26 julio 2011

El Rey Leonardo, Los Tototopos y Félix el Gato



Cuando uno se convierte en un adulto contemporáneo en avanzado estado de putrefacción como yo, el hacer un ejercicio de memoria como este resulta simplemente “epopéyico” (Epopéyico.- Dícese de cualquier recuerdo del tiempo de Popeye el Marino o anterior).

Tratando de recordar cuales son las caricaturas más antiguas que me haya tocado ver en mi vieja televisión en blanco y negro con patas marca Telefunken, recordé estas tres: “El Rey Leonardo”, “Los Tototopos” y “Félix el Gato”.


En una televisión Telefunken como esta veía mis caricaturas
preferidas cuando era un crío.

Seguramente estos recuerdos que llegaron a mi mente datan de cuando yo tenía aproximadamente seis añitos, cuando yo todavía era un parvulito tiernito pletórico de inocencia y carente de malicia, dicho en otras palabras, todavía siendo un trinche escuincle nalgas miadas.

El Rey Leonardo (King and Odie) era una de mis preferidas. Dibujos burdos como todos los de ese tiempo e historias simplonas, pero algo tenía que me encantaba. El programa tenía tres segmentos, uno era el propio del Rey Leonardo, monarca de Bongolandia, quien siempre se veía amenazado por los terribles Malaspulgas y Sinsesos los cuales estaban empeñados en terminar con su reino. El Rey Leonardo siempre era ayudado a salir de los embrollos en los que lo metían Malaspulgas y Sinsesos por su fiel paje el Zorrillo Florín. Otro segmento era el de El Cazador y El Zorro (The Hunter), mismos que se la pasaban en constante bronca y persecución, onda Calderón y el Peje. El tercer segmento era el de Centellita la Tortuga y el Mago Comodón (Tooter Turtle). Este era sin duda de mis preferidos y recuerdo muy bien que el Mago siempre mandaba a la tortuga a realizar sus sueños, ella le decía que quería ser y él se lo concedía, claro, hasta que esta se arrepentía, entonces el mago la hacía regresar a Centellita con las famosas palabras mágicas: “pitu pitu pitu pita, que regrese Centellita”… ¡era genial!



El Rey Leonardo y su fiel paje Florín.

El Rey Leonardo con sus archienemigos Malaspulgas
y Sinsesos.

El Cazador y el Zorro.

Centellita la tortuga y el Mago Comodón.

A continuación la entrada del Rey Leonardo:






Los Tototopos eran bien divertidos. Un par de indios topos que se resistían a salir del valle, cosa que al Coronel y al Sargento que vivían en el fuerte enfurecía. Todo el tiempo los dos soldados estaban buscando la manera de correr a los Totopos del valle, pero siempre fracasaban. Uno de los indios no podía hablar y solo hacia unos ruidos bastante cajetas. Esta caricatura siempre ha sido de mis preferidas. También es conocida con el nombre de “Los Indios y el Coronel” aunque a mí me parece más genial el nombre de “Los Tototopos”.


Los Tototopos.

El Coronel y el Sargento de los Tototopos.




A continuación un capítulo de los Tototopos ya remasterizado:




De Félix el Gato creo que se han hecho varias ediciones. En las primeras casi ni habla, bueno de hecho el origen de Félix el Gato se remonta el cine mudo, cosa que obviamente a mí no me tocó, aunque muchos “adversarios” (como dice el Peje) digan lo contrario. Este gato que fue eclipsado con la aparición de dibujos animados parlantes, particularmente el mamila de Mickey Mouse, volvió a recobrar su fama gracias a la televisión allá por los años 50’s. Fue en ese tiempo que a Félix el Gato le crearon su famoso “bolso mágico”, el cual, si ustedes recuerdan, se convertía en lo que Félix necesitara. La verdad nunca entendí que onda con ese bolso que aparecía como de la nada y que se convertía en todo, yo creo que el tal Joe Oriolo (el artista que llevo a Félix a la tv)  andaba en ácidos cuando se le ocurrió esa marihuanada. Sin embargo era divertido y como dice el Macaco: ¡bien surrealista!





Félix el Gato y su famoso bolso mágico.

