22 octubre 2010

Cinéfilos sobre ruedas

Todavía por ahí de 1986, recuerdo que atravesé toda la ciudad, desde el sur donde se encontraba mi principado, hasta el extremo norte donde aun se encontraba el sobreviviendo estoicamente. Resistiéndose a morir en el olvido, ahí estaba, a un costado del Periférico, casi en la desviación a Atizapán. Me refiero por su puesto, al último Autocinema de la Ciudad de México.



El Autocinema no era el mejor lugar para ver cine: la luz del cielo no permitía la oscuridad necesaria para ver bien la película, las bocinas que se adaptaban al coche eran monoaurales por lo que el sonido era muy malo, y el ir y venir de gente y autos con las luces prendidas, representaba una constante distracción. Sin embargo, nadie, o casi nadie, iba a los autocinemas a ver precisamente la película. La experiencia de visitar estos sitios acompañado por tu pareja, era única, romántica y entrañable.

Recuerdo que se proyectaban siempre dos películas y había permanencia voluntaria, por lo que nunca dejaban de entrar y salir autos, lo que era una monserga para los ilusos que acudían a ese lugar con la intención de ver la película. Por eso ahí había que ir acompañado, ya sea con la novia o con la familia, siempre con el entendido, que no era el mejor lugar para ver una película, pero sí para pasarla muy bien.




Como les decía, mi última visita (y única) a ese autocinema, fue por ahí de 1985 o quizás 1986. Poco tiempo después, terminaron por cerrar el autocinema y pasó a convertirse en un horrible bazar de autos. Actualmente me parece que ahí está el Sam’s Club de San Mónica.

Sin embargo, este no fue el único autocinema que hubo en la Ciudad de México. Recuerdo que alguna vez mis papas me llevaron a otro autocinema, que si mal no recuerdo, se encontraba justo donde hoy está Plaza Coyoacán, a un costado de Rió Churubusco. Si no me equivoco, hoy hay ahí un gran estacionamiento, al parecer del Centro Bancomer. Este era el Autocinema del Valle, y había uno más… el Autocinema Lindavista.

Pues bien, así, un día de pronto, finalmente desaparecieron los autocinemas y, junto con ellos, la incomparable experiencia de “mal” ver una película desde la incomodidad de nuestros autos, pero en la siempre agradable compañía de nuestras desinhibidas y cariñosas novias.

Bueno, pues para todos los nostálgicos como yo que extrañamos los autosinemas y el arte de empañar un vochito ¡les tengo una excelente noticia! Todos aquellos que quieran vivir o revivir esa gran experiencia, agárrense porque ¡lo podrán hacer nuevamente!

Y es que gracias al éxito que tuvo el año pasado, la UNAM volverá a convertir uno de los estacionamientos de Ciudad Universitaria en un flamante autocinema, para de esta manera, proyectar algunos trabajos seleccionados del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México. Todos los cinéfilos y románticos, podremos asistir del viernes 22 al domingo 24 de octubre, al estacionamiento número 4 del Centro Cultural Universitario a disfrutar de esta nostálgica experiencia.

Las personas que nunca tuvieron la suerte de asistir a un autocinema, definitivamente no deben de perderse esta oportunidad que nos brinda nuestra Máxima Casa de Estudios. Serán solo seis proyecciones y únicamente habrá espacio para 200 vehículos por función, así que los interesados deben correr a conseguir sus boletos para no quedarse fuera de esta bonita experiencia. Ya sea que vayan con su pareja o con la familia, les aseguro que nunca lo olvidaran… quien sabe si vuelva a haber otra oportunidad como esta.



El costo es de $160 pesos por auto, con los acostumbrados descuentos que da la UNAM. Los boletos ya están en preventa en las taquillas de los cines del Centro Cultural Universitario en C.U. Ya están avisados… ¡allá ustedes si se lo pierden!


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!









19 octubre 2010

Voy en el Metro, que grandote, rapidote, que limpiote...



Yo era apenas un mocoso, un niñito recién llegado de Chihuahua, cuando ocurrió esto en la Ciudad de México.

