14 julio 2011

Las rejas de Chapultepec, las rejas de Chapultepec...





Casi podría apostar, que mi primer paseo en la vida, fue a Chapultepec. Desde que nací y hasta hace todavía poco tiempo, mi paseo preferido era ir a Chapultepac. Cualquier pretexto era bueno para ir, ya fuera al zoológico, al trencito, a alguno de los lagos, a los juegos mecánicos, a los museos, al Castillo o a algún restaurante. Últimamente no he tenido tiempo (o no me lo he dado) para regresar a ese nostálgico paseo, pero prometo “por los clavos de una puerta vieja” (parafraseando a la Doña), que lo haré.

Recuerdo… ¡mentira!, no lo recuerdo pero lo supongo, que todavía enfundado en mi pañal de manta de cielo de tres miadas, fue que visité por primera vez el maravilloso bosque de Chapultepec. Viniendo de una familia de escasos recursos tirando a jodida, no había mejor opción que este paseo casi gratuito para “salir a dar la vuelta”. Mis padres jodidos, ah pero eso sí muy exigentes, o como diría mi sabia e inmortal abuela: “los cortaron para ricos pero los cosieron para pobres”, jamás aceptaron comprar comida en Chapultepec, dizque por ser poco salubres y carentes de cuidados sanitarios, o dicho de otra manera, por pinches cochinos y mugrosos. Luego entonces, mi sacrosanta madre se “aprevenía” y se ponía a preparar las bonitas y socorridas tortas. Normalmente hacia unas de huevo y otras de frijoles con su rebanadota de queso fresco, aunque a veces de a tiro se apeladaba y las hacía de queso de puerco. Para acompañar estos deliciosos refrigerios, nada mejor que unas refrescantes y peladas Naranjadas Bonafina, misma que sí comprábamos en Chapul.

Uno de nuestros paseos preferidos era al Zoológico de Chapultepec. El zoológico de entonces era muy diferente al que todos conocemos ahora. Los animales no tenían esas bonitas y cómodas instalaciones de las disfrutan hoy en día. Sin embargo, uno iba en ese tiempo a ver a los animales y a disfrutar de ellos, en cambio ahora, serán muy bonitas las instalaciones pero es lo único que vemos, porque los trinches animales siempre están escondidos. Antes los animales estaban en inhumanas y apretadas jaulitas tipo circo, pero de que veíamos al trinche león… lo veíamos.




Trenecito del Zoológico de Chapultepec. Esta excelente foto es
cortesía de "La Ciudad de México en el tiempo".

Otra antigua foto de la vieja estación del tren del Zoológico
de Chapultepec. 


En el zoológico había un trenecito bastante piocha que daba la vuelta alrededor de el. Desde el tren no se podían ver los animales, solo veíamos el “backstage” de sus jaulas, pero era muy padre ese recorrido y había que hacer una fila bastante larga para subirse. Actualmente la estación de ese tren se conserva ahora convertida en una tiendita de recuerdos y souvenirs. Recuerdo que habían unos avioncitos de pedales (creo que de madera), lo cuales eran casi imposibles de hacer caminar por pesados. Los bebederos eran animales con la boca abierta por donde salía el chorrito de agua ¡potable!, o al menos eso decían, y es que en ese tiempo ni quien pensara en cargar o comprar una botella de agua. Había algunas aves exóticas “sueltas” por el zoológico con las cuales uno se podía retratar, eran guacamayas, cacatúas y demás pericotes. También había un chango que era muy famoso por sus modales estilo aficionado de fútbol. Cuando uno se acercaba a su jaula y el estaba fastidiado, tomaba un poco de agua de su deposito y a manera de fuete de ornato, arrojaba un buen chorro por la boca hacia el respetable, con el atento mensaje de ¡dejen de estarme chingando!

Bebederos en el Chapultepec antiguo, o por lo menos unos similares.

Un niño con uno de los "pericotes" del zoológico.

Otro de los "pericotes" del zoológico. Atras se alcanzan a ver
algunas de las jaulas de los animales.

