27 febrero 2011

Recordando a 33 rpm


El otro día en uno de mis famosos ataques de nostalgia, se me ocurrió buscar unos documentos muy viejos pero harto interesantes de mi abuelo. Bueno, pues en esas andaba yo en el cuarto de los tiliches sufriendo con mi alergia entre tanto polvo, cuando de pronto… ¡tómala barbón!, me encontré uno de mis tesoros más queridos.

Era una caja inmensa de cartón, de esas que prometen revelar algo muy interesante tan solo por lo pesadas que son. Luego de mucho estornudar y de casi ocasionarme una hernia, logré sacarla del rincón donde se encontraba casi en el olvido. Sin perder más tiempo, rompí la cinta canela que la cerraba y la abrí esperando encontrar algo que valiera la pena… ¡y sí!

Ahí estaban en perfecto estado, como esperando el feliz reencuentro, mi colección de discos LP de acetato. Bueno, debo decir tristemente, que solo es una parte mínima y representativa de lo que llegó a ser mi colección de música. Lo que pasó fue que, un día de esos en que uno decide deshacerse de cosas por problemas de espacio, cometí la estupidez de tirar a la basura, muchos de los discos que tenía. Hoy me doy cuenta que fue un grave error, igual que muchos que cometí con cosas que ahora extraño a más no poder.

Sin embargo y después de todo, aquellos discos que ahora ya son historia en mi acervo musical, no eran precisamente unas joyas musicales dignas de ser preservadas. Se fueron a la basura discos de Vicente Fernández, Lorenzo de Monteclaro, Los Joao, Bronco, Cepillín, Fresas con Crema, Ángela Carrasco, Raffaella Carrá, Oscar Athie, Loco Mía, y muchas otras mugres como esas. Debo decir en mi defensa, que muchos de esos discos me los regalaron o eran propiedad de algún familiar que amablemente decidió donarlos a mi fonoteca. Como verán, creo que al tirar estos discos, le hice un gran bien a la humanidad.

Afortunadamente no me deshice de ninguno de mis discos de ópera, de música clásica y de jazz. También conservé por lo menos lo más representativo de la música disco, de la música de los ochentas y de los clásicos de todos los tiempos, por ejemplo: The Beatles, The Rolling Stones, Pink Floyd, Sinatra, etc. Y por su puesto que mis artistas favoritos son intocables, por lo que aun conservo todos mis discos de: Queen, Rod Stewart, Billy Joel, Serrat, José José, por solo decir algunos.


Algunos de mis discos de zarzuelas. La colección de Los Grandes Éxitos de
la Zarzuela los compre ya en el Mixup de Perisur.

En la Universidad nadie se escapaba de este tipo de música. Hasta a la fecha me
gusta mucho.

Los discos con varios éxitos eran muy buenos para las fiestas. Había unos que
se llamaban "Jugo de hits" que no podían faltar.

De mis preferidos, Love and Kisses con su éxito "How much I love you". Por
cierto que me encantaba esta portada tan "audaz".

Discos de música Disco setentera.

Súper fan de Rod Stewart. Aun tengo varios discos LP de él y uno que otro
cassette original.

Las recopilaciones de éxitos era lo mejor para comenzar a conocer a un grupo o
a un artista.

La música ochentera que aun escucho en Universal FM.

Lo primero que hice al sacar un disco de esa caja llena de tierra y polvo, fue, a riesgo de agravar mi alergia, sacarlo de su estuche y de su plástico, e inmediatamente después, olerlo, practicamente... inhalarlo. Y aunque ustedes no lo crean, por increíble que esto parezca, aun huelen a ese líquido en spray que usaba para limpiarlos y que venía con una franelita amarilla. De nuevo y como siempre, mi sentido del olfato me hizo viajar a través del tiempo. Nada más delicioso que el olor de un disco de vinilo nuevo, o en este caso, seminuevo.

Tomé unos cuantos de estos discos de 33 rpm casi al azar y corrí a donde tengo mi equipo de sonido para escucharlos. Mientras escuchaba a "Paul McCartney & Wings" con todo y las imperfecciones propias de un acetato, llegué a la conclusión, como todos los viejos, que aunque el sonido no es necesariamente el más óptimo, sí se escuchan  mejor estos discos análogos que los actuales medios digitales. El clásico “scratch” (rayón) de cada disco, es como una experiencia de vida para ellos, una cicatriz que seguro les recuerda algo en su larga vida musical. Recuerdo que para los casos extremos, cuando la “rayada” era tan considerable que incluso la aguja saltaba al pasar por ella, no había nada mejor, que poner una moneda de 5 centavos (un quinto) sobre la aguja y listo… ¡problema resuelto!