Era el 20 de octubre de 1976, un lunes nublado, un lunes común y corriente. El tren número 8 que viajaba por la Línea 2 del Metro, había salido de Tacuba con rumbo a Tasqueña. Durante su recorrido, el tren ya se había parado en repetidas ocasiones en las estaciones: Hidalgo, Bellas Artes, Allende y Pino Suárez. La razón, fue que se había activado la palanca de emergencia de uno de los carros del convoy. Estas constantes interrupciones, hicieron que el tren número 10 que venia atrás, acortara la distancia que normalmente era de dos estaciones, a tan solo una estación.

El tren número 8 había salido de la estación Tacuba alrededor de las 9:05 de la mañana. Aunque ya no era “hora pico”, todavía cada uno de los carros de ese convoy llevaba, más o menos entre 120 y 130 personas.

Cuando el tren número 8 llegó a la estación Viaducto, de nuevo la palanca de emergencia fue accionada en el carro número 6. El conductor Alfonso Sánchez Martínez, una vez más tuvo que detener la marcha del tren, tal y como ya lo había hecho en varias ocasiones. Alfonso Sánchez declaró en su momento: - Escuché con toda claridad y perfectamente, que el puesto de control ordenó al tren de atrás que no avanzara, que debía detenerse de inmediato -. Así que el operador del tren número 8, bajó de la cabina y se dispuso a desactivar la palanca.

El conductor del tren número 10 Carlos Fernández Sánchez, alrededor de las 9:36 de la mañana, se encontraba una estación atrás del otro convoy, justo en la estación de Chabacano.

El encargado de regular las corridas desde el Mando Central, el Sr. Rodolfo Luis Flores Gutiérrez, dijo haberle ordenado al operador del tren número 10 detenerse, pero no obtuvo ninguna respuesta. Rodolfo Luis Flores, fue quien había tomado la decisión de permitir que los dos trenes se acercaran a solo una estación de distancia, ya que según dijo: - la demanda era alta -. Después, este “ilustre” y “hábil” señor, se distrajo con otras cosas.

Fernández Sánchez (de apenas 21 años), comenzó la marcha del tren número 10, y poco a poco fue tomando velocidad en dirección a la estación Viaducto a donde se encontraba detenido el tren número 8. Las luces de seguridad estaban en “vía libre”, por lo que supuso que no había ningún problema, así que continuo su marcha. Pero fue solo hasta subir la “lomita” que hay justo donde la calzada de Tlapan pasa sobre el Viaducto Miguel Alemán, cuando pudo ver que había un tren estacionado en la siguiente estación.

El operador del tren número 10 dijo: - Yo vi el tren en Viaducto, bajando el puente; el semáforo 1-2 me indicó rojo, quise frenar y no pude. El tren tendría que haberse frenado automáticamente, pero tampoco -. Como el convoy iba a unos 70 kilómetros por hora, la velocidad y la inercia le impidieron frenar a tiempo. El conductor Fernández Sánchez, al ver que no frenaría a tiempo, lo único que pudo hacer, fue saltar del tren para salvar su vida.

A las 9:40 de la mañana, el primer vagón del tren número 10 se estrelló contra el último vagón del tren número 08, que se encontraba detenido en la estación Viaducto del Metro con dirección hacia Tasqueña. Esto provocó que los dos carros se elevaran rompieran el techo del andén, quedando ambos “mirando hacia el cielo”. El resultado de esta tragedia, fue de por lo menos de 31 muertos y unos 71 heridos de gravedad.













Ya desde entonces, este tipo de asuntos se solucionaban creando una “Comisión Investigadora”. Así que nuestro querido Presidente Luis Echeverría, ordenó una “investigación a fondo”, y en tan solo ¡cinco días!, se concluyó la misma.

Oficialmente la colisión se debió a un error del conductor, un hombre de extracción humilde quien purgó una pena de entre nueve y 10 años, primero en la Penitenciaría de Lecumberri y luego en el Reclusorio Norte, y que finalmente salió de ahí para borrar su rastro. Sin embargo, la defensa del inculpado y el Sindicato del Metro, denunciaron una serie de inconsistencias e irregularidades durante la investigación, aunque como siempre, la fuerza del Estado terminó por apabullarlos.