Este era el aviario del Zoológico de Chapultepec.


En la parte de afuera del zoológico, por el andador que pasa entre los dos lagos, habían unos cochecitos jalados por chivitos (tipo carretas pequeñas), a los que era casi obligatorio subirse. Y es más, casi estoy seguro, que también habían carretas con caballos que paraban justo por donde está la subida al Castillo de Chapultepec, las cuales uno podía abordar para dar la vuelta por el bosque.

Carreta con chivito en los alrededores del zoológico.


Cuando crecí y me convertí en un mozuelo puberto, yo seguí yendo frecuentemente y con singular alegría al zoológico. La directora del Zoológico de Chapultepec en ese tiempo, era una mujer que a mí me chiflaba, se llamaba Maria Elena Hoyos (siempre me han atraído ese tipo de mujeres de aparente dudosa orientación sexual). Recuerdo que ella tenía un espectáculo con las focas que había en el zoológico, ella misma se encargaba del show haciendo las veces de entrenadora, yo no me lo perdía nomás por verla. A esta damita le encantaba aparecer en todos los programas de televisión acompañada de un simpatiquísimo bebe orangután, según ella, presumía de tener en estupendas condiciones el zoológico y siempre se negó a que se cobrara la entrada.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.


Por aquellos años fue cuando el panda de Chapultepec se volvió toda una celebridad, tanto que la entonces “señorita” Yuri le hizo su canción. Recuerdo haber ido a ver al GRAN Jesús Martines “Palillo” a su Carpa Palillo (por Reforma Norte), y él decía en su sketch, que el panda de Chapultepec era el único mexicano que comía tres veces al día.

Chequen a continuación el video original del "Osito Panda" con Yuri, ahí se aprecia muy bien como era el zoológico a principios de los 80's, incluso se ve el famoso trenecito del zoológico. Video del "Osito Panda" de Yuri

Otro de mis paseos preferidos era a la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, ahí donde están los juegos mecánicos con la famosa Montaña Rusa. Como éramos unos críos muy pequeñitos mi hermano y yo, mis padres nos llevaban a los juegos mecánicos infantiles que estaban allá por donde está el “Café del Lago”. Actualmente en ese lugar está un parque de diversiones que se llama “México Mágico”. Definitivamente este lugar era mi preferido.

En esta bonita feria habían muchos juegos bien piochas. Por ejemplo, unas Carcachitas que recorrían sobre un riel todo un circuito entre un jardincito muy padre. Las carcachitas tenían una campanita para irla sonando como si fueran coches de bomberos. Otro era el famosísimo “Gusano Feliz”, este solo daba vueltas y subía y bajaba sobre un riel. Lo padre era que enfrente de uno había una carita igual a la del gusanito, que si uno la apretaba, le prendía la nariz al Gusano y hacía un simpático ruidito. Había unas motos muy simples pero que también me encantaban, al igual que unas naves tipo platillos voladores con sus pistolotas al frente para dispararle al escuincle de adelante. Estos platillos voladores subían y bajaban individualmente y a capricho del mocoso que las piloteaba. Luego estaba una rueda de la fortuna en la que los escuincles íbamos prácticamente enjaulados para evitar accidentes. El mejor de todos, el que a mí más me gustaba, estaba al fondo y a la izquierda de la feria. Eran unos carritos sobre una vía o riel, que uno mismo los hacía caminar con las manos girando unos pedales. Lo malo era cuando te tocaba un escuincle atarantado o muy chiquito que nos sabía hacerlo caminar, así que había que darle un llegue por atrás y prácticamente aventarlo hasta que su madre se apiadara del resto de los niños y quitara a su estorbito.

Antiguos Juegos Mecánicos Infantiles de la Segunda Sección de
Chapultepec. Aquí se ven las taquillas y algunos juegos.

Las Motos de los Juegos Mecánicos Infantiles.

Las Naves de los Juegos Mecánicos Infantiles.