A continuación la entrada de Félix el Gato:




Bueno, creo que estas son las “caris” (como dice mi sobrina) más antiguas que recuerdo haber visto en mi lejana niñez. Luego vinieron muchas más que igual me marcaron y me dejaron muy chidos recuerdos, ya habrá tiempo para hablar de ellas. Por ahora nos quedamos con estas jurasicas caricaturas de antaño, que por lo menos a mí, me traen muy buenos recuerdos.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

14 julio 2011

Las rejas de Chapultepec, las rejas de Chapultepec...





Casi podría apostar, que mi primer paseo en la vida, fue a Chapultepec. Desde que nací y hasta hace todavía poco tiempo, mi paseo preferido era ir a Chapultepac. Cualquier pretexto era bueno para ir, ya fuera al zoológico, al trencito, a alguno de los lagos, a los juegos mecánicos, a los museos, al Castillo o a algún restaurante. Últimamente no he tenido tiempo (o no me lo he dado) para regresar a ese nostálgico paseo, pero prometo “por los clavos de una puerta vieja” (parafraseando a la Doña), que lo haré.

Recuerdo… ¡mentira!, no lo recuerdo pero lo supongo, que todavía enfundado en mi pañal de manta de cielo de tres miadas, fue que visité por primera vez el maravilloso bosque de Chapultepec. Viniendo de una familia de escasos recursos tirando a jodida, no había mejor opción que este paseo casi gratuito para “salir a dar la vuelta”. Mis padres jodidos, ah pero eso sí muy exigentes, o como diría mi sabia e inmortal abuela: “los cortaron para ricos pero los cosieron para pobres”, jamás aceptaron comprar comida en Chapultepec, dizque por ser poco salubres y carentes de cuidados sanitarios, o dicho de otra manera, por pinches cochinos y mugrosos. Luego entonces, mi sacrosanta madre se “aprevenía” y se ponía a preparar las bonitas y socorridas tortas. Normalmente hacia unas de huevo y otras de frijoles con su rebanadota de queso fresco, aunque a veces de a tiro se apeladaba y las hacía de queso de puerco. Para acompañar estos deliciosos refrigerios, nada mejor que unas refrescantes y peladas Naranjadas Bonafina, misma que sí comprábamos en Chapul.

Uno de nuestros paseos preferidos era al Zoológico de Chapultepec. El zoológico de entonces era muy diferente al que todos conocemos ahora. Los animales no tenían esas bonitas y cómodas instalaciones de las disfrutan hoy en día. Sin embargo, uno iba en ese tiempo a ver a los animales y a disfrutar de ellos, en cambio ahora, serán muy bonitas las instalaciones pero es lo único que vemos, porque los trinches animales siempre están escondidos. Antes los animales estaban en inhumanas y apretadas jaulitas tipo circo, pero de que veíamos al trinche león… lo veíamos.




Trenecito del Zoológico de Chapultepec. Esta excelente foto es
cortesía de "La Ciudad de México en el tiempo".

Otra antigua foto de la vieja estación del tren del Zoológico
de Chapultepec. 


En el zoológico había un trenecito bastante piocha que daba la vuelta alrededor de el. Desde el tren no se podían ver los animales, solo veíamos el “backstage” de sus jaulas, pero era muy padre ese recorrido y había que hacer una fila bastante larga para subirse. Actualmente la estación de ese tren se conserva ahora convertida en una tiendita de recuerdos y souvenirs. Recuerdo que habían unos avioncitos de pedales (creo que de madera), lo cuales eran casi imposibles de hacer caminar por pesados. Los bebederos eran animales con la boca abierta por donde salía el chorrito de agua ¡potable!, o al menos eso decían, y es que en ese tiempo ni quien pensara en cargar o comprar una botella de agua. Había algunas aves exóticas “sueltas” por el zoológico con las cuales uno se podía retratar, eran guacamayas, cacatúas y demás pericotes. También había un chango que era muy famoso por sus modales estilo aficionado de fútbol. Cuando uno se acercaba a su jaula y el estaba fastidiado, tomaba un poco de agua de su deposito y a manera de fuete de ornato, arrojaba un buen chorro por la boca hacia el respetable, con el atento mensaje de ¡dejen de estarme chingando!

Bebederos en el Chapultepec antiguo, o por lo menos unos similares.

Un niño con uno de los "pericotes" del zoológico.

