23 diciembre 2011

Aviso al Respetable

A todos los enfermos incurables de nostalgia que visitan este blog, les deseo que tengan una fantástica e inolvidable... ¡Feliz Navidad
recuerden, los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!

13 diciembre 2011

Radio City Christmas Spectacular, ¡una navidad gabacha!


Ahora que estamos en la bonita temporada navideña, mis neuronas y un servidor estábamos recordando que no hace mucho tiempo se presentó en esta nuestra bicicletera ciudad de vanguardia, uno de los show (espectáculos, para los que fueron en escuela de gobierno) más piochas que jamás haya visto. Me refiero por su puesto, al “Radio City Christmas Spectacular”.


Tuvieron que pasar 66 añotes (al tipo de cambio gabacho) para que este impresionante espectáculo llegara a tierra azteca, corrijo, a México (si, porque cada vez que digo “azteca” muchos piensan en la televisora del Ajusco y así francamente se apelada mi Blog). Bueno, pues fue en 1999, unos días antes del famoso “Milenio”, que se presentó el Radio City Christmas Spectacular en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.





Para los jodidos clasemedieros tipo “prole” (como yo) que no tenemos la oportunidad de viajar a la “ciudad de los rascacielos” (como dirían los clásicos), aquello fue una gran oportunidad de sentir el bonito espíritu navideño al estilo gabacho. Decía la publicidad que 35 millones de personas habían disfrutado ya de ese espectáculo neoyorkino, por su puesto que dentro de ese mundo de gente no me podía contar yo, así que no lo pensé más y en friega conseguí mis “tickets” para asistir puntual al evento.


Aquel espectáculo que se originó en 1933 cuando el Radio City Music Hall empezó a presentar pequeños shows navideños de apenas 20 minutos como apertura para la proyección de peliculas, al final terminó por convertirse en uno de los espectáculos más fregones que yo haya visto relacionados con la navidad.


Recuerdo un número titulado “La Navidad en Nueva York”, en donde aparecían en el escenario un grupo de patinando sobre hielo mientras de todo lo alto caía nieve sobre ellos. Aquello era similar a todas esas escenas que hemos visto en las películas en donde los gringos acuden a patinar al Rockefeller Center de New York.


Otro número que no podía faltar era “El sueño de una niña”, parte importante del famosísimo ballet El Cascanueces de Tchaikovsky. En esta escena, un impresionante y gigantesco árbol navideño aparecía en escena dejando a todos con la boca abierta; nada que ver con la porquería que yo acostumbro poner en la Domus Saidiana (mi casa) y que viene de las lejanas tierras de Amecameca. Alrededor de este impresionante árbol, un grupo de muy buenos bailarines hacía sus evoluciones junto con unos simpáticos osositos de peluche y demás juguetes. La verdad todo aquello era bastante fregón, y con la música de El Cascanueces, pues ya se podrán imaginar.


Uno de mis números favoritos fue, sin temor a equivocarme, el clasiquísimo “Desfile de los Soldados de Madera”. Aquí es donde se realiza el famoso baile de precisión de las Radio City Rockettes, ya saben, ese donde butimil güerotas levantan la patita al mismo tiempo, formaditas una a lado de la otra. No hay nada más clásico en el Radio City Music Hall que esto, hasta se antojaba colarse en la fila para jotear un ratito levantando la patita al mismo tiempo que las soldaditas esas.






Recuerdo que a los críos les encantaba otro número llamado “El Taller de Santa”, porque aparecía en escena el famoso barbas blancas, no, no me refiero al Jefe Diego, me refiero a Santa Claus. Yo, he de reconocer, que la verdad en este caso si soy medio malinchista, y es que siempre me ha gustado más Santa Caus que los Reyes Magos (y que conste que soy antiyankee). A mí, no sé ustedes que opinen, siempre me ha parecido más tierna la imagen del adiposo viejito de traje rojo que la del trío interracial.