Muy cerca de esos juegos mecánicos infantiles, estaba, como hasta la fecha, el “Cárcamo”. Hasta ahí, junto a la fuente de Tlaloc, nos llevaba mi padre al salir de la feria para que viéramos pasar el agua por el cárcamo. Sí, aunque ustedes no lo crean, en ese tiempo todavía pasaba el agua por ahí, justo a donde pinto Diego Rivera el mural “El Agua, el origen de la vida”. Afortunadamente un día alguien pensó y decidió que por ahí no circularía más el agua y entonces rescataron y restauraron ese hermoso mural del adorado gordo cara de sapo.

Lanchas en el lago de la Segunda Sección de Chapultepec. Atras se
ve el Restaurante del Lago al parecer en construcción.

Lago de la Segunda Sección de Chapultepec con la fuente y el
Restaurante del Lago a espaldas. 1975

Al final, el paseo siempre terminaba con un recorrido en el trenecito, ese que estaba a un lado del Museo de Ciencias Naturales. Había que ser muy paciente, porque generalmente la fila era bastante larga, sin embargo, los sábados y domingos llegaban a poner dos trenes al mismo tiempo. Habían unas maquinas como de vapor y otras como las actuales tipo diesel, por su puesto que mis preferidas eran las estilo vapor. El tren hacia un recorrido alrededor del lago, pasando primero junto al garaje donde guardaban el resto de los trenes (yo llegue a contar como siete). Luego pasaba frente al “Café del Lago” y los juegos mecánicos infantiles, para llegar finalmente, a lo más emocionante del recorrido, un túnel largo y oscuro. Dentro del túnel, el conductor del tren, en un momento dado, apagaba todas las luces y quedaba aquello en completa oscuridad. En ese momento el respetable gritaba y era sumamente emocionante, esto duraba solo unos segundos hasta que el tren salía del túnel y llegaba a la estación.

Trenecito de Chapultepec. Máquina tipo diesel.

Estación y Trenecito de Chapultepec.

Estado actual de abandono del Trenecito de Chapultepec.

El costo del paseo, como pueden ver, era muy económico.

Estación abandonada.

Primero de los tres túneles del recorrido.

Almacen con los trenecitos abandonados.

Ya a punto de subir al coche para emprender la retirada, comenzaba el estira y afloja entre mi padre y yo para ver si el ruco se apiadaba y me compraba un recuerdito. Generalmente me gustaban tres cosas, unos aviones o cohetes como rehiletes que hacían girar con un hilo, un Memín Pinguín que luego de ponerle un cerillo en el trasero “hacia del cuerpo” (caca) y una sustancia azul que venía en un tubito como de pasta de dientes que servia para hacer globos “tóxicos” al soplarle con un popotito. A veces ganaba y me compraban algo, a veces pus nomás me quedaba con las ganas, pero no importaba, porque la divertida que me había pegado en Chapul… ¡era increíble!


Pasta seguramente "retóxica" para hacer bombotas (globos)
con un popotito.

Ya más labregón, digamos cuando estaba yo en la secundaria, visité por primera vez los juegos mecánicos para adultos. Todavía no se llamaba “La Feria” y no existían muchos de los juegos que hay ahora, pero aquello tenía su encanto, y su encanto se llamaba “La Montaña Rusa”. Han de saber ustedes queridos amigos que yo sufro de algo que se llama “acrofobia”, o sea, que soy sumamente joto para las alturas. Un buen día mi primo me convenció para que nos subiéramos y yo estoico acepté, así fue como fui por primera vez a los juegos mecánicos de Chapultepec con la única y desafiante misión de vencer mi fobia a las alturas. Claro que no la vencí, sigo siendo bastante enemigo de las alturas, sin embargo, ese día, logré vencer por un momento mi temor y me subí a la Montaña Rusa, de hecho lo hice dos veces seguidas y he de decirles que fue harto emocionante.

La Montaña Rusa.