Estos discos transparentes y de colores ¡tenían mucha onda!

Los discos transparentes fueron de finales de los 70's y eran de música disco.

Cuando uno cambiaba la aguja del "tocadisco", habia que buscar la marca "Technics"
que eran de las mejores. Habían unas con punta de diamante (o al menos eso decían).

Alguna vez un experto melómano me dio un consejo el cual yo seguí al pie de la letra porque me resulto bastante lógico. Me dijo que lo primero que había que hacer luego de comprar un disco, era deshacerse del celofán que cubría el estuche de cartón del disco. La razón era que, con el calor, ese celofán se contraía y se ajustaba mucho, lo que a la larga podía llegar a deformar el disco. Lo segundo, era sacar el disco del plástico que venía adentro del estuche de cartón e igual, deshacerse de el. Este plástico solo servía para generar electricidad estática que atraía mucho polvo al disco y distorsionaba el sonido. Por su puesto que cuando algún amigo me veía hacer esto, lo primero que pensaba, era que yo era un estúpido que no cuidaba mis discos… ¡con la pena, pero no!


Discos como este traían la música mezclada ¡como en las mejores discotheques!

A mucha música clásica o de ópera se le hacían arreglos modernos. Recuerdo
la serie de discos llamada "Atrapado en los Clásicos". Por cierto, ¡ojo con el
arte del disco!

Comprar un disco, un buen disco, era todo un evento. Había que hacerse acompañar de un buen amigo para que atestiguara ese acto tan generoso con el arte. En ese momento, ese amigo se convertía en el “padrino” del disco y tenía el privilegio de poder pedirlo prestado, claro, garantizando al 100% la integridad del mismo. Cualquier disco se podía comprar en el “Mercado de Discos”, en “Discolandia”, en “Vendimusic”, en “Aurrera” o incluso en “El Sardinero”, pero un buen disco, no, ese había que buscarlo en tiendas especializadas, tiendas que vendían incluso discos de importación. Recuerdo que mi preferida era “Sonido Zorba” en la Zona Rosa (en la calle de Genova si no me equivoco). En este lugar, había la posibilidad de que le probaran a uno el disco que iba a comprar, cosa que no en todas las demás tiendas de discos se podía hacer. Otro lugar en donde yo acostumbraba comprar mis discos y del que no recuerdo bien su nombre, estaba en Perisur, justo debajo de las escaleras eléctricas que están frente al Palacio de Hierro, posiblemente también era un “Zorba”.

Un disco de importación costaba una buena lana, así que realmente no tuve muchos de esos. A veces, en lo que conseguía el dinero, lo que hacía era esconder el disco cambiándolo de lugar, allá a donde nadie buscaba. Luego de unos días regresaba con el dinero y ahí estaba esperándome. Comprar un disco era sumamente emocionante, ya que a veces nos permitia escuchar por primera vez las canciones completas. En el radio normalmente las cortaban porque las canciones solo duraban entre tres o cuatro minutos. Muchas rolas de música disco por ejemplo, eran más largas, duraban más de cinco minutos, así que para escucharlas completas había que comprar el disco.  

Los discos sencillos tenían solo una canción por cada lado y había que tocarlos
a 45 PRM.

Pero bueno, hasta aquí le dejo porque tengo muchos discos por delante que escuchar antes de volver a guardarlos. Dejaré unos cuantos a la mano, para demostrarle a las nuevas generaciones (lease mi hija), lo maravillosos que eran estos discos de acetato, con todo y su "imperfecto" sonido.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!
 
 

14 febrero 2011

Dinero maldito que nada vale

Lo mío lo mío nunca fue el ahorro. Cuando yo era un crió gastaba más que lija nueva, en cambio ahora… ¡pus igual!

Mis padres se esforzaron por cultivar en mí el bonito hábito del ahorro, pero nomás no pudieron. Recuerdo que todo el tiempo me estaban regalando alcancías, y yo en lugar de ponerme a ahorrar, las vendía y con eso me iba a comprar algo. Aprendí incluso a hacerle algo parecido a un legrado a mi “cochinito”. Tomaba un pasador (de esos para el cabello), y con una habilidad increíble, sustraía las monedas e incluso los billetes que mi madre me había obligado a ahorrar para comenzar a alimentar la alcancía.