Otro de los "pericotes" del zoológico. Atras se alcanzan a ver
algunas de las jaulas de los animales.

Este era el aviario del Zoológico de Chapultepec.


En la parte de afuera del zoológico, por el andador que pasa entre los dos lagos, habían unos cochecitos jalados por chivitos (tipo carretas pequeñas), a los que era casi obligatorio subirse. Y es más, casi estoy seguro, que también habían carretas con caballos que paraban justo por donde está la subida al Castillo de Chapultepec, las cuales uno podía abordar para dar la vuelta por el bosque.

Carreta con chivito en los alrededores del zoológico.


Cuando crecí y me convertí en un mozuelo puberto, yo seguí yendo frecuentemente y con singular alegría al zoológico. La directora del Zoológico de Chapultepec en ese tiempo, era una mujer que a mí me chiflaba, se llamaba Maria Elena Hoyos (siempre me han atraído ese tipo de mujeres de aparente dudosa orientación sexual). Recuerdo que ella tenía un espectáculo con las focas que había en el zoológico, ella misma se encargaba del show haciendo las veces de entrenadora, yo no me lo perdía nomás por verla. A esta damita le encantaba aparecer en todos los programas de televisión acompañada de un simpatiquísimo bebe orangután, según ella, presumía de tener en estupendas condiciones el zoológico y siempre se negó a que se cobrara la entrada.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.

María Elena Hoyos, directora del zoológico allá por los 80's.


Por aquellos años fue cuando el panda de Chapultepec se volvió toda una celebridad, tanto que la entonces “señorita” Yuri le hizo su canción. Recuerdo haber ido a ver al GRAN Jesús Martines “Palillo” a su Carpa Palillo (por Reforma Norte), y él decía en su sketch, que el panda de Chapultepec era el único mexicano que comía tres veces al día.

Chequen a continuación el video original del "Osito Panda" con Yuri, ahí se aprecia muy bien como era el zoológico a principios de los 80's, incluso se ve el famoso trenecito del zoológico. Video del "Osito Panda" de Yuri

Otro de mis paseos preferidos era a la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec, ahí donde están los juegos mecánicos con la famosa Montaña Rusa. Como éramos unos críos muy pequeñitos mi hermano y yo, mis padres nos llevaban a los juegos mecánicos infantiles que estaban allá por donde está el “Café del Lago”. Actualmente en ese lugar está un parque de diversiones que se llama “México Mágico”. Definitivamente este lugar era mi preferido.

En esta bonita feria habían muchos juegos bien piochas. Por ejemplo, unas Carcachitas que recorrían sobre un riel todo un circuito entre un jardincito muy padre. Las carcachitas tenían una campanita para irla sonando como si fueran coches de bomberos. Otro era el famosísimo “Gusano Feliz”, este solo daba vueltas y subía y bajaba sobre un riel. Lo padre era que enfrente de uno había una carita igual a la del gusanito, que si uno la apretaba, le prendía la nariz al Gusano y hacía un simpático ruidito. Había unas motos muy simples pero que también me encantaban, al igual que unas naves tipo platillos voladores con sus pistolotas al frente para dispararle al escuincle de adelante. Estos platillos voladores subían y bajaban individualmente y a capricho del mocoso que las piloteaba. Luego estaba una rueda de la fortuna en la que los escuincles íbamos prácticamente enjaulados para evitar accidentes. El mejor de todos, el que a mí más me gustaba, estaba al fondo y a la izquierda de la feria. Eran unos carritos sobre una vía o riel, que uno mismo los hacía caminar con las manos girando unos pedales. Lo malo era cuando te tocaba un escuincle atarantado o muy chiquito que nos sabía hacerlo caminar, así que había que darle un llegue por atrás y prácticamente aventarlo hasta que su madre se apiadara del resto de los niños y quitara a su estorbito.

Antiguos Juegos Mecánicos Infantiles de la Segunda Sección de
Chapultepec. Aquí se ven las taquillas y algunos juegos.

Las Motos de los Juegos Mecánicos Infantiles.

Las Naves de los Juegos Mecánicos Infantiles.