La “Comisión Especial” creada por el Presidente Echeverría y conformada por el Procurador Horacio Castellanos Coutiño, el Director del Metro Jorge Espinosa Ulloa y el Secretario General de Gobierno del Distrito Federal, encontró un único culpable. Por su puesto que esta “Comisión Especial”, evito a toda costa, fincar responsabilidades al Sistema de Transporte Colectivo por posponer la compra de un sistema de pilotaje automático. Fue hasta después de este lamentable accidente, como siempre ocurre en nuestro país, que “luego de ahogarse el niño taparon el poso”, comprando finalmente un sistema de pilotaje automático como el que existe hoy en día.

También, como siempre ocurre en estos casos, es sumamente difícil encontrar información oficial de este accidente. En el Archivo General de la Nación, donde se resguardan los archivos oficiales de la Presidencia de Echeverría, no hay documentos relacionados con el caso. Por otro lado, en el Archivo Histórico de la Ciudad de México, donde necesariamente debía de estar el expediente penal del conductor inculpado, solo se puede encontrar un trinche y escueto oficio de media hoja tamaño carta.

Pues bien, mañana 20 de octubre de 2010, se cumplen ya 34 años de este lamentable accidente y pensé que era un buen momento para recordarlo. Y es que, la vida de 31 personas no pueden quedar en el olvido, por más que esos infames gobiernos prisitas se hayan empeñado en que así sea.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos! (aunque no precisamente en este caso).


15 octubre 2010

Pizzas

Antes - que onda wuey, lánzate por una pizza -, ahora - que onda wuey, pídete una pizza -. Y es que, como en casi todo, antes las cosas no eran tan fáciles como ahora.

Apenas me encontraba yo en mis años pubertos, cuando entre mis amigos se comenzaba a correr un rumor gastronómico. Había llegado a México, un alimento que poco conocíamos, si a caso lo habíamos visto alguna vez en una película gabacha. Se trataba, por su puesto, de las ahora tan comunes pizzas.

Así fue como llegó a México, la que debió de ser sin lugar a dudas, la primera cadena de pizzas importante. Por su puesto que me refiero, a Shakey´s Pizza. ¿Se acuerdan?


El Shakey´s Pizza de Insurgentes.


Otra de las sucursales de Shakey's Pizza.


La primera sucursal a la que yo fui, estaba en San Ángel, justo sobre Insurgentes en el número 2411. Yo que vivía en ese entonces en la colonia Reforma Iztaccihuatl, tenía que recorrer una gran parte de la ciudad para ir en busca de una de sus deliciosas pizzas. Para los que no conocen la Ciudad de México, digamos que había que manejar unos 40 minutos para llegar hasta ahí.



El lugar siempre tenía mucha gente, por lo que había que esperar mucho tiempo antes de que uno pudiera tener entre sus manos, una de sus deliciosas pizzas. Pero creanme, siempre valía la pena todo el esfuerzo de desplazarse hasta allá, así como la larga espera.

Las pizzas de Shakey’s eran delgadas y crujientes, nada que ver con las horribles pizzas gordas y esponjosas de Domino’s Pizza, Pizza Hut o Benedetti’s Pizza. Los que hayan tenido la oportunidad de viajar a Italia, seguramente sabrán que las originales pizzas son así, crocantes y delgadas.

Recuerdo que mi pizza preferida, como ha sido siempre, era la de peperoni. Sin embargo, había una deliciosa, la “tradicional de la casa”, que estaba hecha con chorizo y pimiento verde. Pero quizás la que tenía mas éxito de todas, era una llamada “Gran Capitán”, hecha con suculentos camarones.

Un capítulo aparte merecen las famosas papas Mojo de Shakey’s. Estas papas estaban sazonadas con especies “secretas” (tipo el KFC) y un empanizado especial. Eran una verdadera delicia.