Muchos de los juegos mecánicos que había entonces, tristemente hoy ya no existen. Me acuerdo de unos avioncitos que daban vueltas y a la vez giraban sobre su propio eje, esto permitía que los osados pilotos de estos avioncitos, pudieran en un momento dado, quedar completamente de cabeza. Estos avioncitos estaban enrejados para que no se fuera a salir algún cristiano en caso de que no se apañara bien al hacer alguna machincuepa o pirueta. Otro juego que hoy sería la delicia de las bulímicas, era uno llamado “El Martillo”, que al igual que los avioncitos, solo que de modo vertical, permitía quedar de cabeza al aventurado que decidía subirse a este juego. Creo que hoy en “La Feria” hay uno parecido al Martillo, pero definitivamente no es el original. Y siguiendo con el bonito tema de la guacareada, recuerdo que también había una rueda de nombre “El Torbellino” que giraba a velocidades estratosferitas, o sea como a chingomil por hora. Las personas que subían al Torbellino se colocaban de pie pegadas a las paredes de juego y así comenzaba este a girar. La fuerza centrifuga que se llegaba a generar en el Torbellino, hacía que las personas quedaran literalmente embarradas en las paredes del juego, pudiendo incluso, despegar los pies del suelo sin caerse. Cuando alguno de los valientes pasajeros del Torbellino se había refinado una buena torta de milanesa con fleco (de esas que vendían afuera) con su Titán de Grosella o su naranjada Bonafina, era casi seguro que, emulando a Reagan (la niña del Exorcista), vomitara al compañero que tenía a lado y de paso a los mirones que abajo observaban este alucinante juego. Otro juego famosísimo de aquellos tiempos era el “Ratón Loco”, el cual no era más que una pequeña montaña rusa con carritos individuales. Lo padre de este juego, es que al ser los carritos largos y tener el soporte y la sujeción en la parte trasera de estos, al dar las vueltas sobre los rieles, daba la impresión de que el carrito se seguiría de frente y caería al precipicio (como de 3 mts.). Quizás, junto con La Montaña Rusa y El Ratón Loco, la “Casa de los Sustos” era uno de los juegos más solicitados por los pubertos que se iban de pinta a este recinto sagrado. Recuerdo que para lograr entrar a la Casa de los Sustos también había que hacer una larga fila. En la Casa de los Sustos la verdad es que nadie se asustaba, pero era muy padre entrar en esos cochecitos a la oscuridad del juego, acompañados por su puesto, de la respectiva novia para poder disfrutar de un bonito momento de intimidad y semifaje. De lo que había dentro de la Casa de los Sustos, solo me acuerdo de unos barriles que parecía caerían sobre uno pero que estaban sujetados por una cadena. También recuerdo algo parecido a un escusado… bueno, creo.

El Latigo.

El Torbellino.

El Ratón Loco. Atrás se alcanzan a ver los Avioncitos.

Los Aviones y la Montaña Rusa.


En fin, la verdad es que tengo tantos recuerdos de Chapultepec, de cada uno de sus lugares y de cada una de mis etapas en la vida, que nomás no terminaría nunca de contarlos. Así que mejor hasta aquí le dejo, no vaya a ser que luego de leer este mamotreto ya se hayan aburrido y hayan decidido hacer algo mejor, como por ejemplo… ¡irse a Chapul de paseo!


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo no lo conozco pero luego de leer esto como si lo conociera. Saludos desde Chihuahua.

Gina D. dijo...

Said, es tan grande Chapultepec, que seguro podrias escribir mucho mas de el. Te acuerdas de la casa de los espejos que estaba en la subida al Castillo, creo que ya no existe? Yo estaba muy pequeña pero tambien recuerdo esas carretitas con chivitos, que padres fotos!

KAT dijo...

cuando pienso en Chapultepec vienen a mi mente àrboles, baños de hojas, sabor de algodon rosa, sandwiches de queso y yo, echando burbujas sobre los hombros de mi papà.

Bonito!!! me gusto lo que escribiste.

yukio dijo...