Muy cerca de esos juegos mecánicos infantiles, estaba, como hasta la fecha, el “Cárcamo”. Hasta ahí, junto a la fuente de Tlaloc, nos llevaba mi padre al salir de la feria para que viéramos pasar el agua por el cárcamo. Sí, aunque ustedes no lo crean, en ese tiempo todavía pasaba el agua por ahí, justo a donde pinto Diego Rivera el mural “El Agua, el origen de la vida”. Afortunadamente un día alguien pensó y decidió que por ahí no circularía más el agua y entonces rescataron y restauraron ese hermoso mural del adorado gordo cara de sapo.

Lanchas en el lago de la Segunda Sección de Chapultepec. Atras se
ve el Restaurante del Lago al parecer en construcción.

Lago de la Segunda Sección de Chapultepec con la fuente y el
Restaurante del Lago a espaldas. 1975

Al final, el paseo siempre terminaba con un recorrido en el trenecito, ese que estaba a un lado del Museo de Ciencias Naturales. Había que ser muy paciente, porque generalmente la fila era bastante larga, sin embargo, los sábados y domingos llegaban a poner dos trenes al mismo tiempo. Habían unas maquinas como de vapor y otras como las actuales tipo diesel, por su puesto que mis preferidas eran las estilo vapor. El tren hacia un recorrido alrededor del lago, pasando primero junto al garaje donde guardaban el resto de los trenes (yo llegue a contar como siete). Luego pasaba frente al “Café del Lago” y los juegos mecánicos infantiles, para llegar finalmente, a lo más emocionante del recorrido, un túnel largo y oscuro. Dentro del túnel, el conductor del tren, en un momento dado, apagaba todas las luces y quedaba aquello en completa oscuridad. En ese momento el respetable gritaba y era sumamente emocionante, esto duraba solo unos segundos hasta que el tren salía del túnel y llegaba a la estación.

Trenecito de Chapultepec. Máquina tipo diesel.

Estación y Trenecito de Chapultepec.

Estado actual de abandono del Trenecito de Chapultepec.

El costo del paseo, como pueden ver, era muy económico.

Estación abandonada.

Primero de los tres túneles del recorrido.

Almacen con los trenecitos abandonados.

Ya a punto de subir al coche para emprender la retirada, comenzaba el estira y afloja entre mi padre y yo para ver si el ruco se apiadaba y me compraba un recuerdito. Generalmente me gustaban tres cosas, unos aviones o cohetes como rehiletes que hacían girar con un hilo, un Memín Pinguín que luego de ponerle un cerillo en el trasero “hacia del cuerpo” (caca) y una sustancia azul que venía en un tubito como de pasta de dientes que servia para hacer globos “tóxicos” al soplarle con un popotito. A veces ganaba y me compraban algo, a veces pus nomás me quedaba con las ganas, pero no importaba, porque la divertida que me había pegado en Chapul… ¡era increíble!


Pasta seguramente "retóxica" para hacer bombotas (globos)
con un popotito.

Ya más labregón, digamos cuando estaba yo en la secundaria, visité por primera vez los juegos mecánicos para adultos. Todavía no se llamaba “La Feria” y no existían muchos de los juegos que hay ahora, pero aquello tenía su encanto, y su encanto se llamaba “La Montaña Rusa”. Han de saber ustedes queridos amigos que yo sufro de algo que se llama “acrofobia”, o sea, que soy sumamente joto para las alturas. Un buen día mi primo me convenció para que nos subiéramos y yo estoico acepté, así fue como fui por primera vez a los juegos mecánicos de Chapultepec con la única y desafiante misión de vencer mi fobia a las alturas. Claro que no la vencí, sigo siendo bastante enemigo de las alturas, sin embargo, ese día, logré vencer por un momento mi temor y me subí a la Montaña Rusa, de hecho lo hice dos veces seguidas y he de decirles que fue harto emocionante.

La Montaña Rusa.