Como verán, todo aquello era hermoso, alegre, mágico, en resumen ¡bien piocha! Pero lo mejor venía al final. Para un gran cierre de un gran espectáculo, no podía haber nada mejor que el número titulado “La Navidad Viviente”. Una voz en off comenzaba narrando la vida de Jesús, mientras en escena, se escenificaba el peregrinar de José y María tras de un enorme telón translucido. El texto, los efectos de luz y la música, eran perfectos y, junto con el espectáculo visual, hacían que a uno se le enchinara la piel. Al final del número, se escenificaba el nacimiento de cristo con todo y la llegada de los Reyes Magos. Aquello era impresionante, incluso aparecían en escena un elefanta, un camello y un caballo… ¡pero reales! Yo que soy más chillón que Doña Libertad Lamarque o Vicky Ruffo, la verdad se me salían las lágrimas de la emoción.






Así terminaba aquel impresionante y conmovedor espectáculo, con la lagrima y el moco de burbuja presente en más de uno de los presentes. Uno salía de ahí con el espíritu navideño a todo lo que daba; ni el más Grinch, ni el más Scrooge, podían abstraerse de ese bonito ambiente de paz y amor. El socorrido merchandising nos esperaba afuera del auditorio para poder adquirir el bonito souvenir. Además, afuera del Auditorio, se ponía una pista de hielo (mucho antes de las de Marcelo) para todos los que se habían quedado con las ganas de patinar en Rockefeller Center.


Lo triste, lo lamentable del asunto, fue que, por más inverosímil que esto parezca, la gente con el tiempo comenzó a perderle interés al show y este terminó por no regresar más, luego de presentarse por solo algunos años (tres, creo). Ahora, el guapo que quiera ver este bonito show, va a tener que agarrar sus nalguitas aztecas y llevarlas hasta New York, con todo y la monserga que esto implica. Ojalá nuestro gusto comenzara a ser un poquito mas “limadito” (como dice mi Sacrosanta madre) y apreciáramos mejor este tipo de espectáculos de primer mundo, que como muchos más, por el desinterés del respetable terminan por no regresar. En fin, aprovecho para desearles bonitas fiestas y un encarreradísimo maratón Lupe-Reyes. ¡Salud!



Los tiempos pasados no fueron mejores… pero sí más chidos.

08 noviembre 2011

Son mis juguetes... y no los prestooo



Amigo lector, si tu no eres un adulto contemporáneo como yo, o sea un ruco mayor de 35 años, creo que este post no te va a interesar, así que corre por tus papás y siéntalos a leer esto y veras la cara de nostalgia que van a poner… luego procede a burlarte de ellos como Dios manda. Pero tú, que tienes más de 35 años, seguramente te va a encantar esto, porque no hay nada mas chido que recordar, que echar a andar nuestra nostalgia y volver a vivir nuestros “wonder year”. Para ello me voy a permitir hablar en este post de nuestros juguetes de la infancia. Solo hay que transportarse a aquellos días en que corríamos muy temprano por la mañana a ver que nos habían dejado los Reyes Magos (por aquellos tiempos Santa Claus nomás no figuraba como ahora). No importa si tus jefes, ¡perdón!, si los Reyes Magos tenían mucho o poco billete, seguramente en alguna ocasión llegaste a recibir por lo menos alguno de los juguetes de los que voy a hablar. Además, nunca faltaba el amiguito al que siempre le traían lo que pedía y al cual gustosamente corríamos a visitar con la intención de jugar con sus regalos, para luego, “accidentalmente”, rompérselos por presumido y envidioso. Así que quieras o no, seguramente fuiste feliz jugando con alguno de estos juguetes y por lo tanto, estoy seguro, que te va a traer muy buenos recuerdos este mamotreto.

Nota. Es larguísimo este post, así que lo pueden leer en partes o buscar el juguete que les traiga mejores recuerdos. No esperen buena ortografía porque no pienso perder el tiempo revisándola, suficiente tiempo voy a perder escribiendo el post jeje.

Para empezar a echar a andar la ardilla y activar la memoria, les voy a poner la letra de algunos “jingles” (son esas canciones que acompañaban los anuncios en la tele), espero que al leer la letra ustedes recuerden como iba la tonada (la musiquita pues). A ver cuantos recuerdan:

- “Son bonitos, son durables, son juguetes Plastimarx”
- “Con juguetes Mi Alegría, siempre felices estamos, con juguetes Mi Alegría, aprendemos y jugamos”
- “Llora y llora y mueve sus manitas, solo se consuela llevándola a comer, a dormir, a bañarse, es Lagrimitas Lili… en su estuche para ti”
- “Soy Fabiola, la muñeca que camina por si sola…”
- “Pinky camina solita… en su estuche para ti”

Estos son algunos jingles de los que me acordé, el primero era uno de mis preferidos, porque junto con la marca “Lili Ledy”, “Plastimarx” era una de las dos marcas que se la rifaban por aquellos años. Pero bueno, ahora si vamos a recordar algunos de los juguetes más famosos de aquellos tiempos.


