13 diciembre 2011

Radio City Christmas Spectacular, ¡una navidad gabacha!


Ahora que estamos en la bonita temporada navideña, mis neuronas y un servidor estábamos recordando que no hace mucho tiempo se presentó en esta nuestra bicicletera ciudad de vanguardia, uno de los show (espectáculos, para los que fueron en escuela de gobierno) más piochas que jamás haya visto. Me refiero por su puesto, al “Radio City Christmas Spectacular”.


Tuvieron que pasar 66 añotes (al tipo de cambio gabacho) para que este impresionante espectáculo llegara a tierra azteca, corrijo, a México (si, porque cada vez que digo “azteca” muchos piensan en la televisora del Ajusco y así francamente se apelada mi Blog). Bueno, pues fue en 1999, unos días antes del famoso “Milenio”, que se presentó el Radio City Christmas Spectacular en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.





Para los jodidos clasemedieros tipo “prole” (como yo) que no tenemos la oportunidad de viajar a la “ciudad de los rascacielos” (como dirían los clásicos), aquello fue una gran oportunidad de sentir el bonito espíritu navideño al estilo gabacho. Decía la publicidad que 35 millones de personas habían disfrutado ya de ese espectáculo neoyorkino, por su puesto que dentro de ese mundo de gente no me podía contar yo, así que no lo pensé más y en friega conseguí mis “tickets” para asistir puntual al evento.


Aquel espectáculo que se originó en 1933 cuando el Radio City Music Hall empezó a presentar pequeños shows navideños de apenas 20 minutos como apertura para la proyección de peliculas, al final terminó por convertirse en uno de los espectáculos más fregones que yo haya visto relacionados con la navidad.


Recuerdo un número titulado “La Navidad en Nueva York”, en donde aparecían en el escenario un grupo de patinando sobre hielo mientras de todo lo alto caía nieve sobre ellos. Aquello era similar a todas esas escenas que hemos visto en las películas en donde los gringos acuden a patinar al Rockefeller Center de New York.


Otro número que no podía faltar era “El sueño de una niña”, parte importante del famosísimo ballet El Cascanueces de Tchaikovsky. En esta escena, un impresionante y gigantesco árbol navideño aparecía en escena dejando a todos con la boca abierta; nada que ver con la porquería que yo acostumbro poner en la Domus Saidiana (mi casa) y que viene de las lejanas tierras de Amecameca. Alrededor de este impresionante árbol, un grupo de muy buenos bailarines hacía sus evoluciones junto con unos simpáticos osositos de peluche y demás juguetes. La verdad todo aquello era bastante fregón, y con la música de El Cascanueces, pues ya se podrán imaginar.


Uno de mis números favoritos fue, sin temor a equivocarme, el clasiquísimo “Desfile de los Soldados de Madera”. Aquí es donde se realiza el famoso baile de precisión de las Radio City Rockettes, ya saben, ese donde butimil güerotas levantan la patita al mismo tiempo, formaditas una a lado de la otra. No hay nada más clásico en el Radio City Music Hall que esto, hasta se antojaba colarse en la fila para jotear un ratito levantando la patita al mismo tiempo que las soldaditas esas.






Recuerdo que a los críos les encantaba otro número llamado “El Taller de Santa”, porque aparecía en escena el famoso barbas blancas, no, no me refiero al Jefe Diego, me refiero a Santa Claus. Yo, he de reconocer, que la verdad en este caso si soy medio malinchista, y es que siempre me ha gustado más Santa Caus que los Reyes Magos (y que conste que soy antiyankee). A mí, no sé ustedes que opinen, siempre me ha parecido más tierna la imagen del adiposo viejito de traje rojo que la del trío interracial.


Como verán, todo aquello era hermoso, alegre, mágico, en resumen ¡bien piocha! Pero lo mejor venía al final. Para un gran cierre de un gran espectáculo, no podía haber nada mejor que el número titulado “La Navidad Viviente”. Una voz en off comenzaba narrando la vida de Jesús, mientras en escena, se escenificaba el peregrinar de José y María tras de un enorme telón translucido. El texto, los efectos de luz y la música, eran perfectos y, junto con el espectáculo visual, hacían que a uno se le enchinara la piel. Al final del número, se escenificaba el nacimiento de cristo con todo y la llegada de los Reyes Magos. Aquello era impresionante, incluso aparecían en escena un elefanta, un camello y un caballo… ¡pero reales! Yo que soy más chillón que Doña Libertad Lamarque o Vicky Ruffo, la verdad se me salían las lágrimas de la emoción.






Así terminaba aquel impresionante y conmovedor espectáculo, con la lagrima y el moco de burbuja presente en más de uno de los presentes. Uno salía de ahí con el espíritu navideño a todo lo que daba; ni el más Grinch, ni el más Scrooge, podían abstraerse de ese bonito ambiente de paz y amor. El socorrido merchandising nos esperaba afuera del auditorio para poder adquirir el bonito souvenir. Además, afuera del Auditorio, se ponía una pista de hielo (mucho antes de las de Marcelo) para todos los que se habían quedado con las ganas de patinar en Rockefeller Center.


Lo triste, lo lamentable del asunto, fue que, por más inverosímil que esto parezca, la gente con el tiempo comenzó a perderle interés al show y este terminó por no regresar más, luego de presentarse por solo algunos años (tres, creo). Ahora, el guapo que quiera ver este bonito show, va a tener que agarrar sus nalguitas aztecas y llevarlas hasta New York, con todo y la monserga que esto implica. Ojalá nuestro gusto comenzara a ser un poquito mas “limadito” (como dice mi Sacrosanta madre) y apreciáramos mejor este tipo de espectáculos de primer mundo, que como muchos más, por el desinterés del respetable terminan por no regresar. En fin, aprovecho para desearles bonitas fiestas y un encarreradísimo maratón Lupe-Reyes. ¡Salud!



Los tiempos pasados no fueron mejores… pero sí más chidos.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo tuve la oportunidad de asistir y en verdad que era maravilloso el numero final, era como un gran nacimiento viviente. Gracias por recordar estas cosas.

Flor

Anónimo dijo...

Que bonito show, lastima que no regreso, me encantaria que lo vieran mis hijos, sobre todo el nacimiento del final. Saludos, excelente post.

Anónimo dijo...

Yo fui parte de ese maravilloso espectáculo. No me queda mas q agradecimiento por todo lo maravilloso que aprendi como actriz, cantante y bailarina de los gringos. Otra onda para trabajar. Presidion, respeto, honorabilidad, y sobre todo, perfeccionando el talento de todos. Que maravillosos recuerdos. Contestando a tu duda, solo fueron 2 años los que vino Radio City a México. La razón de mucha gente? Pensaban que era sobre hielo, y recuerdo que los inviernos de 1999 y el 2000 fueron de los mas crudos. Lastima, Mexico se privó de un show de primer mundo, donde ademas trabajamos muchos actores mexicanos, y os trataron como reyes. Saludos!