También se vendía en este restaurante pollo, sin embargo, la mayoría íbamos por las pizzas y las famosas papas Mojo. Yo estaba muy chavo en ese tiempo y no me dejaban tomar, pero recuerdo que la gente era feliz acompañando sus alimentos, con una deliciosa cerveza fría.

Quizás lo único que me chocaba de este lugar, era tener que desplazarme tan lejos para ir por una pizza. Lo único que podía hacer en este caso, era llamar por teléfono y ordenarla, para que al llegar ya estuviera lista y no hubiera que esperar tanto tiempo. Hoy es muy fácil pedir una pizza, en menos de 30 minutos está en la casa. Sin embargo, las de hoy, nunca podrán compararse con esas deliciosas pizzas ochenteras de Shakey’s.

Hace apenas unos días me enteré, que luego de 10 años de ausencia, Shakey’s Pizza regresó a México. Todavía no las pruebo, porque las sucursales están muy lejos de donde ahora vivo, pero en cuanto lo haga, ya les diré si conservan o no, el encanto y el sabor de aquellos años. Para los que quieran probarlas, les aviso que abrieron una sucursal en Mundo E y otra en Plaza Aragón. Ahí les encargo que me digan si les gustaron. ¡Provecho!








Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!



14 octubre 2010

Mas tranvías sobre la Ciudad de México

Para no dejar incompleto el mamotreto que escribí antes que este ("La nostalgia viaja en tranvía"), procedo a compartir con ustedes algunas fotos que quedaron pendientes.

En la publicación anterior, hablaba de un tranvía que recorría a todo lo largo la avenida Álvaro Obregón. Bueno, pues finalmente conseguí una foto de dicho tranvía ¡aun en las vías de esta "bisquetera" avenida! Cabe señalar, que la foto que publiqué antes, es idéntica, y es muy probable que se trate del mismo tranvía.






Nuestro querido Jefe de Gobierno, el ilustre "carnal" Marcelo, en algún momento tuvo la brillante idea de revivir los tranvías en esta ciudad. Él, que sí le viaja, seguramente se enamoró de algún tranvía, de esos que recorren todas las ciudades europeas, y pensó: - un bonito tranvía que vaya desde la estación del Tren Suburbano en Buenavista hasta mi Centro Histórico... ¡por qué no! -. Claro que eran solo sueños de opio, porque cuando finalmente le hicieron un “presupuestito” de lo que costaría este entrañable transporte y, de lo complicado que sería su funcionamiento entre las consuetudinarias marchas, bloqueos y plantones, desgraciadamente tuvo que abandonar la idea. De cualquier modo, él ya hasta nos había presumido como sería este tranvía (tipo europeo), y en alguna ocasión recuerdo que, puso en la plancha del Zócalo uno de los carros en exhibición, nomás para que se nos fuera haciendo agua la boca a los nostálgicos de los tranvías, como yo. Aquí está la foto del tranvía que puso ser... pero no fue.




Y para terminar, aquí una serie de fotos que vienen a completar la historia de los tranvías en nuestra querida Ciudad de México.


Esta fotografía es poco común ya que está ¡a colores!





















Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!

03 octubre 2010

La nostalgia viaja en Tranvía


No estoy seguro, pero creo que en alguna ocasión en el facebook les comenté de un tren que corría a lo largo de la Av. Álvaro Obregón. Yo apenas lo recuerdo, tendría como cinco años. Este tren era diferente a los que existían aun por aquellos años en la ciudad. Este tren era tipo “turístico”, muy parecido al famoso “Cable Car” de San Francisco. Recuerdo que íbamos a cenar a los originales “Bisquets de Álvaro Obregón”, y antes de entrar, tomábamos este tren para dar la vuelta. El tren llegaba hasta lo que ahora es el eje Cuauhtemoc, justo en donde se encontraba el ya desaparecido cine “México”.