La Tirapapas

Recuerdo muy bien que esta letal arma la anunciaba en Canal 8 Jorge Gutiérrez Zamora, quien era un locutor que se encargaba de presentar los programas de ese canal, algo así como el Tío Gamboín o Rogelio Moreno en el canal 5. Jorge Gutiérrez Zamora tenía un personaje que fue harto famoso por aquellos lejanos años, se trataba de una calavera que daba consejos a los niños para que comieran bien y no estuvieran “tatanecos”, por su puesto que me refiero a la famosa “Calaca Tilica y Flaca”. Bueno, pues con él fue que vi por primera ves la famosa “Tirapapas”. La “Tirapapas” era una pistola de metal bastante burda y pesada que bien podía, de un cachazo, descalabrar a tu primo cuando te molestaba. Pero además de estas funciones descalabradoras, también funcionaba como pistola al introducir en la punta del cañón una papa, parte de la cual quedaba atrapada dentro del cañón para luego salir expulsada al accionar el gatillo. Así que siempre había que cargar una papa en la otra mano para estar cargando la “Tirapapas” y así poder organizar un bonito tiroteo al más puro estilo de “La Familia Michoacana” o “Los Zetas”. Después de algún tiempo, la pistola comenzaba a despedir un olor medio gacho una vez que los trozos de papa atrapados en el cañón comenzaban a descomponerse, pero todo ello era parte del juego y a nosotros los chavos armados con complejo de sicarios, eso nos valía queso. Por cierto, dentro del programa de Jorge Gutiérrez Zamora también se anunciaba otro juguete económico, como esta pistola, que me encantaba. Se llamaba el “Espumarama”, el cual era una especie de pipa grande que al final tenía una esponja la cual se llenaba con jabón, que al soplarle, generaba un chorizote de espuma blanca. Como verán era algo estúpido el juguete, pero todos queríamos tener uno.






El Vertibird

Este quizás fue mi juguete preferido. Era un helicóptero que en realidad volaba alrededor de una base que lo sostenía con un eje. Tenía dos controles, uno era para hacerlo subir y bajar y el otro lo inclinaba hacia adelanta o hacia atrás lo cual le permitía moverse hacia adelanta o en reversa. El Vertibird tenía un gancho en la parte de abajo que le permitía cargar una pequeña canastilla, por lo que uno jugaba a engancharla y llevarla de un lado a otro. Realmente era increíble este helicóptero con el que yo pasaba horas y horas jugando… ¡ah! pero lo más divertido, era ver a mi perro tratar de morderlo y llevarse sendos “madrazos” en el hocico cada vez que las hélices lo golpeaban. El tamaño de este helicóptero era el adecuado para jugarlo junto con los cochecitos Hot Wheels.






El Hornito Mágico

Por su puesto que yo nunca tuve uno, pero mis amiguitas de la cuadra si, así que todos corríamos a que estas futuras “chepinitas peraltas” nos prepararan uno de esos famosos pasteles en sus Hornitos Mágicos. Y ahí estábamos como pendejos, horas y horas esperando a que un mugre foco que tenían en el interior estos hornitos, generara el suficiente calor para cocinar un mendigo pastel del tamaño de una trinche galleta Oreo. Como veíamos que no había para cuando terminara de cocinarse el pastelito, generalmente optábamos por abandonar a la novel cocinara y nos dirigíamos a la tiendita por unos deliciosos “Twinky Wonder”, pa’ quitarnos el antojo y volver a nuestros juegos de hombres. Por cierto que en estos pastelitos que aun hace la fabrica “Wonder”, se encontraban colecciones de figuritas bastante padres, y entre ellas la que más recuerdo, son la de los personajes de Hanna Barbera. En esta colección estaban los personajes de “Don Gato y su Pandilla”, “Los Picapiedras”, “Huckleberry Hound”, “Los Supersonicos” y “El Oso Yogi”, entre otros muchos más. Luego esta colección se convertía a su vez en un juego, donde nos poníamos frente a uno de nuestros amigos en el suelo junto con las figuras y jugábamos a tirarlas con una canica, el que derribaba todos los monitos del contrincante ganaba.