Muchos de los juegos mecánicos que había entonces, tristemente hoy ya no existen. Me acuerdo de unos avioncitos que daban vueltas y a la vez giraban sobre su propio eje, esto permitía que los osados pilotos de estos avioncitos, pudieran en un momento dado, quedar completamente de cabeza. Estos avioncitos estaban enrejados para que no se fuera a salir algún cristiano en caso de que no se apañara bien al hacer alguna machincuepa o pirueta. Otro juego que hoy sería la delicia de las bulímicas, era uno llamado “El Martillo”, que al igual que los avioncitos, solo que de modo vertical, permitía quedar de cabeza al aventurado que decidía subirse a este juego. Creo que hoy en “La Feria” hay uno parecido al Martillo, pero definitivamente no es el original. Y siguiendo con el bonito tema de la guacareada, recuerdo que también había una rueda de nombre “El Torbellino” que giraba a velocidades estratosferitas, o sea como a chingomil por hora. Las personas que subían al Torbellino se colocaban de pie pegadas a las paredes de juego y así comenzaba este a girar. La fuerza centrifuga que se llegaba a generar en el Torbellino, hacía que las personas quedaran literalmente embarradas en las paredes del juego, pudiendo incluso, despegar los pies del suelo sin caerse. Cuando alguno de los valientes pasajeros del Torbellino se había refinado una buena torta de milanesa con fleco (de esas que vendían afuera) con su Titán de Grosella o su naranjada Bonafina, era casi seguro que, emulando a Reagan (la niña del Exorcista), vomitara al compañero que tenía a lado y de paso a los mirones que abajo observaban este alucinante juego. Otro juego famosísimo de aquellos tiempos era el “Ratón Loco”, el cual no era más que una pequeña montaña rusa con carritos individuales. Lo padre de este juego, es que al ser los carritos largos y tener el soporte y la sujeción en la parte trasera de estos, al dar las vueltas sobre los rieles, daba la impresión de que el carrito se seguiría de frente y caería al precipicio (como de 3 mts.). Quizás, junto con La Montaña Rusa y El Ratón Loco, la “Casa de los Sustos” era uno de los juegos más solicitados por los pubertos que se iban de pinta a este recinto sagrado. Recuerdo que para lograr entrar a la Casa de los Sustos también había que hacer una larga fila. En la Casa de los Sustos la verdad es que nadie se asustaba, pero era muy padre entrar en esos cochecitos a la oscuridad del juego, acompañados por su puesto, de la respectiva novia para poder disfrutar de un bonito momento de intimidad y semifaje. De lo que había dentro de la Casa de los Sustos, solo me acuerdo de unos barriles que parecía caerían sobre uno pero que estaban sujetados por una cadena. También recuerdo algo parecido a un escusado… bueno, creo.

El Latigo.

El Torbellino.

El Ratón Loco. Atrás se alcanzan a ver los Avioncitos.

Los Aviones y la Montaña Rusa.


En fin, la verdad es que tengo tantos recuerdos de Chapultepec, de cada uno de sus lugares y de cada una de mis etapas en la vida, que nomás no terminaría nunca de contarlos. Así que mejor hasta aquí le dejo, no vaya a ser que luego de leer este mamotreto ya se hayan aburrido y hayan decidido hacer algo mejor, como por ejemplo… ¡irse a Chapul de paseo!


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

11 julio 2011

Brooke Shields... my endless love



Esta es una historia de amor a primera vista, de un amor idílico y apasionado, una historia que ha sobrevivido al paso de los años, una historia de amor… de “amor eterno”.

Siendo yo apenas un aspirante a puberto movido como siempre pasa a esa edad por la neonata hormona, yo y algunos amigos acostumbrábamos a ir a la peluquería “Curielfi” a hojear las revistas para adultos que tan generosamente el buen Curiel nos facilitaba. En alguna ocasión mientras realizábamos esta agradable actividad vespertina, descubrí un artículo dentro de la revista que hablaba de una película “controvertida”. En ese entonces he de decirles que mis conocimientos de aborto de cinéfilo eran prácticamente nulos, sin embargo, lo que me interesó de ese artículo, fue la foto de una chavita casi de mi edad que aparecía ahí. La película es la historia de una niña que crece dentro de un prostíbulo en el “red-light district” de New Orleans. Esta chavita de apenas 12 años es iniciada en el bonito arte del “fichú” por su madre y la dueña del lugar. En la película aparece un fotógrafo (Keith Carradine) que mientras retrataba a la mamá de esta chavita (Susan Sarandon), este es cautivado por la belleza y el carisma de la niña. La película se llama “Pretty Baby” (1978) y la niña hermosísima que aparecía en esa película, era por su puesto, mi “endless love”, Brooke Shields. La película fue escandalosa y controvertida por el tema en sí, y porque en ella aparecía una niña de apenas 12 años desnuda, Brooke Shields.

