19 abril 2011

Chihuahua y mis recuerdos




No le pidan mucha precisión a mi atrofiada memoria porque esto pasó hace muchos años, justo cuando yo era apenas un escuincle nalgas meadas de apenas ocho años. Resulta que un día al regresar de la escuela, mis padres me dieron la noticia de que nos mudábamos a vivir a Chihuahua. Como ya se imaginarán, para un niño de esa edad, no había nada peor que abandonar su escuela junto con todos sus amigos de la infancia. Mi Sacrosanta madre se encargó, como dirían los clásicos, de dorarme la píldora. Se nos ofreció, a mi hermano y a mí, una casa muy bonita con todo y alberca. Además, pasaría de ir en una vulgar y pelada escuela de gobierno a una privada, cosa que a mí realmente me valía queso, porque ni siquiera entendía lo que eso significaba. Por su puesto que no nos convencieron ni a mi hermano ni a mí de que iba a estar padre nuestra nueva vida en Chihuahua, y por su puesto que eso no importo, finalmente se hizo lo que querían mis padres y salimos resignados con rumbo a ese gran estado.

Nuestra aventura en Chihuahua comenzó de una manera muy padre, ya que el viaje hasta allá lo hicimos por tren. En ese tiempo los ferrocarriles de México todavía funcionaban y eran relativamente eficientes. Mi hermano y yo ya habíamos volado varias veces en avión pero nunca habíamos viajado por tren, así que aquello nos resultó súper interesante y divertido, es más, creo que ahí comenzó mi afición por los viajes en tren. Si mal no recuerdo, el tren salía por la noche de la estación de ferrocarriles de Buena Vista. La mejor manera de hacer ese recorrido tan largo era en el Pullman. Estos coches contaban con alcobas en las cuales podía viajar toda una familia cómodamente. De día eran pequeñas salitas que incluso tenían hasta un pequeño baño privado. Por las noches, el “porter” (como le decía mi abuela al encargado), se encargaba de bajar unas literas en las cuales uno se podía acostar cómodamente. El viaje era muy largo, duraba toda una noche, luego un día completo y, finalmente, otra noche más para despertar ya en Chihuahua muy temprano. El “porter” pasaba por los pasillos tocando una “triangulo” (campanita) para anunciar que ya era la hora de pasar al coche comedor. Lo más divertido para mi hermano y para mí, era atravesar todos los coches del tren hasta llegar al comedor. El último coche del tren, el de hasta, se le llamaba “coche fumador”... o al menos así le decía mi madre.

Pero bueno, no íbamos a hablar de mi pasión por lo trenes, sino de la ciudad de Chihuahua. Finalmente conocimos mi casa nueva, estaba en la calle Blas Cano de los Ríos a una cuadra de la Iglesia de San Felipe en la colonia del mismo nombre. La dichosa alberca de la casa resultó ser una trinche pileta redonda, pero para nosotros siempre fue nuestra súper alberca. Mi padre ya tenía algunos días viviendo ahí, así que cuando llegamos ya estaba la casa perfectamente habitable, incluso la alberca lista para un chapuzón.


Así se veía mi casa con el coche de mi papá estacionado a la puerta.


El jardín trasero y a lo lejos la Iglesia de San Felipe.


El paso de los años en mi querida casa de Chihuahua.


Lo más difícil para nosotros, para mi hermano y para mí, fue hacer nuevos amigos. Afortunadamente nuestros vecinos rápido se hicieron nuestros amigos y eso nos ayudo a integrarnos a esa nueva ciudad.

Luego llegó el día de entrar a la escuela. Mi nueva escuela era La Salle, recuerdo que estaba en una loma, bastante retirada de mi casa, o al menos eso me parecía a mí. Yo entré a tercero de primaria y mi hermano a primero de primaria. Al principio éramos la botana de nuestros compañeros, tuvimos que aprender a hablar como ellos. En el recreo yo quería comprar una torta en la cooperativa y resultaba que no se llamaba torta, sino “lonche”. Para acompañar mi torta yo quería un refresco, pero no, tampoco se llamaban refrescos, eran sodas. Al coche le decían mueble y al aire acondicionado clima. En fin, poco a poco comenzamos a hablar el nuevo “idioma” e incluso a agarrar el acento norteño. Por cierto, cuando al año regresamos a vivir a la Ciudad de México, me pasó lo mismo, tuve que volver a llamarle a las cosas como las conocía desde un principio y tuve que quitarme el acento de norteñito que adquirí en Chihuahua (volví a ser la botana, solo que ahora de mis antiguos amiguitos).

Recuerdo que un día que entramos al Sears de Chihuahua, mi madre se encontró con un viejo amigo de su juventud, era el gerente. Les dio mucho gusto reencontrarse, nunca pensaron que esto iba a ocurrir en un lugar tan alejado de la Ciudad de México. Mi madre conoció a su esposa e hizo una gran amistad con ella, nosotros, mi hermano y yo, hicimos lo mismo con sus hijos. Para mi madre eso fue muy bueno, porque ella era la que se sentía más sola allá. Nosotros en la escuela conocimos muchos amiguitos y mi padre en el trabajo, pero ella era la que estaba más sola, por lo que su nueva amiga resultó una gran compañía.