Figuritas de Hanna-Barbera que salían en los Twinky Wonder.



El Espirógrafo

Este era un juego que servia para hacer dibujos medio psicodélicos. Consistía en una especie de ruedas y aros con engranes que se fijaban a una hoja blanca y se hacían rodar otros con una pluma insertada en un orificio. Al girar la pluma iba haciendo dibujos bastante fregones los cuales se veían mejor usando plumas de diferentes colores. Este era un juguete relativamente accesible por lo que la mayoría lo teníamos. Lo que más me gustaba, eran una especie de chinches o agujas con cabezas redonditas que servían para fijarlo al cartón con la hoja de papel. Por cierto que estas como pequeñas agujas era lo primero que perdíamos y luego sufríamos para sostener los aros a las hojas.





La Pista Scalextric

Este si era un juguete para privilegiados porque costaba un buen billete, así que los Reyes Magos tenían que tener un buen trabajo en sus ratos libres para poderse mochar con una de estas pistas. Claro que habían diferentes circuitos, o sea que venían en diferentes tamaños y por lo tanto precios, pero la más fregona que es la que tenía un amigo, venía hasta en una especia de maleta de madera como estuche y era bastante grande (y harto cara). También se vendían los coches y los tramos de pista por separado, para ir haciéndola crecer hasta que el bolsillo y la generosidad de los papás aguantara. Había también muchas pistas “alternativas” para jodidos como yo, pero la “neta” eran sin duda las “Scalextric”, aunque muchos nos tuvimos que conformar con alguna de las otras más piratitas.





Los Madelman

Los muñecos Madelman, eran unos muñecos más pequeños que los G.I. Joe. Yo tuve uno que venía enfundado en un traje como polar de pana con peluche en la capucha y equipado con unos esquís de nieve y un rifle. Lo curioso de este muñeco, es que como era una escala más pequeña que los G.I. Joe (Aventureros de Acción), cuando jugábamos con los dos al mismo tiempo, parecía que se habían unido a la misión de los G.I. Joe, la “Parkita” y “Espectrito” por enanos. Lo que más me llamaba la atención de los Madelman, eran los ojos que parecían bastante reales. Por cierto, lograr que estos muñecos se pararan y sostuvieran a la vez su arma, era una labor que nos podía llevar toda la tarde y ni hablar de quitarles o ponerles las botas.





El Kid Acero

Este era otro muñeco muy vendido por aquellos tiempos. El había sido educado en las artes marciales, por lo que en la espalda tenía un mecanismo que al accionarlo (apretarle la espalda), movía su brazo derecho de arriba hacia abajo como todo un karateca. Tenía la particularidad que pocos sabían, de que si le doblaba uno el brazo a la mitad le crecía el “conejo” del brazo, lo cual era muy útil para seducir a las Barbies de nuestras amiguitas. Lo vendían solo o con algún equipo o vehículo. Yo tuve una especia de lancha para pantano que venía con un cocodrilo que mientras caminaba la lancha, el cocodrilo movía la cola y las fauces coquetamente. También tuve otro que venía con una águila, la cual tenía en una pata un mecanismo que le permitía mover las alas. Este Kid Acero podía sostener el águila en el brazo previamente cubierto por un guante largo para protegerlo de las feroces garras del tremendo pajarote. Este Kid Acero venía con barba aunque el original no tenía. Normalmente traían dentro de su equipo algo para romper con su brazo, podía ser una tabla de madera o unas varas de bambú. No recuerdo muy bien, pero casi estoy seguro que tuve uno que tenia parte o todo el cuerpo “cromado”, creo que era el villano a vencer y también creo que hasta venía con una mascara para tapar lo cromado de su cara. La escala del Kid Acero estaba entre la del Madelman y la de los G.I. Joes.