Por otro lado, mi querido hermano Georgie era un ejemplo a seguir, él si era sumamente cuidado pal centavo. Él llegaba a juntar cantidades muy importantes de dinero con las que compraba cosas muy padres, yo que no era bueno para el ahorro pero si para el chantaje, ponía entonces mi mirada toda tierna y lastimosa (tipo Gato de Shrek) y así terminaban comprándome lo mismo sin tener que ahorrar. Ahora lamento no haber aprendido a ahorrar, mis arcas están vacías, ¡ah! pero eso si, jamás me pasará lo que le pasó a mi hermano.

Resulta que el otro día Georgie, sabiendo de mi incurable adicción por la nostalgia y el recuerdo, me trajo una de las alcancías que tuvimos cuando éramos un par de críos (yo tenía aproximadamente ocho años y el siete). Cada uno tuvimos una igual, la mía seguramente la vendí, pero la de él, está prácticamente igual a como cuando la vi por última vez hace como chigomil años. Era una cajita de metal en forma de un dólar que nos compraron a cada uno en una juguetería de Presidio (ciudad fronteriza de Texas), cuando vivimos en Chihuahua. Mi meticuloso hermano la conservó luego de todos estos años y ahora solo le falta el pequeño candadito que tenía para que se viera como nueva. Pero lo mejor de todo, es que me la trajo llena de billetes, de billetes antiguos que terminaron perdiendo valor por haberlos ahorrado tanto tiempo, pero también gracias a ello, adquirieron otro tipo de valor más apreciable para mí... el valor nostálgico.

Ahora les voy a mostrar la alcancía de mi infancia, junto con el dinero que celosamente ahorró mi hermano. Estoy seguro que muchos de ustedes recordaran la mayoría de esos billetes. Aclaro que, uno que otro de esos billetes, seguramente fueron conseguidos años más tarde por mi hermano, porque francamente ni Georgie ni yo somos tan viejos.





























Billete de ¡50 mil pesos! antes de quitarle los 3 ceros.

Cuando circularon al mismo tiempo los viejos pesos y los nuevos había mucha confución, así que en la tele salían anuncios como este para que la gente no se hiciera camote. Al poco tiempo fueron quitando los viejos pesos y listo, la gente terminó por acostumbrarse.





Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

08 febrero 2011

Gastando mi domingo en el "estanquillo" de la esquina...




Cuando yo tenía 9 o 10 años de edad, recuerdo que mi Inmortal Abuela me daba cada semana, una monedota de ¡5 pesos de domingo!. Con esa impresionante cantidad de dinero, corría al “estanquillo” de la esquina a comprar los “víveres” que me iban a acompañar a lo largo de toda la tarde del domingo. Imagínense el poder adquisitivo de entonces, que con esos 5 pesos, yo podía comprar tal cantidad de cosas, que la encargada del “estanquillo” (la tiendita) tenía que darme una “bolsita” para podérmelas llevar a casa. El problema de cada semana, era el poder decidir que golosinas me iba a embutir en el transcurso del día. Seguro se han fijado, que a los niños de esa edad, todo lo que ven en la tienda les gusta. Pero con el tiempo, nosotros los adultos, cuando nos paramos en una tienda, solo vemos: harinas refinadas, saborizantes artificiales, edulcorantes, pintura vegetal, sodio en gran cantidad, y mucha, mucha azúcar y grasa. Pero en ese entonces, como les digo, yo era un crío al cual nada de esto le importaba, entonces, simplemente me dejaba llevar por mi instinto y mi intuitiva ¡tripa!.

Haciendo un ejercicio de memoria, de esos que me chiflan y a los cuales los amargados les llaman despectivamente “nostalgia”, me puse a recordar qué era lo que me gustaba comprar en esos años y que ahora difícilmente encuentro en el estanquillo (ahora OXXO) de mi calle. Seguro que si ustedes, al igual que yo, son unos “adultos contemporáneos en avanzado estado de putrefacción”, los recordaran con “nostalgia”:

- En la Sección de Chicles (la preferida de mi dentista), se podían encontrar los todavía hasta hace poco famosos chicles “Motitas”. Otros tan populares como estos, eran los chicles “Canguro”, que seguro muchos recuerdan. Pero los que a mí me chiflaban, eran los chicles de “Superman” y de “Batman”. Estos chicles eran cuadraditos, y lo genial era que venían envueltos en una papelito que por dentro tenía un mini “comic”, con una historieta de Superman o de Batman. No podemos dejar de recordar los famosos chiclosos “Kory”, que sin duda fueron el terror de muchas amalgamas mal puestas por los dentistas. De mis preferidos eran los “Sugus”, que por cierto, yo tenía la habilidad de lograr meter todos los “Sugus” que venían en el paquetito a mi boca, ¡al mismo tiempo!… ¡mmm!. Mas tarde, ya cuando yo era un poco mayor, salieron los famosos chicles “Futy Gom”, con el famoso “Villano Reventón” en sus comerciales. Otros chicles de los que casi nadie se acuerda, son los chicles “Flecha”. No olvidar los chicles “Bubbaloo” con centro liquido.

Chiclets Motitas (el mejor era sabor a platano).

- En la Sección de Polvitos había unos sobrecitos que se llamaban “Correcaminos”. Era un polvito agridulce muy sabroso y venia en varios sabores (piña mi preferido). Por su puesto, seguro que están pensando en los adictivos “Salim”, “Miguelito” y “Chamoy”. El “Chamoy” se podía conseguir liquido o en polvo. Seguro que la mayoría lo preferíamos en polvo, de esta manera, podíamos introducir en el paquetito una rica paleta de dulce previamente babeada, y así darle un rico toque picosito.

Miguelito en polvo y liquido ¡una delicia!

- En la Sección de Dulces, recuerdo entre tantos, a mis queridas “Cerbatanas”. Eran unos popotes llenos de chochitos, los cuales depositaba en una bolsita para usarlos como “arma de fuego de alto calibre” en contra de los glúteos de mis latosos primos. También habían unos dulces marca “Bocati” bastante sabrosos. Otros de mis preferidos eran los “Selz Soda”, que tenían en el centro un polvito bastante vacilador y efervescente. Las paletas “Tutsi Pop” con su chiclote en el centro y que aun se venden, también eran muy solicitadas. De esta misma marca eran los Tutsi Roll, unos chiclosos largitos y muy sabrosos. Uno de los dulces que más extraño y que inexplicablemente desaparecieron, eran los “Salvavidas” (si no tienen hoyo, ¡no son salvavidas!). Para hacer “caras” mientras nos los comíamos, estaban las “Aciditas”. También me acuerdo de las famosas “Palelocas”, con una carita dibujada en su envoltura. Unas pastillitas que no recuerdo su nombre, pero que venían en una bolsita y tenían la forma de corazoncitos, también eran indispensables. De las paletas de dulce, como olvidar los “Chupirules”, que tenían la capacidad de deformase y alargarse en la medida que los íbamos chupando. Picoso y acidito era el “Pulparindo”, y con gusto vi que aun existen, ya que en una fiesta infantil los descubrí en las bolsas de dulces que dan a los niños.

Las PALE-LOCAS, dos en cada palito.

Pastillas de caramelo Salvavidas (si no tienen hoyo,
no son Salvavidas)

- En la Sección Fría, no podían faltar las “Congeladas”, que fueron las precursoras de los actuales “BonIce”. Habían unas paletas muy buenas que se llamaban “Vampiro” de “Bambino”, eran ideales cuando hacia calor. Incluso había unas paletas “Bambino” que tenían chicle en la parte de adentro. De esta sección fría, a mi me encantaban los “Raspaditos” de “Holanda”, que venían como en un triangulito y que terminaban por pitarte la lengua de colores (sobretodo el de uva, mi preferido).

Congeladas de rompope, limón y grosella.

Helados Danesa 33.

- En la Sección de Chocolates, el rey de todos era el “Carlos V”. Más adelante salieron el “Cacahuatoso” y el “Cajetoso”, que eran ya mas sofisticados que la simple barra de chocolate con leche que era el “Carlos V”. Los pirrurris, acudían al Sanborn´s a comprar los chocolates “Tecolote”, “Cocolete” y “Manicero”. Unos que a todos les gustaban, eran los “Kranky” de “Ricolino”. Había un chocolate que a mí nunca me gusto, como que me dolían las muelas cuando lo comía, se llamaba “Toblerone”, y también se encontraba mucho en las dulcerías de los cines (como en el “Dorado 70”, el “Pedro Armendáriz” o en el “Manacar”). Otro que odiaba porque se me pegaba en las muelas, era el “Almonris”.

Cajetoso de Carlos V, ahora de Nestle.

Manicero, junto con el Tecolote y el Cocolete, fueron
los chocolates estrellas de Sanborn's.