Los lugares a los que acostumbrábamos ir los fines de semana a pasear eran pocos. La verdad es que no había muchos lugares a donde ir. Recuerdo que íbamos a un parque que le llamaban “Los Llorones” (por el tipo de árboles que habían ahí). También había una fuente de sodas que a mí me encantaba, era como de los años 60’s, con rockola y toda la cosa, ahí tomábamos helado por las tardes. También nos hicimos aficionados al béisbol, el equipo se llamaba “Los Dorados" de Chihuahua. El parque de béisbol estaba muy cerca de la casa y frente al trabajo de mi padre. Junto al parque de béisbol había un gran terreno, lugar en donde se ponía la feria. Mi padre y mi madre iban al palenque a ver a los artistas de moda. Por aquellos años había un jovencito que comenzaba a ser la sensación en el palenque, este jovencito era nada más y nada menos que Juan Gabriel. Junto a ese terreno estaba la casa del Gobernador.


La Ciudad Deportiva. En esos terrenos se ponía la feria junto al parque
de beisbol. Abajo se ve la casa del Gobernador y la tienda "Futurama".


Mi restaurante preferido era uno que estaba en una glorieta y tenía en la parte de afuera un carreta, este restaurante creo que hasta la fecha existe y se llama “La Calesa”.  También íbamos a un lugar llamado “La Alameda”, un pequeño parque en donde había restaurantes y a donde los adultos iban a tomar una refrescante cerveza (cheve).


Mi restaurante preferido "La Calesa".


Otro de nuestros paseos acostumbrados era al aeropuerto de Chihuahua. Ahi comprabamos un queso muy bueno que venia en una caja, era por supuesto queso Chihuahua ¡buenísimo para hacer quesadillas! Recuerdo que fue en la carretera que llevaba al aeropuerto donde me enseñó a manejar mi papá en su Sarari ¡a los ocho años de edad! Esa carretera llevaba a un pueblo llamado Aldama, ahí íbamos frecuentemente a comprar carne porque era de muy buena calidad. Por el trabajo de mi padre, íbamos frecuentemente a todos los pueblos de Chihuahua: Cuahutemoc, Meoqui, Delicias, Camargo, Parral, Ahumada, etc. Cada vez que podíamos, a mi padre le gustaba ir a Estados Unidos a pasar el fin de semana, así que íbamos mucho a Ojinaga que es la frontera con Presidio Texas o a Ciudad Juárez frontera con El Paso Texas. A veces el viaje a El Paso lo hacíamos en tren, era muy padre porque atravesaba el desierto. Un gran paseo era ir a las Barrancas del Cobre, desgraciadamente el día que fueron yo no estaba en Chihuahua porque había venido a pasar unos días con mi Inmortal abuela a México y me lo perdí.

Aeropuerto de Chihuahua, uno de mis paseos.

Mi Sacrosanta en el Aeropuerto de Chihuahua.

Mi hermano en las Barrancas del Cobre con unos tarahumaras.


Otro lugar que recuerdo perfectamente era la casa de Pancho Villa. Era un museo donde había muchas cosas interesantes e incluso algunos artículos personales del famoso Centauro del Norte. Ahí estaba expuesto el coche todo balaceado en el cual lo acribillaron en Parral. Pero sin duda, lo mejor de ese museo, fue que ahí conocí a una de las esposas de Pancho Villa, doña Luz. Recuerdo que compré unos billetes de los que el mismo Villa hizo circular por aquellos años de la revolución, así como unas fotos donde él estaba tumbado en una cama, muerto. Doña Luz, la anciana esposa del General Villa me autografió esos billetes y esas fotos… ¡y aun las tengo!


Catedral de Chihuahua.


Recuerdo que el súper lo hacíamos en una tienda de autoservicio que estaba en la glorieta en donde está la estatua de Pancho Villa, frente a la casa del Gobernador. Ese autoservicio se llamaba “Futurama”, creo que ya no existe o por lo menos ya no se llama así. Me dijo un amigo que aun vive en Chihuahua que ahora se llama “Alsuper” (o algo así).


Tienda de autoservicio "Futurama", ahí hacía las compras mi Sacrosanta.

Mi hermano en el Monumento a la División del Norte, a un costado de la
tienda "Futurama".


La antigua estación del tren era otro de nuestros paseos, no se si aun exista como yo la conocí. Ahí llegaba el tren que venía de México y de ahí salía el que iba a Ciudad Juárez. También ahí salía el famoso “Chepe” (Chihuahua al Pacífico), una corrida que hasta la fecha es de las pocas que aun quedan para pasajeros. Es un viaje maravilloso porque atraviesa una gran cantidad de puentes y túneles, además de que se pueden apreciar desde el tren unos paisajes increíbles.   