Los G.I. Joe o Aventureros de Acción

Sin duda estos eran los “jefes de jefes” de los muñecos con los que jugábamos. En Estados Unidos eran conocidos como G.I. Joe, pero aquí los conocimos como “Aventureros de Acción” o “Muñecos de Acción” y los vendía Ledy (Hasbro en E.U.). Los primeros que salieron en México fueron unos que ya traían la barba y el pelo “natural” (no dibujado). La característica que los distinguía, era su placa en el cuello colgando de una cadena que los identificaba en sus misiones y una cicatriz en la mejilla. Después de los primeros muñecos salió uno mejorado al cual se le conocía como Aventurero de Acción con “Agarre Kung Fu”, el cual tenia los dedos de las manos más flexibles lo que hacía más fácil que sostuviera alguna arma o accesorio. Se dividían en tres grupos los que se vendían en nuestro país, el de “Aire”, el de “Mar” y el de “Tierra”. El de aire era rubio y venía con un traje anaranjado o uno azul con franjas amarillas, un casco con anteojos que se deslizaban hacia abajo del casco y algo de equipo, este fue uno de los que yo tuve. El de “Tierra” tenía su uniforme con camuflaje y el pelo café. Pero el más padre de todos fue el “Aventurero Parlante”, el era el Comandante en Jefe quien daba las ordenes para la misión cada vez que jalábamos un hilo con un pequeño aro que salía de su espalda. Uno de los vehículos más padres que tuve de los G.I. Joe, fue su Helicóptero Amarillo, el cual tenía un mecanismo para hacer girar sus hélices (que generalmente se salían y había que volver a colocarlas). Este Helicóptero tenía en la parte de abajo una especie de “malacate” que permitía que bajara un gancho sostenido de un cable para remolcar cualquier cosa. La escala del G.I. Joe o los Aventureros de Acción, era la perfecta para poder tener relaciones (de cualquier tipo) con las Barbies.











Hombre Nuclear y Sargento Stony

El Hombre Nuclear fue un muñeco muy vendido gracias a la serie de televisión. Tenía un orificio en la parte de atrás de la nuca que nos permitía ver a través de su cabeza y su ojo con un mini lente de aumento. También tenía un brazo que subía poco a poco mientras apretábamos un mecanismo en su espalda. En dicho brazo tenía una especie de ventanita que nos permitía ver el mecanismo de su brazo “biónico”. Vestía uno traje anaranjado con unos tenis, igual al que mostraba en la serie de televisión cuando salía corriendo al principio. El Hombre Nuclear, por su tamaño (escala) y sus características de “súper fuerza”, era el único que se podía “surtir” a los G.I. Joe, así que estos soldaditos le tenían mucho respeto al Coronel Steve Austin. Por otro lado estaba el famoso Sargento Stony, nada más y nada menos que de la marca “Plastimarx”, que más que muñeco de acción parecía una estatua, porque no podía doblar las piernas ya que estaban rígidas. Contaba con muchísimo equipo: armas, cascos y gorras militares, equipo de comunicación, equipo de supervivencia, etc., pero era un inútil por su problema de discapacidad, ya que se parecía a José Manuel Zamacona de los Yonic’s. Por cierto que no tenía ropa intercambiable ya que esta ya venía “dibujada” al cuerpo. Lo único que valía la pena del Sargento Stony era todo el equipo que irremediablemente pasaba a formar parte del arsenal de los G.I. Joe.








El Mighty Mike

Era una mezcla entre un Vehículo Lunar como el que llevó el Apolo a la Luna en alguna de sus misiones y un Jeep. Funcionaba con baterías y era fantástico porque podía subir y bajar obstáculos. Podía incluso hacer equilibrio en dos llantas colgando de un puente. Este cochecito blanco de unos 10 cm. de largo, definitivamente también era uno de mis preferidos.







Los Seamonkeys

Estos bichos más que juguetes eran una especie de mascotas extrañísimas para niños extrañísimos como yo. Recuerdo que los vendían en la juguetería de Sears de Plaza Universidad. Lo que le vendían a uno era unos sobres, onda Kool Aid, que había que disolver en agua para luego esperar a que milagrosamente y después de un buen tiempo, aparecieran estas extrañas criaturas nadando en su pecerita. Los sobres estaban numerados del 1 al 3, el primero acondicionaba el agua, el segundo eran los huevecillos de los Seamonkeys y el tercero el alimento. Venían con muchos accesorios, desde unas peceras de colores, hasta adornos para la misma. Normalmente uno gastaba en todo esto y jamás aparecían las criaturitas, luego uno se sentía culpable porque pensaba que no había hecho las cosas correctamente, seguramente por no haber leído bien las instrucciones. Pero si el milagro ocurría, los Seamonkeys hacían su aparición para tristemente demostrarnos lo aburridos que eran. El destino final de estos seres era morir de inanición o aburrición. Los que alguna vez tuvieron peces y los alimentaron con alimento vivo conocido como “artemia”, podrán darse una idea mas o menos de cómo eran estos seres y a que olían.





