17 diciembre 2010

Las Posadas




Cuando yo era un mozuelo, recuerdo que en estas fechas todos los días iba a una posada, posada con velitas, librito para la letanía, piñata “descalabradora” de cabezas, dulces, ponche, a veces hasta tamales, y todo el bonito y tradicional ritual de las posadas. Algunas posadas las hacían en la cuadra, otras en la iglesia que quedaba en la esquina. Lo chido, es que siempre andábamos perdiendo los dientes (algunos todavía de leche), tratando de morder esos dulces “piedroduros” de la colación, o tratando de pelar con nuestra endeble dentadura las cañas o las jícamas miniatura que rescatábamos de la piñata.

No importaba en casa de quien sería la pozada, porque en ese tiempo en el que todavía no existían los problemas de inseguridad que vivimos hoy, todos éramos siempre bienvenidos en cualquier casa a la hora de la chorcha.

Cuando llegaba la hora de pedir pozada, la mitad de la fiesta salía a la calle y la otra mitad se quedaba dentro de la casa, ahí comenzaban las letanías. Todos equipados con esas diminutas velitas, que más tardaban en prender, cuando ya estaban quemando nuestros deditos con la cera que chorreaba de ellas. A veces las velitas se sustituían por luces de bengala, el efecto era más espectacular.

A esa edad, la verdad me parecía una monserga eso de pedir posada. Se me hacia verdaderamente eterno el acto de pedir posada y escuchar la contestación, una y otra vez. Siempre pensé que sería mejor dar “portazo” como en concierto de rock, en lugar de andarle rogando a los méndigos dueños de la casa pa’ que nos abrieran… ¡ni porque traíamos a la madre de Dios!

Por su puesto que la mejor parte era romper la piñata. Todo mundo soñaba con ser el afortunado en romperla, yo no. La verdad es que el tarugo que la rompe, normalmente no consigue ni una trinche mandarina. Así que yo solo pasaba a darle dos que tres “strikes” a la piñata para cumplir y luego me preparaba para agandallarme la fruta en el momento en que otro la rompiera.

Las piñatas siempre eran en forma de estrellas, las tradicionales de siete picos. Tenían la bonita facultad de descalabrar a un niño, si es que este no tenía los reflejos suficientes para cabecer al más puro estilo de Pacquio. Estaban hechas de una olla de barro más dura, ¡que una olla express!

También el palo con el que se rompía dicha piñata, estaba considerado ante las autoridades competentes, ¡como arma blanca! Normalmente el palo salía despedido de las torpes manos de los críos y se proyectaba sobre el que se atontara, sacándole inevitablemente, un tremendo chichón.

La piñata se llenaba con frutas de la estación: mandarinas, naranjas, limas, jícamas, cañas, tejocotes, cacahuates e incluso había quien le ponía algo de colación. Para los que no conseguían nada, siempre había una señora bonachona que otorgaba premios de consolación, no precisamente bolsas de dulces del Osito Montes como las que da Chabelo, pero si bolsas pequeñas con algo de fruta previamente separada y destinada para los ¡losers!

Cuando no encontrábamos una posada en la cuadra, no había problema, en la iglesia de la esquina, el padre siempre organizaba una todos los días. Era la única vez que el padre nos veía por la iglesia, porque durante todo el año, solo nos parábamos, si acaso, cuando había algún bautizo en espera de que el padrino aventara el bolo.

Velita en mano había que pedir posada cantando las letanias.

Lo mejor para los niños era romper la piñata.

La piñatas tradicionales eran de olla de barro.

Todo mundo asistía a las posadas que se hacían en las calles.

Desgraciadamente ahora las posadas son diferentes. Música, alcohol y… más música y más alcohol. Ya nadie se acuerda de pasear a los “peregrinos”, de cantar la letanía, de pedir posada, de romper la piñata… no, nada de eso, solo música y alcohol. Recuerden, todas las posadas son una fiesta, pero no necesariamente, todas las fiestas son  una posada... ¡rescatemos pues las tradicionales posadas! 


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Todavia en muchas iglesias se celebran las tradicionales posadas, hay que hacer lo posible porque nunca desaparezcan. Buen post Said.

Anónimo dijo...

Ayer fui a una, en la que un par de niños, al escuchar a unos adultos preguntar quien llevaria los peregrinos, se desconcertaron y me preguntaron asustados ¿quienes son los peregrinos?...doy gracias por saber quienes son, creo que pertenezco a las ultimas generaciones que disfrutaron una posada inocente y bonita.

Atte. Miss. P.C.

Anónimo dijo...

Que bonito!! a mí de niña me llevaban a las pastorelas que representaba un grupo de vecinos y era súper padre; aún recuerdo algunos personajes y el toque que le ponía cada uno, despúes nos invitaban los tamalitos y el champurrado.. Hoy solo voy a las pastorelas que presenta Catón con su grupo de teatro en su noble afán de preservar la bonita tradición, con mucha picardía. Saludos
Atte. Doña Juana

Anónimo dijo...

Mi mama podia perdonar el que no pusieramos arbol de navidad, pero lo que es el nacimiento no podia faltar. Tienes razon, cada vez mas se olvidan de las tradicionales posadas y ahora son simples fiestas. Ojala retomemos esa bonita costumbre. Saludos
Gabriela

Oye, ya regresa al face, se te extrañaaaa!!!! jaja

Gabriela Gv Sa dijo...

Pues yo me esfuerzo por que no se pierda la tradicion y aunque mis posadas siempre terminan en borrachera, primero cantamos y pedimos posada y ya luego que venga el reven.. jaja.

Que no mueran las tradiciones!

Anónimo dijo...

Muy bueno, a defender estas tradiciones, hagamos que perduren!
Besos