27 febrero 2016

Promoviendo la lectura




Decía la querida y siempre bien recordada maestra Emma Godoy que la mejor manera de fomentar la lectura en una casa era dejar olvidado, así como que no quiera la cosa, un libro en el baño. Bueno eso era antes, hoy en día eso ya no funciona, hoy lo que pide la gente que va al baño a “hacer del cuerpo” es una buena conexión de WI-FI.

Aquella interesante sugerencia de la maestra Godoy era una actividad poco higiénica si ustedes quieren pero era una solución harto práctica y efectiva para pasar un rato de solaz. El problema en muchas casas era que el cuarto de baño contaba con una biblioteca poco culta e importante. Uno esperaría encontrar por lo menos un cuento corto de Borges como “Funes el Memorioso”, o bien para aquellos estreñidos y constipados algo más sustancioso como “El Nombre de la Rosa” del recientemente fallecido Umberto Eco o un clásico como el Quijote de Cervantes. Pero no, normalmente la lectura que se encontraba en los baños de las casas era algo más vulgar e intrascendente pero que bien cumplía con la necesidad fisiológica de evacuar. Quizás aquello era porque lo que entraba por la vista casi instantáneamente salía por el colon y esfínteres vecinos.

Las casas peladísimamente pretenciosas solían colocar incluso un elegante revistero junto al retrete con la literatura lista para ser usada. Ni de chiste se podía encontrar ahí por lo menos el Times o el Architectural Digest, no, nada de eso, solo se encontraban revistas de moda o bien de la naciente industria del chisme cachetón. Las casas más populares, las normalitas, colocaban la literatura sobre el bote de la ropa sucia o bien sobre esa infalible estantería que iba por arriba del WC.

Lo más común, lo que no podía faltar en esas bibliotecas privadas eran las historietas, los cuentitos o bien las fotonovelas, todos muy fáciles y rápidos de leer de un solo “tirón”, o en este caso de una sola “pujada”. Yo recuerdo haber visto entre la literatura para criaturas y criaturos cosas como: Archi, El Capulinita, Condorito, Memin Pinguin, La Pequeña Lulú, Periquita y los clásicos super héroes como Superman, Batman o Flash, solo por nombrar algunos. La icónica Familia Burrón no podía faltar en el cuarto de baño de una familia que se preciase de tener un gusto refinado y nice. Por otro lado los adolescentes ya gozábamos por aquellos años con la revista recién llegada del gabacho MAD que era sumamente divertida y útil para literalmente “cagarse de la risa” (perdonando la figura poética) jeje. 














Pero no solo los críos íbamos al baño, las señoras, las damitas de la casa, también necesitaban de su literatura para tirar el miedo. Ellas solían tener en ese espacio sus propios cuentos y fotonovelas. El famoso Lágrimas, Risas y Amor, mejor conocido como el Lágrimas y Risas, era lo que rifaba por aquellos años. El Lágrimas y Risas eran historietas románticas que se publicaban si mal no recuerdo semanalmente, estaban impresas con tinta café y en un papel de no muy buena calidad, eso sí muy útil cuando se agotaba el Liz o el Pétalo. De esta publicación salieron joyas como: “Rarotonga”, “María Isabel”, “Yesenia”, “Gabriel y Gabriela”, “Ladronzuela”, “Rubí”, y el famoso “Pecado de Oyuki”. Casi todas las historietas fueron escritas por la legendaria Yolanda Vargas Dulché o por su esposo. Esas historietas luego fueron llevadas a la televisión por Televisa convirtiéndolas en sus telenovelas de mayor éxito. He de confesar que yo siendo aun un puberto sucumbí al encanto de una de esas publicaciones y durante unos meses fui esclavo de ella, tanto que corría al puesto de periódicos para comprarla en cuanto salía. Eran tan chiquitas que se leían en un segundo y luego había que esperar varios días a que publicaran el siguiente número.