Playboy de 1978 donde se hablaba de la pelicula "Pretty Baby".

Reparto de la película "Pretty Baby".

Uno de los desnudos de Brooke Shields en la película "Pretty Baby".


A esa edad y por aquellos años en los que todavía no existía el maravilloso Internet, me resultó muy difícil poder conseguir información de esa chavita que me había cautivado tanto, así que por un tiempo no supe nada de ella, hasta que en algunas revistas de aquellos años (y no de viejas encueradas), se comenzó a hablar un poco más de Brooke Shields. Siempre se dijo que Teri Shields, la mamá de Brooke Shields, la explotaba desde que hacía comerciales siendo apenas una bebe de 11 meses, pero lo que no le perdonaban, era que la doña la hubiera “forzado” a aparecer en una película desnuda siendo todavía una menor de edad (11 o 12 años). Además y por si fuera poco, años antes, la mamá de Brooke Shields ya había permitido que el fotógrafo Garry Cross la retratara también desnuda en un estudio fotográfico que se llamó “The woman in the child”.


Desnudo de Brooke para el fotógrafo Garry Cross.

Desnudo de Brooke para el fotógrafo Garry Cross.

Desnudo de Brooke para el fotógrafo Garry Cross.

Brooke con su mamá Teri (cualquier parecido con la mamá
de Lucero es mera coincidencia).


Por aquellos años yo viajaba seguido a Monterrey a visitar a mi padre el cual vivía allá con mi perversa madrastra. Durante esas visitas a Monterrey, siempre íbamos de compras por lo menos una o dos veces a Laredo. Así fue como comencé a comprar y a coleccionar todas las revistas en las que aparecía Brooke en la portada; por cierto, he de decirles que por aquellos años, ¡Brooke Shields salía en todas! Creo que en ese momento fue cuando mande al carajo mis queridos posters de Farrah Fawcett, aquellos en donde salia en uno trepada en una “bírula” con un traje de baño blanco y en otro con su famoso sarape de saltillo con un traje de baño rojo. Las imágenes de Brooke que obtenía de esas revistas, comenzaron a llenar el hueco que dejaron esos posters de Farrah Fawcett.

La revista Hollywood de noviembre de 1980 de mi
colección particular.

Un día, mis amigos y yo decidimos ir al cine “La Viga”. Este cine recientemente se había inaugurado con un bodrio de película llamado “Grizzly”, película que trataba acerca de un oso gigantesco de casi 5 metros de altura que se comía a todo mundo. Bueno, pues ese cine piojito al cual íbamos frecuentemente por estar cerca de nuestras casas, en esa ocasión presentaba una película llamada “The Blue Lagoon” (1980), mejor conocida como “La Laguna Azul”. Cual sería mi sorpresa, a ver que esa niña que había naufragado en una isla desierta junto con su primo, al crecer, se convertiría en mi amadísima Brooke Shields. Recuerdo que cuando la vi en la película saliendo del mar ya hecha todo un bizcochote (perdón por el adjetivo pero no hay otro mejor para describirla), sentí que se me salía el corazón (y también otras partes de mi puberto cuerpo). Y es que para ese entonces, tanto ella como yo, éramos todos unos pubertos con la hormona a todo lo que daba; así que aprovechando que por aquellos años había “permanencia voluntaria” en los cines, recuerdo haberla ido a ver en varias ocasiones y haberme quedado por lo memos a dos funciones seguidas. En la película, si se acuerdan, Brooke Shields salía con escasa ropa e incluso hacía algunos desnudos, desgraciadamente luego de un tiempo me enteré, que para esta película, sí habían usado una doble de cuerpo para Brooke.

Brooke Shields en "The Blue Lagoon".

Brooke Shields en "The Blue Lagoon".


Escenas de "The Blue Lagoon".

Brooke Shields, Christopher Atkins y Randal Kleiser de
"The Blue Lagoon".


Por ese tiempo, un día mi papá se puso guapo y me regaló una videocasetera. Recuerdo que casi nadie tenía una, así que si uno quería comprar una película en video (Beta por su puesto), necesariamente había que ir al gabacho a conseguirla. Mi primer película que compré en el “Mall del Norte” de Laredo, fue “The Exorcist”, película que aun tengo con todo y el precio original $80 dlls… ¡carísima! La segunda película que compré fue precisamente “The Blue Lagoon”, ¡se imaginan poder ver en casa (y solito) a Brooke Shields en esa película! Solo les puedo decir que eso de uno se queda siego… es solo un mito y a las pruebas me remito (verso sin esfuerzo).