Muñeca Lagrimitas Lili

Era una muñequita muy pequeña a la cual se le alimentaba con su biberón para luego verla derramar tremendas lágrimas que salían de sus ojos al más puro estilo de Libertad Lamarque. Esta muñeca se volvió un clásico gracias al “jingle” que decía: “Llora y llora, y mueve sus manitas, solo se consuela llevando la comer, a dormir, a bañarse… es Lagrimitas Lili”. Este jingle nos permitía molestar a nuestro hermano menor cada vez que hacía algún capricho o lloraba con todo y moco de burbuja. Cuando uno hacía esta burla, normalmente la victima se “ardía” por lo que había que estar atento para salir corriendo en el caso que dicha victima estuviera más grandote que uno, digo, no fuera a ser que el agresor terminara convertido en el agredido y luego de unos buenos zapes, derramara más lagrimas que la mismísima Lagrimitas Lili.






Maletín Medico “Mi Alegría”

Económico y por consiguiente mal hecho. Era un Maletín para jugar al doctor hecho en plástico. Estaba lleno de “rebabas” que podían cortarte o incluso cercenarte un dedo si no tenías cuidado al jugar con el. Adentro venía un estetoscopio que era casi imposible colocarlo en las orejas, primero porque era pequeño y poco flexible, y en segundo, por lo mismo que tenía hartas “rebabas” el plástico y lastimaba mucho. También traía un aparato que usan los doctores y que no sé su nombre, pero que sirve para ver en el interior de los oídos. Además venía con unos frasquitos como de chochitos entre otras cosas más. Se fabricaba en color verde militar y en color blanco. Aun lo venden en las jugueterías y me imagino que sigue igual de mal hecho.





Muñeca Comiditas

Era una muñeca a la cual alimentabas para luego verla “descomer”. Las niñas eran felices dándole de comer esa asquerosa papilla, por eso esta rubia muñequita fue de las más populares en esos tiempos. Se podía conseguir una sillita alta, de esas que usan las mamás para darles de comer a sus hijos cuando todavía son bebes (creo se llaman periqueras). No tengo nada que decir de esta escatológica muñeca, es más, me caía bien gorda.





Castillo Exin

Eran bloques de platico color crema que se iban uniendo como ladrillos hasta formar un castillo medieval. Tenía torres, ventanas, puente colgante y personajes como brujas, princesas y príncipes. Lo maravilloso de este juego es que cuando te aburrías de jugar al Castillo, podías construir cualquier cosa con estos ladrillos, por ejemplo, yo hacía naves espaciales para unos muñecos Fisher Price que tenía. Se vendían en cajas numeradas del 1 al 3, siendo la número tres la más grande y la cual te permitía hacer el castillo más completo y fregón.






ExinWest

Parecido a los Castillos Exin, solo que las piezas formaban un pueblo del viejo oeste. Estaba el salón, la cantina, la cárcel, el hotel, el establo, etc… y cada uno lo podías comprar por separado o en paquetes con varias construcciones. Venía con unos personajes muy simpáticos, como un minero gordito que tenía un burrito, un doctor, o una “suripanta” que atendía en el salón del pueblo. A mi perro le encantaba caminar sobre este simpático pueblito causando pánico entre sus habitantes que lo confundían con una especie de “Godzilla”, así que en ese momento yo me convertía en “Ultraman” y le metía una tremenda corretiza por toda mi casa chancla en mano.







El Wizzzer

Era como un trompo con la punta de goma que permitía hacerla girar por fricción. Una vez que daba vueltas uno podía hacer varias suertes con el. Recuerdo que si lo ponía uno de cabeza y le enterraba un lápiz, al ponerlo a girar sobre una hoja blanca dibujaba figuras muy interesantes.