- De la Sección de Pastelitos y Galletas, recuerdo el “Negrito” de “Bimbo”, que no era más que un pan sin chiste cubierto de chocolate, el cual por cierto, odiaban los miembros activos del Ku Klux Klan. Los adorados “Tuiky Wonder” que hace mucho no veo, eran muy buenos y además venían con personajes de Hanna Barbera o cochecitos para armar. Yo siempre preferí los “Tuinky” a los “Submarinos”. Los “Flipys”, venían cubiertos de chocolate y en la envoltura aparecía un delfín con gorra de marinero. Otros de mis preferidos eran los “Bombonetes” y las galletas “Plativolos” de “Marinela”. Por su puesto que mis preferidas desde entonces ya eran los “Triki-Trakes” de “Marinela”. Los “Gansitos” venían con un palito de madera para meterlos al congelador y luego comérnoslos como paletas.

El Flipy nunca me gustó, pero el delfín del empaque era
muy simpático.

Tuinky Wonder ¡que rico pastel!

- En la Sección de Frituras, recuerdo como me encantaban las “Pizzerolas” de “Sabritas”, redonditas y con sabor a queso y tomate. El resto de las frituras de “Sabritas” y de “Barcel” creo que aun existen, por eso no nombraré más. Las frituras de “Cazares” siempre fueron geniales por el chilito que le ponían.

Las Pizzerolas... ¡regresaron!

- En la Sección de Refrescos, ¿recuerdan la “Fiesta Cola”?, gacha gacha gacha, nunca pegó. Las preferidas de los niños, eran sin duda las “Chaparritas”. Las originales que venían en unas botellas chiquititas y pachonas, se podían encontrar en varios sabores (de nuevo piña era mi preferida). Todavía, hasta hace poco, en los carritos de hotdogs las podíamos encontrar en su botella de vidrio, ahora creo que ya solo las hacen en botella desechable. Este refresco junto con los “Boing” de triangulo ¡con popote!, eran la bebida oficial en las fiestas infantiles (el “Frutisi” todavía ni existía). También podíamos encontrar en los refrigeradores, los exquisitos “Pato Pascual” (ya se veía venir mi amor por el Pato Donald). El “Orange Crush” venía en su botella de vidrio con “estrías”, y todos estarán de acuerdo conmigo, que cuando cambió la botella cambió el sabor. Otros refrescos corrientitos pero muy ricos que podíamos encontrar, eran el “Trébol”, los “Jarritos”, la “Lulu”, el “Titán” y cuando íbamos de vacaciones a Acapulco, la “Yoli”. Estos aun existen y de vez en cuando nos podemos tomar uno para recordar. La “Mirinda” hizo su aparición por aquellos años, en una botella grande y larga para los sedientos como yo. ¿Recuerdan el anuncio donde salía una chica estilo la Mujer Maravilla cantando “soy Mirinda y te vengo a refrescar…”?.

Chaparritas del Naranjo en su original mini envase de vidrio.

Lulu de naranja, piña y toronja.

- En la Sección Prohibida para Niños, estaban los cigarros y las cervezas. Recuerdo unos cigarros que fumaba mi mamá que se llamaban “Kent”, tenían un curioso hoyito en el filtro. La gente viciosa pero sin varo, tenía que fumar “Carmencitas” (este nombre seguro tiene que ver con la ópera de Bizet). Otros igual de baratos eran los “Faros”, “Alas”, “Tigres” o “Delicados”. Mi Inmortal Abuela, le metía a los “Winston” y mi padre a los “Raleigh”. Mi tío que era más exótico en sus gustos, fumaba “Phillips Morris”, y luego cambio a “John Player Special” para terminar finalmente fumando "Camel". Otro de mis tíos fumaba "Commander" porque el anuncio decía: "Para hombres de verdad". Por otro lado, existía una cerveza de nombre “Brisa”, la cual anunciaban Pompín Iglesias, Mauricio Garcés y Flavio. El eslogan de esta cerveza era “Brisa... ¡que bien cae!”. Otra cerveza que se consumía por aquellos tiempos, era la “Bavaria”, que creo igual desapareció.



Cajetillas de Cigarros antiguos.

Cerveza Bavaria.
Cerveza Bavaria.

Cerveza Brisa.


En fin, creo que por hoy fue suficiente ejercicio mental. Ahí les encargo que si ustedes recuerdan algo que se me haya pasado, me lo hagan saber para enriquecer mi “golosa” y “nostálgica”… memoria.


Los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!