La tercera película que recuerdo con mucho cariño de Brooke Shields, fue “Endless Love” (1981). En “Amor Eterno” (como le pusieron aquí en México), Brooke Shields ya se veía más grande a pesar de que la filmó solo un años después de “La laguna Azul”. Es una historia de amor, dirigida por el gran Franco Zerrirelli. En esta película Brooke también tenía unas escenas bastante cachondas y hasta se dice que por ahí existe una versión todavía más fuertesona que no salió nunca. En esta película me identifiqué con el personaje de Martin Hewitt, quien estaba súper clavado con Jade (Brooke Shields), tanto que parecia un loquito enfermo obsesionado por ella (osease como yo). De esta película salió un súper tema musical cantado por Diana Ross y Lionel Richie, la rolita se llamaba igual que la película “Endless Love”. Por ese año mi padre, al cual amé e idolatré en ese momento, me consiguió en video la película “Pretty Baby” y al fin pude verla.


Martin Hewitt y Brooke Shields de "Endless Love".

Martin Hewitt y Brooke Shields de "Endless Love".


Brooke Shields hizo varias películas, pero se puede decir que estas tres: “Pretty Baby”, “The Blue Lagoon” y “Endless Love”, son por las que todos la recordamos. Hizo una con un viejito muy cajeta que se llamaba George Burns, la película era “Just you and me, kid”. Tambie hizo una muy mala llamada “Sahara” (1983) donde era secuestrada por un sheik. Hizo un pequeño papel con los muppets en “The Muppets Take Manhattan” (1984). También hizo muchas películas solo para tv bastante malas, sin embargo, yo como buen fan y eterno enamorado de este pollote, ¡me las chute todas!

A Brooke Shields se le ha relacionado con varios galanes, entre ellos: John F. Kennedy Jr, el actor Liam Nelson, el cantante George Michael, el príncipe Naruhito de Japón, John Travolta, Dodi Al Fayed e incluso con el extinto morenazo Michael Jackson. Un buen día la maldita me traicionó y se casó con el tenista (al cual por cierto yo admiraba) Andre Agassi. Con la pena, pero mi bizcochito un buen día uso su golpe de “top spin” y mando al carajo a Andre Agassi y volvió a quedar soltera. Yo por mi parte que me volví a atarugar y ¡tómala barbón!, que se me vuelve casar, ahora con un escritor de nombre Chris Henchy con el cual tiene actualmente dos hermosas nenas.

El moreno Michael Jackson y Brooke dizque de novios.

Brooke Shields con su primer esposo Andre Agassi.

Brooke Shields y su segundo esposo Chris Henchy
con sus dos hijas.

La familia de Brooke Shields.


Fue famoso el tiro que se echó con el enano de Tom Cruise luego de que este hiciera comentarios harto estúpidos acerca de la depresión posparto que sufrió Brooke cuando nació su primera hija. Brooke luego de dar a luz tuvo rechazo hacia su hija e incluso se dijo que tuvo tendencias suicidas. Finalmente Brooke hizo las paces con Tom Cruise e incluso asistió a su boda con Katie Holmes.

Hace poco Brooke tuvo una serie de televisión que a mí me divertía mucho y en la cual aparecía todavía hecha un pollote. La serie se llamaba “Suddenly Susan”, lastima que terminó luego de la muerte de un amigo de Brooke que aparecía en el reparto. Ahora de pronto se le ve en algunos programas apareciendo como invitada, por ejemplo en “Two and a half man”, “That 70’s Show”, “Nip/Tuc” o “Law & Order”, entre otras.


El elenco de "Suddenly Susan".

Sin palabras...

Damas y Caballeros... Brooke Shields.

En fin, Brooke y yo ahí vamos envejeciendo juntos, yo ya en estado avanzado de putrefacción y ella aun increíblemente hermosa. No pierdo la esperanza de que algún día nos crucemos en la vida y consumemos nuestro “amor eterno”, digo, eso pasa todo el tiempo… en las telenovelas claro.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!