30 enero 2012

El Requiem de Kodak


Para mí que soy un eterno aprendiz de fotógrafo, el haber escuchado la noticia de que Kodak pasó a pelar sus pollos, es decir, se declaró en banca rota, fue harto triste. Pero qué le vamos a hacer, la tecnología sigue su curso y los que no caminan a lado de ella, se quedan, como yo, en la obsolescencia total. Creo que esto fue lo que le paso a Kodak, pero eso es lo de menos, el hecho es que toda una época pasó a la historia.

Siendo ya todo un adulto contemporáneo de ¡ocho añotes!, fue cuando recibí mi primera cámara fotográfica. Recuerdo que fue la “cuelga” que me dio mi Sacrosanta madre en mi cumpleaños. Era una cámara Kodak de esas muy delgaditas que usaban rollos de 110mm. El flamante estuche rojo con la cubierta transparente incluía un rollo listo para usarse, una correa para colgarse y un “Magicube”.

Mi primera cámara fue como esta.



El “Magicube” o “Cubo Mágico” como se le llamaba en tierras huehuenches, no era más que un flash desechable en forma de cubo que giraba en cada disparo. Solo servía para cuatro fotos y luego había que tirarlo a la basura. Bueno, yo que era un poco más ocioso y “curiosito”, no los tiraba a la basura, yo les daba otro uso. Estos flash desechables tenían unos alambritos en la parte de abajo que servían para hacer contacto con la cámara, pues bien, yo los estiraba, y al hacerlo, el cubo adoptaba una apariencia de algo parecido a una nave extraterrestre o platillo volador (en este caso cubo volador) con los cuales yo jugaba a las naves espaciales.







Mi padre por aquellos tiempos tenía una cámara más “pro”, una Kodak por su puesto. Esa cámara usaba un flash que se conectaba en la parte superior de la cámara a una zapata y luego con un cable a otro orificio que tenía la cámara en la parte delantera. También era un flash “desechable”, solo que en este caso lo que se desechaba solo era el foco del flash, mismo que se tenía que estar sustituyendo por uno nuevo cada vez que se necesitaba usar el flash. Se vendían cajas con varios focos para este tipo de flash que, aunque era más moderno que el “Magicube”, también representaba una verdadera monserga el estarle cambiando los trinches foquitos en cada disparo.

La vieja cámara Kodak Retina II de mi papá.

El Flash desechable en la cámara Kodak Retina II de mi papá.


Regresando a mi primera cámara Kodak, recuerdo que era muy sencilla a la hora de ponerle la película. Era un cartucho que se introducía fácilmente, se cerraba la cámara, y luego se avanzaba la película hasta que dejaban de aparecer las flechitas y salía el número 1 en la ventanita de la cámara, mismo que representaba la primera foto. Listo, en ese momento ya se podía hacer oficial el anuncio de “digan chis” para inmediatamente proceder a apretar el disparador de la cámara y así inmortalizar el bonito momento.



Al llegar al final de la película, creo recordar que eran de 20 exposiciones, no había que rebobinarla, solo se abría la cámara, se sacaba el cartucho con la película y se mandaba a revelar. Este era quizás el momento más traumante y a la vez emocionante para los fotógrafos, la larga espera hasta recibir finalmente nuestras fotos reveladas e impresas.

Los sitios a donde por aquellos años se llevaban a revelar las fotos, iban desde una tradicional “Fotografía” (locales donde tomaban fotos de ovalito y toda la cosa), hasta en las farmacias. La espera variaba, yo las llevaba a una de esta “Fotografías” donde había que esperar toda una semana para recoger las fotos ya reveladas. En lugares como las tiendas de autoservicio tipo Gigante o Aurrera, la espera era menor, pero nunca menos de tres días.

Mi padre que, como les digo, tenía su súper cámara Kodak Retina II de 35mm., era big fan de las “transparencias” (diapositivas). La razón la verdad nunca la supe, pero él era feliz sacando miles y miles de fotos en diapositivas. Para ver todas esas trasparencias, el tenía un proyector y un visor. Al proyector le cabían dos diapositivas al mismo tiempo, por lo que había que estarle cambiando una mientras se proyectaba la otra. Nada que ver con los modernos y costosos “Carruseles” de Kodak que aparecieron en años ya más recientes. El visor era más practico, funcionaba con pilas y un foco, solo se metía la diapositiva y se miraba a trabes del visor que amplificaba la foto… ¡era padre!

Las transparencias (diapositivas) de mi papá.

Las transparencias Kodachrome de mi papá.

El viejo proyector de transparencias de mi papá.




El visor de transparencias de mi papá.



Cuando cumplí 13 añotes, mi padre me regaló una cámara de 35mm ya más moderna y decente, aunque todavía no era de las reflex. Esta cámara marca Fuji ya tenía flash integrado y al ser de 35mm. ya me permitía tomar fotos en blanco y negro o, al igual que mi padre, en diapositivas. Luego pasé por varias cámaras como estas, una Minolta, una Olympus y una Canon.

