mi abuela: “el pedo y el relinchido”.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!