MI EXPERINCIA EN EL ZOO ME DEJO MARCADO DESDE PEQUEÑO , TU DEBES RECORDAR EL RECINTO DE LOS OSOS BLANCOS , QUIZA EL MAS GRANDE EN AQUE TIEMPO, YO SIENDO UN NIÑO SOÑE QUE POR SUBIRME A LA REJA DE ESCASOS 90 CM DE ALTURA ESTA SE VENCIO Y YO CAI JUSTAMENTE A LA ALBERCA DE LOS OSOS , PERO CADA VEZ QUE INTENTABA SALIR DE AHI ME RESBALABA Y CUANDO LOS OSOS CORRIAN A MI PARA DEVORARME ME DESPERTABA , POR CIERTO YO TAMBIEN UBICO PERFECTAMENTE LOS CARRITOS TIPO DINAMOS , SU PISTA SOLO ERA UN OVALO Y EN EFECTO HASTA EL MAS AUDAZ NO AVANZABA MAS POR LOS LENTOS DE ADELANTE , SEGURO LA EDAD TOPE PARA ESTE JUEGO ERA DE MAXIMO 7 AÑOS NO CREES?

jaime said dijo...

Claro que me acuerdo de los osos, estaban por el centro del zoologico. La reja no dejaba ver bien a los osos pero era necesaria para los niños traviesos como tu que soñaban con subirse a la reja jeje.
Yukio ojala tengas o puedas conseguir fotos de esos juegos mecanicos infantiles, no sabes como he buscado alguna foto.
Saludos.

Anónimo dijo...

Hola, muchas gracias por compartir estas imágenes que despiertan en muchos de nosotros, tantos recuerdos, mis paseos a Chapultepec iniciarían por alla de 1970 a los tres años, me acuerdo de Jhonny Sho -o algo similar era su nombre- quien era el norteamericano que ofrecía la función con elefantes al ritmo de una canción de Henry Mancini, y yo tabién tenía un sueño recurrente pero este era en la enorme jaula, al menos así la veía yo, en donde se encontraban aves mayores como un cóndor y águilas, ojalá alguien tuviera una foto para recordar las verdaderas dimensiones de la jaula. El olor de las jaulas en la zona de lobos, coyotes y zorrillos, el pozo de los monos araña, el chimpancé que fumaba!, en fin gracis por estas fotos ojalá haya más aportes, yo desafortunadamente sólo tengo mi memoria para ver de nuevo esas imágenes, saludos y te seguiré en Facebook, hasta pronto! Emanuel Landeros

jaime said dijo...

Que bueno que te gusto Emanuel, pues por ahí nos vemos en facebook. Por ahora tengo problemas con mis blogs, espero que los encargados los corrijan para poder seguir publicando. Saludos

Anónimo dijo...

Said, ¡Que padrísimo sitio! GRACIAS por tan lindos recuerdos, sobre la pasta ¿Te acuerdas como la anunciaban o vendían? ¡Pasta pasta para hacer globos... pasta pasta para hacer globos! Me encantó tu blog... tantas cosas que recordar para volver a vivir :-)

Anónimo dijo...

A mi me llevaban a ver el king kong gigante mecánico..y me metían como 10 min en una sección con casitas en forma de botitas y había columpios..

Anónimo dijo...

Hola, podrías contactarme con Maria Elena Hoyo, ya que ahora con la ley antiviolencia de los animales puedo ofrecerle un terreno de 50 has. en Texcoco, Mex., para albergar a todos los animales de los circos. Gracias y quedo atento a la respuesta también en el cel. 55-13412095 y correo fredocif@hotmail.com

Emanuel Landeros dijo...

Ya dejaste este blog?

jaime said dijo...

Emanuel Landeros, es cierto tengo un poco abandonado el Blog pero es solo temporal, pronto regresaré y me aplicaré, la verdad no he tenido tiempo para dedicarme a escribir. Espero comprendas y me tengas paciencia. Un saludo.

aldevaran dijo...

Me hizo volver a vivir mi infancia . Las fotos estan muy bien y la del chivito que jala la carreta es una joya

aldevaran dijo...

Me hizo volver a vivir mi infancia . Las fotos estan muy bien y la del chivito que jala la carreta es una joya

aldevaran dijo...

Me hizo volver a vivir mi infancia . Las fotos estan muy bien y la del chivito que jala la carreta es una joya