Este tren era único, no había otro igual en toda la ciudad al menos en ese tiempo. Yo estaba pequeño y quizás por eso, el operador del tren me permitía apretar con el pie un botón que estaba en el suelo, justo debajo del conductor, el cual hacía sonar la campana del tren. Para un niño de mi edad, eso era maravilloso, me hacia sentir más importante que el propio operador que llevaba el tren. Uno de los sitios preferidos para mí dentro del tren, era la parte de hasta atrás, que parecía una especie de balcón, y por ende, tenía la mejor vista.

Este tren dejó de funcionar un buen día y no volví a saber de el, hasta que muchos años después, lo encontré expuesto en un sitio donde guardan el transporte eléctrico de la ciudad, los Trolebuses. Es increíble lo bien conservado que está. Y estoy seguro que es el mismo en el cual yo paseaba, porque lo primero que busqué, fue el botón que activaba la campana del tren; y ahí estaba, justo donde yo recordaba. Ahora existe un autobús en el Centro Histórico que es muy parecido a este tren y que hace un recorrido turístico muy agradable. Son réplicas de esos tanvias de principios de siglo.


Tranvía como el que llegó a circular por la Av. Álvaro Obragón todavía
alla por los años setentas.

Lugar desde donde el operador conducía el tranvía.

Ahora bien, si les digo que apenas recuerdo este tren, la verdad no estoy seguro si recuerdo el resto de los trenes que circulaban por la ciudad, o solo es producto de mi imaginación. Pero casi podría asegurar, que todavía me tocó ver pasar por el centro de la ciudad alguno de ellos cuando iba a visitar a una tía en las calles de Uruguay y Bolívar. Estos trenes para los que no los conocieron, eran como el que atropelló al “Camellito”, aquel personaje de la película “Nosotros los Pobres” (1947) de Pedro Infante.


Tranvia de los que circulaban por la Calzada de Tlalpan, justo
por donde ahora corre el Metro.

Tranvía muy popular por los años 50's.

Lo que es increíble, es que a tantos años de haber desaparecido estos maravillosos “Tranvías” (nombre correcto, no trenes), aun podemos ver por muchas de las calles de la Ciudad de México, las vías por donde circulaban. Siempre me he preguntado porque siguen ahí, será muy difícil y costoso quitarlas, o es solo un bonito gesto del Gobierno de la Ciudad para los nostálgicos amantes de los trenes… ¡como yo!.


Restos de las las vías que aun existen por toda la ciudad, por
donde hace muchos años circularon los tranvías.

Mi Inmortal abuela me platicaba, que a ella todavía le tocó ver los famosos “trenes de mulitas”. Decía que justo en la Plaza de la Constitución, o sea, el Zócalo capitalino, era el lugar donde paraban este tipo de pequeños tranvías jalados por mulitas. Ella en especial siempre recordaba, uno que llegaba hasta a donde está la fuente del Salto del Agua.



Tren de Mulitas el cual llegaba ¡hasta el pueblo de San Ángel!

Parada de Tranvías a un costado de la Catedral.

Vista del Zócalo de la Ciudad de México con algunos tranvias
de aquella época (30's aporx.).

Por otro lado, mi Sacrosanta (madre) vivió mucho tiempo sobre la calzada de Tlalpan. Dice que justo en medio de la calzada, corrían los tranvías que llegaban hasta Xochimilco. Me cuenta que en ese tiempo, casi no había tráfico, así que era muy fácil atravesar la calzada de Tlalpan sin ningún problema. Tiempo después, gracias a la gestión del esposo de Maria Félix, el empresario Alex Berger, se negoció junto con el gobierno francés la construcción de un tren rápido subterráneo, mismo que hoy conocemos como “El Metro”. Fue en la Av. Chapultepec y Bucareli, en junio de 1967, donde se celebró la ceremonia de inicio de obra para la construcción del Metro. En septiembre de 1969, el Presidente Gustavo Díaz Ordaz y el Regente del Distrito Federal Alfonso Corona del Rosal, inauguraron la primera línea del metro, que en su primera fase, corría de Zaragoza a Chapultepec. Poco tiempo después, se construyó la Línea 2 del metro en lo que fuera el “derecho de vía” del antiguo tranvía que corría por la calzada de Tlalpan. De esta manera, tristemente, la “modernidad” logró que desaparecieran esos entrañables tranvías.