Las revistas femeninas también eran muy socorridas por las reinas de la casa. No podían faltar las revistas Vanidades o Cosmopolitan, revistas pletóricas de artículos dirigidos a la mujer. Una revista en particular que yo recuerdo haber visto siempre en la casa de mi abuela o mejor dicho en el baño de mi abuela era la revista Kena. La dueña y editora de esta publicación era una mujer muy “metida” en la política que incluso llegó a estar al frente de la Delegación Benito Juárez, me refiero por supuesto a Kena Moreno.  Las más o mejor dicho menos afortunadas en cuestiones de IQ lo primero que leían eran los horóscopos, siempre soñando con que su signo zodiacal les diera la buena noticia, la noticia esperada, que iban a viajar, que iban a ser ricas o que iban a encontrar al amor de su vida. Pero no solo las mujeres con un IQ escasito tenían literatura en el baño, otras con una inteligencia promedio gustaban del Selecciones (del Reader’s Digest), pequeña publicación con artículos muy interesantes y con un nivel digamos superior al de las revistas femeninas antes mencionadas.

Las revistas de chismes de la farándula francamente yo no las recuerdo por aquellos años de mi infancia, el peladísimo TVyNovelas o el TV Notas me imagino que aun no existían en aquel tiempo. Sin embargo una de las revistas más vendidas y que se podía encontrar en prácticamente todos los hogares de México era el Tele-Guía. Esta pequeña revista era la compañera inseparable del televisor pero no faltaba quien la cogía de la mesita y se le llevaba al WC para enterarse no solo de la programación de la semana sino también de los chismes de los artistas nacionales y extranjeros que comenzaban a aparecer en esa revista. De esa revista recuerdo la columna de alguien que se hacía llamar “Chucha Lechuga”, creo que el autor de esta simpática columna era el mismo Rafael Amador director de la revista. El Tele-Guía lo leía toda la familia, papá, mamá, hijo puberto y nene, cada uno encontraba ahí lo que le interesaba.













Los caballeros, los Reyes de la Casa, igual tenían sus publicaciones favoritas que iban desde el tradicional periódico hasta publicaciones más chabacanas y, por qué no decirlo, peladas. Cuentos como Kalimán y Chanoc eran la delicia de esos caballeros que no deseaban esforzarse de más mientras sus intestinos hacían lo suyo. Las aventuras de Kalimán con su fiel paje Solín emocionaban a sus lectores y frases como “Serenidad y paciencia mi querido Solín” se volvían parte del vocabulario popular de sus fans. Chanoc y Kalimán llegaron hasta la pantalla grande. Cómo olvidar al ya para entonces tristemente decrepito Tin Tan personificando a Tsekub Baloyán en “Chanoc contra el Tigre y el Vampiro”.

Pero no había mejor epíteto para describir la peladez y el mal gusto de algunos, en cuanto a literatura varonil se refiere, que el legendario Libro Vaquero. Estos cuentos, más sustanciosos que otros, eran la delicia de los caballeros libinopútiridos porque venían acompañados de ilustraciones harto eróticas y sugerentes. Mujeres generosas en sus formas eran el imán infalible para atraer a los inquietos caballeros que disfrutaban de esa lectura, más aun en la intimidad del cuarto de baño. La calidad del producto dejaba mucho que desear pero eso no importaba porque cumplía con su objetivo, el de despertar la libido de sus jadeosos lectores.






Claro que también se podían encontrar publicaciones más subidas de tono, tanto que podían haber sido tachadas de pornográficas. Estas revistas como: él, Caballero o Signore, no se encontraban a la vista de todos, había que encontrarlas ocultas en el bote de la ropa sucia, en el estante más alto escondidas entre las toallas o bien en cualquier otro lugar discreto lejos de la mirada de curiosos. Los hombres solteros o con un pensamiento más moderno o progresista no tenían ningún problema en dejarlas a la vista de cualquiera, después de todo ellos no las compraban por las muchachas en pelotas sino por sus interesantes artículos (si, aja). Revistas como el Playboy o el Penthouse llegaban a México solo por encargo, había que aflojarle una lana a algún valedor que fuera a viajar al gabacho para que se trajera alguna de estas revistas mismas que siempre terminaban rolando entre cuates.