Por ahí de los 15 años, mi padre, luego de ver que yo era feliz retratando fuentes, árboles, animales, casas abandonadas, atardeceres, y demás “joterias”, un buen día consideró que después de todo, sí me latía la fotografía. Así que el viejo se discutió con mi primera cámara reflex de 35mm., una flamante Canon AE-1 con la cual hice maravillas en su momento. La cámara estaba casi nueva, mi padre la había comprado para él, pero al poco tiempo, descubrió una mejor, la Canon A1, por lo que dejó la otra a un lado. Mi padre que para esos años ya tenía buen billete, compro mucho equipo para estas cámaras. Al poco tiempo, enamorado de su maravillosa cámara Canon A1, tomó la “marihuana” decisión de comprarse otras tres cámaras iguales. Mis avances como fotógrafo lo abrumaron, esto aunado a que mi padre llegó con el tiempo a eso que llaman “la chochez”, fueron los factores principales para que él terminara regalándome todas sus cámaras y su equipo fotográfico, el cual hasta la fecha conservo con mucho cariño.

Con el tiempo llegué a tomar miles de fotos, incluso comencé a guardar todos los botecitos en donde venían los rollos de 35mm. ¿Para que?, no lo sé, pero tenía botecitos vacíos por todos lados. Hasta la fecha de pronto me encuentro rollos vírgenes o botecitos vacíos de película Kodak por todos lados, en maletas, en cajones, en bolsas, etc. Los últimos rollos que llegué a usar eran una maravilla, había unos de ASA 400 que sacaban unas fotos increíbles y con excelente definición. Llegué a usar película ASA 1,600, película que me fue muy útil para usar mi supertelefoto de 800 mm. en las carreras F1.

Mi sobrina jugando con mis botecitos de pelicula Kodak.


Un capítulo aparte fueron las cámaras Polaroid Instantáneas. Yo también llegué a tener dos cámaras de este tipo, solo que ambas marca Kodak. Recuerdo cuando vi por primera vez una cámara Polaroid, yo tenía apenas 8 años. El ver como iba apareciendo ante mis ojos la imagen fue casi un acto de magia copperfieldense. Si mal no recuerdo, las primeras cámaras Polaroid usaban un tipo de película a la cual había que despegarles un papelito una vez ya revelada la foto, luego salieron las otras que se revelaban ante los ojos incrédulos de todos los curiosos. Tuvieron que pasar 7 años desde que vi aquella cámara “mágica” en el Paso Texas para que yo tuviera la mía. Los rollos (cartuchos) para estas cámaras eran bastante costosos, así que el mejor uso que se les podían dar a estas cámaras, era el de poder tomar fotos “comprometedoras” sin tener que arriesgarse a que durante todo el proceso de revelado e impresión, estas llegaran a manos de otras personas. Gracias a estas cámaras (y a mi desinhibida novia), a los 15 años comencé a tomar mis primero desnudos “artísticos” con resultados bastante satisfactorios.

Las mágicas cámaras Polaroid ¡que se revelaban solas!



Este era el mejor uso para las cámaras tipo Polaroid (saludos a mi novia).


Hoy tengo que aceptar que las cámaras digitales son una maravilla, sé que hay muchos fotógrafos que siguen defendiendo las cámaras análogas a ultranza, es cierto que tienen su encanto, pero la tecnología a avanzado tanto que hoy permite, al más neófito, hacer excelentes fotografías de la manera más sencilla posible. Sin embargo, lo que nunca podrá sustituir la tecnología, es el ojo del fotógrafo, eso que logra ver el fotógrafo a trabes de su lente y que no puede ver el común de la gente. Y es que el fotógrafo no solo toma fotos bonitas, el buen fotógrafo es aquel que consigue apretar el disparador justo en el momento indicado, ni un segundo antes ni uno después, y siempre, desde el mejor ángulo. Eso es lo que diferencia a una “foto bonita” de una “buena foto”.


Cámara digital vs. análoga.


Ni hablar, la tarjeta de memoria vino a sustituir al entrañable rollo de 35mm. Las cámaras digitales pronto terminarán de desplazar definitivamente a las cámaras análogas. Pero siempre, el que sobrevivirá a la tecnología, será el buen fotógrafo, aquel que siempre conservara su “ojo” análogo, el mismo que ha usado desde que se inventó la fotografía. Kodak… ¡te voy a extrañar!


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

5 comentarios:

Isabel M. dijo...

Oye Ojitos, ¿te acuerdas de unas fotos que te sacaban en las fiestas o en los parques que te las entregaban en unos minivisores y que tenias que ver a contraluz? Yo todavía tengo de esas! Le voy a tomar una foto y te la mando! Te quedo muy padre este post. ;)

Anónimo dijo...

Y que fue de las camaras desechables ¿todavia existen? Excelentes fotos por cierto!!! Saludos

Gaby G. S. dijo...

Hola Said, este es mi blog preferido de los tuyos, pero tengo una queja, tardas mucho en volver a publicar algo! jajaja si me imagino que es mas dificil este blog porque hay que conseguir datos y fotos. Pero me encanta! Este como todos me trajo muy bonitos recuerdos. Besos

pd. se te extraña en fb. :(

Piero Herrera dijo...

Yo también usé el rollo 110 en mi primera cámara, una Kodak Pocket, excelente blog!

Anónimo dijo...

¿Alguien sabe si aun se pueden conseguir los cartuchos de pelicula para las camaras polaroid que se revelaban solitas? ¿Donde?