En esta foto en la cual aparece mi Sacrosanta de lado izquiero, se pude
ver lo que era la calzada de Tlalpan en los años 40's. Aun pasaban los
tranvias en medio de la calzada... ¡y casi no había tráfico!

A personas que quieran disfrutar aunque sea por medio del cine de estos tranvías, me voy a permitir recomendarles una película excelente. Se trata de la película “La ilusión viaja en tranvía” (1954) de Luis Buñuel. Esta película trata de dos operadores de un tranvía (el famoso No. 133), que luego de saber que este será retirado para siempre de circulación, deciden robárselo para dar una “última” vuelta en el. Acompañados de una buena “jarra”, estos operadores viven varias aventuras a lo largo de toda la noche. Lo mejor de esta película, es que nos permite ver como era el México de aquellos años, sin trafico y casi despoblado. Las actuaciones de Carlos Navarro, Lilia Prado y Fernando Soto “Mantequilla”, son muy buenas y divertidas. Si pueden veanla, no se van a arrepentir.


Cartel oficial de la película "La ilusión viaja en tranvía".
 
Escena de la película "La ilusión viaja en tranvía".

Otra escena de la pelicula con el famoso tren No. 133 en la
calle de Felix Cuevas.


Otros de los trenes famosos de la Ciudad de México que disfruté mucho en mi niñez, eran los que existían en el Bosque de Chapultepec. Uno se encontraba justo dentro del Zoológico de Chapultepec y su recorrido consistía en darle la vuelta por dentro al zoológico. Por cierto que, en ese recorrido difícilmente se podían ver a los animales, lo que la mayoría de las veces esto representaba una desilusión para los pasajeros. Sin duda que lo mejor de este tren, era la estación donde paraba. Ahora las personas que van al Zoológico de Chapultepec, encontrarán en el sitio en donde estaba la antigua estación, una tienda donde venden todo tipo de souvenirs del zoologico. El otro tren y el cual durante muchos años (aun ya de adulto) disfruté ya que era mi preferido, era el que se encontraba en la Segunda Sección de Chapultepec, justo a un costado del Museo de Ciencias Naturales. Este tren daba la vuelta al Lago Menor, pasaba a un costado de la “Cafetería del Lago”, luego seguía su recorrido junto a los Juegos Mecánicos Infantiles (ya desaparecidos), y por último llegaba a la mejor parte del recorrido. Se trababa de un túnel enorme (enorme para cualquier niño pequeño), en el cual, el maquinista en un momento dado, apagaba todas las luces del tren y solo dejaba la de la máquina, lo que causaba que todos los pasajeros gritaran emocionados. No faltaba la parejita que aprovechaba la oscuridad para robarse un beso (¡cochinos!). Finalmente el tren salía del túnel y llegaba a la estación donde siempre había una fila enorme de niños con sus papás esperando su turno. Todavía yo alcancé a llevar a mis sobrinas y a mi hija a pasear en ese tren, y era maravilloso volver a vivir toda la emoción que sentía yo de niño, cuando me subía en alguno de sus vagones. Hace poco que regresé, me enteré que ya tenía como cinco años de no funcionar. Todo por un accidente en el que se volteo un tren por falta de mantenimiento y en el que desgraciadamente algunas personas salieron lastimadas. Es una pena ver ahora la estación abandonada y los trenes tristemente guardados.

Trenecito de Chapultepec.

¡El precio era muy económico!

Estación abandonada del Trenecito de Chapultepec.

Primer túnel saliendo de la estación.

Los trenes están tristemente abandonados y olvidados.

Bueno, como verán, o sabrán (los que ya me conocen), soy un amante irredento de los trenes, tranvías y trenecitos de feria. Algo tienen que me “chiflan”, y que irremediablemente hacen, que cada vez que encuentro alguno de estos “chu-chus”, inexplicablemente me de uno de mis famosos ataques agudos e incurables… de nostalgia.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!.