Hoy como les decía los tiempos son otros, ya nadie lleva un libro o una revista al baño, lo de hoy es entrar al baño con el celular o la tableta. Muchas de las publicaciones que vimos durante muchos años a lado del retrete hoy ya no se encuentran o están a punto de desaparecer. Los libros digitales poco a poco ganan terreno, cosa que a mí no me molesta, mientras atrás de ellos siga el genio y la creatividad de un buen escritor el medio por el que su material llegue al lector es lo de menos. Los nostálgicos que aun conservamos algunas de estas publicaciones, cuentos o revistas deberíamos de escanearlos y digitalizarlos para evitar que nuestros intestinos en algún determinado momento los lleguen a echar de menos. Después de todo la nostalgia no solo vive en nuestros corazones o en nuestras mentes, las tripas también tiene sus recuerdos.


El WC, el espacio de lectura favorito de nuestros ya lejanos tiempos.


Los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!



05 enero 2016

Las Cartas van en el zapato.




Sí está padre y se ven muy bonito los niños lanzando al cielo sus cartas a los Reyes Magos atadas a globos pero yo prefiero a la antigüita, como lo hice yo tantos años, poniendo mi zapato con mi “pliego petitorio” junto al árbol de navidad.

Sin duda la Noche de Reyes era la noche más emocionante del año. Los grandes sugestionaban a los más chicos señalando en el cielo las tres estrellas en las que se desplazaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Todos jurábamos que a medida que se acercaba la hora las estrellas se veían cada vez más cercanas. Estoy seguro que el mismísimo Carl Sagan hubiera dado fe de esto, después de todo el también fue niño.

Días antes las mamás comenzaban a ejercer presión a los inquietos y traviesos escuincles amagándolos con el clásico: “Si no te portas bien no te van a traer nada los Reyes”. Uno mal que bien como que le iba midiendo el agua a los tamales evitando hacer travesuras de alto impacto, solo las necesarias para pasar el rato. Cada año era lo mismo, con todo y travesuras el trío de monarcas siempre se ponían guapos y cumplían con su obligación de agasajar a los críos. Pero no fuera a ser que por primera vez nos cumplieran la amenaza y nos dejaran solo el famoso “cuerno retorcido” para los niños fregones, por eso había que hacer lo posible por portarse bien.

En la tele Tío Gamboín, Rogelio Moreno y Chabelo se encargaban de hacer que los niños no nos termináramos de decidir por qué pedirle a los Reyes Magos.  Un día nos decidíamos por la tradicional Avalancha, al otro día cambiábamos y queríamos una bicicleta Vagabundo, luego veíamos la pistas Scalextric y también la queríamos, o el Chutagol, o el nuevo Aventurero de Acción con agarre Kung-Fu, o el Espirógrafo para los que tenían inquietudes artísticas. Para que no se viera muy manchada la carta había que disfrazarla con regalos menos costosos y más razonables, por eso había que agregar: “…y mis dulces” o “…y unos zapatos”, cosas que francamente no nos interesaban en lo más mínimo pero hacían que la carta se viera más factible. Por supuesto que no siempre los Reyes podían cumplir todos los deseos, a mí por ejemplo nunca me pudieron traer la minimoto Carabela que les pedí o el avión de control remoto que siempre quise.