Patines de Baleros

Eran unos patines con ruedas de hierro. Nada que ver con los patines ochenteros que venían con una bota y ruedas transparentes de plástico y que se veían bien jotitos. Mucho menos nada que ver con los que usan ahora y que llaman “Patines en Línea”. Para usar estos patines de baleros, resultaba toda una ceremonia nomás el podértelos poner. Había que ajustarlos a tus zapatos o tenis con una llave de “mariposa” que por lo regular siempre se perdía, a menos que te la colgaras con un cordón del cuello y no la soltaras nunca. Luego tenían unas correas de cuero para terminar de sujetarlos a tus zapatos, que por cierto, si ya estaban viejitos terminaban por romperse, por lo que había que ingeniártelas con un cordón o mecate. Obvio que de pronto ibas bien tranquilo patinando, cuando de pronto, ¡mocos!, se te salía o safaba un patín que te hacia tropezar y romperte la crisma. Las ruedas de hierro no tenían nada de tracción, por lo que patinabas no solo hacia delante y hacia atrás sino también hacia los lados, lo que hacía que fuera toda una ciencia el saber patinar con estos patines del demonio (no del diablo, esos son otros). Estos patines de baleros en mi casa estaban considerados como una “arma blanca”, porque cada vez que me peleaba con mi hermano, se los aventaba directitos a la cabeza con la esperanza de volarle la tapa de los sesos al “mio fratello”. Cuando patinabas, las ruedas de baleros hacían un ruido muy característico que te hacían sentir que viajabas a la velocidad de la luz.






Yo-Yo y Trompo "Duncan"

Estos dos juguetes iban y venían por temporadas, por eso lo mejor era guardarlos muy bien cuando pasaban de moda, porque después de un tiempo regresaban. Primero se ponía de moda el Yo-Yo y luego el trompo, para luego volver con el Yo-Yo y así sucesivamente hasta el final de los tiempos. Yo me imagino que en la escuela primaria donde iba (escuela pública) la directora era sumamente corrupta, porque permitía que entraran a los salones promotores de Duncan a darnos una bonita exhibición de Trompo o Yo-Yo, para luego proceder a vendernos los mismos (saludos a la Maestra Dina donde quiera que se encuentre). Hasta la fecha, yo soy bien vago con el Trompo y se hacer muchas suertes con las cuales dejo boquiabiertos a mis pequeños sobrinos. Por cierto, a mí me gustaban los Yo-Yos de “mariposa” porque era fácil hacer algunas suertes con ellos. Chabelo era el encargado de decir en que momento regresaba el Yo-Yo o el Trompo, solo había que ver su programa, ahí se anunciaban y daban exhibiciones.






El View-Master

Era un visor al cual le insertabas unos discos con fotografías las cuales se veían en 3D (tercera dimensión). Se vendían los discos por separado y podían ser de caricaturas de Disney, de Paisajes, de series de televisión, etc. Yo tengo unos discos clásicos de “Viaje a las Estrellas” y de “La Cenicienta”… espero que algún día me saquen de un apuro económico, nunca falta un fan de esas series que tiene varo y los quiere para su colección.






El Zumic

No recuerdo como se escribe correctamente este juguete (posiblemente "Zoomic"). El Zumic era como una pistola que lanzaba unos discos mismos que debía de atrapar tu amigo con su el suyo. Para ello el Zumic contaba con un especie de embudo en la parte superior por donde supuestamente debería de entrar el disco para luego volver a lanzarlo. Era de mis juegos preferidos, algo así como jugar con un “Frisbee” pequeño pero lanzado con una pistola. Ahí le encargo amigo lector, que si sabe bien como se escribe este juguete o mejor aun, si tiene fotos de el, me las haga llegar para publicarlas.


Dibujo todo chafa y hecho de memoria por este su
servidor del Zumic. 



El Mesa Pong

Fue el primer videojuego que se conectaba al televisor que, sin duda, hubo en México. Antes de esto, uno tenía que ir hasta el Metro Insurgentes y buscar un local que se llamaba “Chispas”, en donde se encontraban las primeras maquinitas de video que llegaron a México. El Mesa Pong era de lo más sencillo, solo dos barras que golpeaban un puntito como si fuera un juego de tenis y hacia un sonido parecido a un monitor cardiaco. Era en blanco y negro y con una resolución muy baja. Las barras se movían con unas perillas, no con un “joystick” (palancas) como la mayoría de los juegos de ahora. Este juego era caro, por lo que de nuevo había que ir a visitar a los amiguitos riquillos que lo tenían para intentar jugarlo. Yo tiempo después tuve uno que se llamaba Ping-Pong y que era prácticamente igual, pero tenía dos juegos más casi idénticos: fútbol y frontón. Aun lo tengo por si alguien quiere ver lo que es tecnología de punta.