El mejor recuerdo que tengo de Chihuahua, fue una mañana en la que me levantó mi padre de la cama todo emocionado y me pidió que me asomara al jardín de la casa. No se imaginan lo que sentí cuando vi todo blanco, todo el jardín cubierto de nieve. La alberca se había congelado y tenía una gruesa capa de hielo. Recuerdo que aun así nos mandaron a la escuela. Como les decía, mi escuela quedaba en una loma en donde no había nada más que la escuela, así que el camino se veía padrísimo. En la escuela había una capilla a la que nos hacían ir a orar cada semana, pues con todo y la nieve, nos hicieron caminar hasta la capilla que quedaba retirada de los salones de clase. Yo estaba encantado y ni el frió sentía. Por la tarde fuimos al parque de “Los Llorones” a jugar con la nieve.


Esto fue lo que vi desde mi ventana aquella vez que nevo.




Bueno, como les dije, yo solo tenía ocho años entonces, así que seguramente no son muy precisos los nombres y los lugares de los que me acuerdo, pero de lo que si estoy seguro, es que fueron días maravillosos los que pasé en Chihuahua. Al año mis padres se divorciaron y tuvimos que regresar mi madre, mi hermano y yo a vivir a México, pero mis amigos, aunque se quedaron físicamente en Chihuahua, siempre estarán en mi recuerdo.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!


* Este post está dedicado con todo mi cariño a mi gran amigo Luis (q.e.p.d.) y a su hermano Mateo.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Y arriba el norte!

Anónimo dijo...

Que bueno recuerdos, aunque yo aun estaba muy morrito me acuerdo muy bien y a mi hermano le daria mucho gusto ver como despues de tantos años lo recuerdas. Cuantas veces nos brincamos esa barda jajaja.
Te mando un fuerte abrazo y como siempre, te recuerdo que te sigo esperando por aca, para tomarnos unos tragos y recordar tantas cosas. Cuidate y gracias.

clementina dijo...

Esta bien padre, me gusto y ademas se me antojo una quesadillita.
Beso

yukio dijo...

la unica vez que viaje en tren tenia 3 años y tengo la vaga idea de que en el vagon con literas , las ventanas estaban polarizadas lo poco que recuerdo es que pasaban las luces de los postes , como si corrierar en sentido contrario , tengo duda sobre el auto de tu papa ? ford mustang Cobra 2 o Match one claro , super nave de aquel tiempo

jaime said dijo...

Si Yukio, era un Mustang Mach 1 Fastback... mi padre era amante de esa marca de carros. Cuando yo era muy chico mi padre tenia un Ford Falcon que yo recuerdo lo escuchaba como a un kilometro de distancia, sona padrisimo el motor. Despues lo vendio y siempre tuvo Mustang, y todos de ese color verde horrible.
Saludos.

YO dijo...

NO ES POR PRESIONAR, PERO YA HACE FALTA NUEVA ENTRADA.

Jesús F. Martínez H. dijo...

Estimado Amigo.

Me gusto sobremanera tus recuerdos de tu estancia en Chihuahua, lo de la feria es muy cierto, en 1974 yo tenia 13 años y estaba cursando la secundaria, pero a tu misma edad (8 años)también me llevaron a las feria que se instalaban en los terrenos donde se ubica actualmente la Fac. de Educación Física y posteriormente se ubico en los terrenos de fútbol que estaban a un costado de la casa del Gober.

Por esas fechas te comento que fueron años muy frios, recuerdo que ya desde agosto tenia que traer uno sweter y en septiembre ya era necesaria la chamarra.

Yo crecí en la colonia industrial, polo opuesto a SanFe, fueron años maravillosos. Las fotos de la ciudad corresponden a los fines de los 50's o los 60's, solamente en las que aparence tu hermano y tu mamá son de los 70's, lo comento por los autos que aparencen en ellas, son modelo 50's y 60's, el camión amarillo lo recuerdo con gran cariño, ya que este lo tomavamos en la juarez, concretamente donde estaba la librería "Palas Atenas"(por donde queda ahora el pasito, la fuente de la independencia y Bolivar tenia pescados de colores, es una de las avenidas donde nos llevaba mi padre de paseo.

Jaime recuerda que la ausencia es presencia viva en el recuerdo.

Saludos

JFMH

jaime said dijo...

Mi estimado Jesús, gracias por compartir tus recuerdos en este espacio. Tienes razón en lo de las fotos, quitando las que yo puse las otras son las que encontré en la red y son mas antiguas a las mías. Pasa el tiempo y yo sigo planeando regresar a mi querida Chihuahua pero por una u otra cosa no se ha dado ese reencuentro, pero lo haré. Un saludo y gracias por pasar por este sitio.

Anónimo dijo...

mi estimado tu eres lo aue se conoce como chilanguense por que a pesar de no ser de aqui te adaptaste y afoptaste esta ciudad y este estado como tuyos y la gente noble siempre es bien recibida en chihuahua. un abrazo mi estimado

jaime said dijo...

Uno nace en un lugar por accidente, el cariño y el amor por la ciudades y la gente que las habita ese lo da la vida y las experiencias y yo tengo muy gratos recuerdos de esta hermosa ciudad a la que algún día pienso volver para revivirla y redisfrutarla. Saludos a mis amigos de Chihuahua.