Hoy en día la inocencia en los niños cada vez desaparece a más temprana edad. Los trinches escuincles mayores se encargan de terminar con toda la ilusión y la magia que representan los Reyes Magos en los pequeñines. En mis tiempos la cosa era al revés. Recuerdo que en una ocasión los chavos más grandes de la cuadra se tomaron la molestia de ir a un jardín que se encontraba muy cerca para dibujar en el lodo lo que parecían ser las huellas de un camello, un caballo y un elefante. La emoción que nos dio a los más pequeños descubrirlas al día siguiente es algo que nunca se me va a olvidar. Y estoy seguro que la emoción que sintieron los mayores al ver nuestras caritas de asombro es algo que tampoco a ellos se les va a olvidar nunca.

Muy de mañana el 6 de enero, luego de ver lo que los Reyes nos habían dejado en nuestros zapatos, corríamos a la ventana para ver quién de nuestros amigos se encontraba ya en la calle jugando con alguno de sus regalos. En cuanto veíamos al primero salíamos todos para contarnos qué nos habían traído los Reyes Magos. Algunos siempre salían más rayados que otros, pero no importaba, el gusto era el mismo, lo que festejábamos era la magia. Hoy tristemente ya no ocurre eso, si acaso los mocosos se mandan un whatsapp con todo e imagen para presumirse uno al otro su “gadget” o “dispositivo”, pero no comparten la experiencia del hecho mismo. No saben lo que es compartir, no saben lo que es ser amigo “de cuerpo presente”. Nosotros, luego de enseñarnos nuestros regalos, siempre, irremediablemente, terminábamos jugando con el más modesto de todos, con una simple pelota, pero todos, juntos, compartiendo el día más maravilloso del año.

Hoy las cartas a los Reyes Magos se van en un globo al cielo cubriéndolo de colores, pero yo, como decía al principio, prefiero que los niños sigan dejando sus cartas en los zapatos. De esta manera los Reyes Magos pueden conservar ese bonito recuerdo de los niños de la casa. Yo por ejemplo aun tengo las cartas que mi hija les dejó a los Reyes Magos, incluso tengo las mías. Pero sea cual sea el medio, lo que hay que fomentar es la ilusión en los niños. Que la inocencia y la fe en algo tan mágico como son los Reyes Magos perdure por lo menos… hasta el final de los tiempos, NO ANTES.


Los tiempos pasados no fueron mejores... ¡pero sí más chidos!


  

06 octubre 2015

Recordando Conciertos.




El otro día que estaba instalado en el ocio total puse a pujar con todas sus fuerzas a mi ahora ya esmirriado cerebro. Mi intención al echar a andar a mis perezosas y lerdas neuronas era el tratar de recordar mi historial de conciertos, historial que he venido acumulando desde los años más párvulos de mi vida.

Lo más que me dio mi memoria pa’ atrás fue quizás el primer concierto al que asistí en mi vida, por supuesto que fue en calidad de “te subes al coche y nos acompañas”, porque a esa edad siendo entonces un escuincle nalgas miadas yo no tenía ningún poder de decisión ni libre albedrio, o sea, o hacía lo que decían mis superiores o me atenía a las consecuencias. Y mis superiores en este caso eran por su puesto mi tía y mi madre quienes convencidas por mi primo mayor decidieron asistir a este concierto de talla internacional.

Eran los 70’s, para ser precisos 1977, el auge de la música disco. La cita fue en el ahora descuidado Teatro Ferrocarrilero, teatro que pertenecía (no sé si aun) al Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana. El teatro está en Buenavista, frente a la exclusiva zona residencial llamada Tlatelolco (dicho esto con un ligero y sutil sarcasmo). Hasta allá nos desplazamos en el Datsun de mi tía, dos mujeres adultas y cinco escuincles cabrones. Seguramente el boleto no era costoso porque la verdad nosotros éramos de clase media baja jodida, hoy en cambio… estamos peor.