El Tamagotchi

Este era un juguete relativamente reciente. Una especie de huevo-llavero con una pantalla y tres botones. A estas criaturas venidas del oriente, había que alimentarlas, jugar con ellas, ponerlas a dormir, etc., en concreto, tratarlas como si tuvieran vida o de lo contrario morían. Para mí siempre fue bastante bobo este juguete, yo tuve uno que me regalo un sobrino y creo, si mal no recuerdo, que asistí a su funeral (y resurrección) en varias ocasiones. Francamente yo no tenía espíritu paternal en ese entonces. Este juguete también contribuyó a bautizar con ese nombre, a cualquier amigo que estuviera gordito o con los ojos medio rasgados, así, en la colonia, podíamos encontrar a varios gandules apodados “El Tamagotchi”.





El Furby

Eran algo así como el hijo no reconocido de Abelardo el de Plaza Sésamo y el Oso Yogi, una especie de oso cruzado con alguna ave con rasgos de búho. Estos juguetes eran parecidos a los Tamagotchis porque también comían, dormían, reían, jugaban, y hasta platicaban entre si, gracias a un censor que tenían en la frente. Aquí ya se notaba la tecnología a todo lo que daba y si eran simpáticos y hasta tiernos. Recuerdo que las primeras noches que lo tuve, se despertaba el muñequito diabólico en la noche y me daba un buen susto porque comenzaba a funcionar solito. Sí, acepto que era muy jotito en ese entonces, primero por tener un Furby y luego por asustarme, pero que le vamos a hacer, a mi novia le encantaba mi “Furby”, y hasta a la fecha, esa “parte” de mi cuerpo es conocida como… mi “Furby” jeje.





Otros juguetes más…

Este post de la nostalgia ya resulto un mamotreto interminable, así que aquí le voy a parar, pero no quiero dejar pasar por alto otros juguetes memorables de los cuales hablaré con más calmita otro día. ¿Se acuerdan de las muñecas de “Rosita Fresita” con autentico olor a fresa y de sus amigas que igual apestaban a frutas; o la "Máquina para hacer Raspados" a la cual se le ponían unos hielos en la parte de arriba y luego se intentaban moler girando una palanca, cosa que resultaba muy difícil, para posteriormente agregarles el sabor artificial que era más pintura que nada; o el "Sueper Mercado" miniatura que tenía hasta sus carritos para hacer las compras de productos conocidos hechos en miniatura; o las muñecas “Cabbage Patch” que siempre me sacaron lo "jotito" que llevo dentro, porque siempre quise tener una (bueno hasta la fecha) de estas muñecas que traían su certificado de nacimiento y se decía que eran únicas porque ninguna era igual a la otra; o se acuerdan del "Meccano" con el cual se podían construir muchas estructuras atornillando las piezas; o aquellos camiones, tractores y grúas marca “Tonka” que también servían para agredir a los hermanos o amiguitos cuando se ponían muy pesados o terminaban con nuestra paciencia?


Rosita Fresita.

Maquina de Raspados. 

Súper Mercadito.

Artículos miniatura del Súper Mercadito.

Muñeca Cabbage Patch con certificado de nacimiento.

Meccano.

Camiones y coches de construcción Tonka.




En fin, son un buen los juguetes de los que podríamos seguir hablando pero creo que ya recordé los más significativos de aquellos tiempos. Lo maravilloso de todo es que los seres humanos jamás dejamos de ser niños, siempre soñamos con seguir comprando y teniendo nuevos juguetes, ahora quizás con los años nuestros juguetes son diferentes (ipods, pantallas LCD, cámaras de video o fotos, carros y motos, computadoras, etc.), pero los disfrutamos de igual forma. Alguna vez me encontré esta frase en ingles que ratifica lo que les digo, vean si no: “The difference between men and boys, is the price of the toys”.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!