14 febrero 2011

Dinero maldito que nada vale

Lo mío lo mío nunca fue el ahorro. Cuando yo era un crió gastaba más que lija nueva, en cambio ahora… ¡pus igual!

Mis padres se esforzaron por cultivar en mí el bonito hábito del ahorro, pero nomás no pudieron. Recuerdo que todo el tiempo me estaban regalando alcancías, y yo en lugar de ponerme a ahorrar, las vendía y con eso me iba a comprar algo. Aprendí incluso a hacerle algo parecido a un legrado a mi “cochinito”. Tomaba un pasador (de esos para el cabello), y con una habilidad increíble, sustraía las monedas e incluso los billetes que mi madre me había obligado a ahorrar para comenzar a alimentar la alcancía.

Por otro lado, mi querido hermano Georgie era un ejemplo a seguir, él si era sumamente cuidado pal centavo. Él llegaba a juntar cantidades muy importantes de dinero con las que compraba cosas muy padres, yo que no era bueno para el ahorro pero si para el chantaje, ponía entonces mi mirada toda tierna y lastimosa (tipo Gato de Shrek) y así terminaban comprándome lo mismo sin tener que ahorrar. Ahora lamento no haber aprendido a ahorrar, mis arcas están vacías, ¡ah! pero eso si, jamás me pasará lo que le pasó a mi hermano.

Resulta que el otro día Georgie, sabiendo de mi incurable adicción por la nostalgia y el recuerdo, me trajo una de las alcancías que tuvimos cuando éramos un par de críos (yo tenía aproximadamente ocho años y el siete). Cada uno tuvimos una igual, la mía seguramente la vendí, pero la de él, está prácticamente igual a como cuando la vi por última vez hace como chigomil años. Era una cajita de metal en forma de un dólar que nos compraron a cada uno en una juguetería de Presidio (ciudad fronteriza de Texas), cuando vivimos en Chihuahua. Mi meticuloso hermano la conservó luego de todos estos años y ahora solo le falta el pequeño candadito que tenía para que se viera como nueva. Pero lo mejor de todo, es que me la trajo llena de billetes, de billetes antiguos que terminaron perdiendo valor por haberlos ahorrado tanto tiempo, pero también gracias a ello, adquirieron otro tipo de valor más apreciable para mí... el valor nostálgico.

Ahora les voy a mostrar la alcancía de mi infancia, junto con el dinero que celosamente ahorró mi hermano. Estoy seguro que muchos de ustedes recordaran la mayoría de esos billetes. Aclaro que, uno que otro de esos billetes, seguramente fueron conseguidos años más tarde por mi hermano, porque francamente ni Georgie ni yo somos tan viejos.





























Billete de ¡50 mil pesos! antes de quitarle los 3 ceros.

Cuando circularon al mismo tiempo los viejos pesos y los nuevos había mucha confución, así que en la tele salían anuncios como este para que la gente no se hiciera camote. Al poco tiempo fueron quitando los viejos pesos y listo, la gente terminó por acostumbrarse.





Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

3 comentarios:

Anónimo dijo...

a mi me daban una monjita de domingo!!!!

Atte. Piojo

jaime said dijo...

Si las monjitas eran los billetes de $1000, tons no cabe duda que eras pirrurris! jeje
A mi me daban $5 pesos, claro que eran otros tiempos... prehistoricos tiempos.

Anónimo dijo...

Ojala tengas mas fotos de los billetes esos que tenian muchos ceros!!! Todos eramos "millonarios" en esos tiempos jaja.
saludos.