Las luces se apagaron, de nuestro grupo los únicos interesados en lo que estaba por aparecer en el escenario eran mi madre, mi tía y el más grande de mis primos que tendría en aquel entonces 15 años. Se abrió el telón y luego de unos segundos aparecieron en el escenario cinco morenazos de fuego, negros pues, todos ellos enfundados en llamativos trajes harto brillosos que destellaban cuando los seguidores del teatro los tocaban. Por supuesto que mi hermano, el más pequeño de todos, mis otros dos primos y yo no teníamos ni la más mínima idea de quiénes fregados eran esos cambujos tan excéntricos. Los asistentes allí presentes desde el primer tema estallaron en júbilo y desde sus butacas intentaban bailar los temas que fueron tocando. En un momento de su concierto se presentaron, ellos eran los hermanos: Ralph, Pooch, Chubby, Butch y Tiny, conocidos como The Tavares Brothers o simplote Tavares. El concierto llegó a su clímax cuando interpretaron uno de sus más grandes éxitos “Heaven Must Be Missing an Angel”, tema que sonó mucho en las estaciones de radio de aquellos años.  


Mi primer concierto: Tavares en el Teatro Ferrocarrilero.


El concierto de Tavares no significó mucho para mí porque francamente mis intereses musicales por aquel tiempo eran otros, digamos más tipo Cri Cri. Sin embargo con el tiempo llegué a entender la importancia de aquel concierto en mi bagaje musical ya que significó el primer concierto internacional al que asistí, o para ser precisos el primer concierto al que asistí, punto.

Pero el tiempo siguió avanzando y de nuevo un buen día me ordenaron “súbete al Datsun y te callas”. Qué bonitos eran aquellos tiempos en los que los papás y mamás mandaban, hoy los niños son los que toman las decisiones y los abnegados padres se limitan a obedecerlos con ciega fe, por eso es que hay tanto escuincle mal educado hoy en día. Pues bien, me subí al coche de mi tía y ahora nos dirigimos a la Arena México. A este lugar solíamos asistir con mayor frecuencia, no a conciertos pero sí a espectáculos familiares tales como: el Circo Atayde Hermanos, el Disney on Parede y el inolvidable Holliday On Ice. Quizás por esa razón recuerdo que iba un poco más optimista respecto a lo que estaba por ver, además me encantaba todo lo que vendían afuera de la Arena México, en especial una enormes muelas de plástico rellenas de cientos de mini chicles.

Ya habían pasado dos o quizás tres años desde aquel concierto de Tavares en el Teatro Ferrocarrilero así que yo ya estaba a punto de entrar en lo que viene siendo la bonita edad de la punzada, o sea la pubertad. Mis berrinches ya tenían más sustancia y más carácter así que más le valía a mi madre que no me fuera a salir con algo que no me gustara porque no se la iba a acabar.

Ya instalado en nuestros lugares vi en el programa de mano de qué se trataba el asunto, decidí darle una oportunidad al par de rucos que estaban por venir. Luego de que las luces se apagaron y el modesto escenario se iluminó apareció en el escenario un jovenazo luciendo tremenda melena, galán indiscutiblemente y si no que le pregunten a toda la bola de escuinclas y señora gritonas que hicieron de aquel lugar un manicomio con sus gritos. El novel cantante comenzó a cantar música que en mi vida había escuchado hasta que finalmente pude reconocer una, indiscutiblemente su éxito del momento. El tema en cuestión era una composición del maestro Roberto Cantoral que llevaba por nombre “Al Final”, tema con el que había participado en el festival OTI aquel flaco con ojos de Sargento Dodo que respondía al nombre de Emmanuel.

Emmanuel habrá cantado aquella noche una media hora, quizás 45 minutos, era lo que se conoce ahora como “telonero” del artista principal. Luego de su bonita racha de aplausos y eufóricos gritos se despidió y dio lugar a que apareciera la siguiente estrella en el escenario. Debo decirles que ese fue un momento muy importante en mi vida musical porque justo allí fue donde nació mi “amor eterno” por esa artista. Directo de España llegaba Marieta, la querida e inolvidable Rocío Durcal a la que conocían en México gracias a sus películas de juventud como aquella que hizo a lado de Enrique Guzmán, “Acompáñame”. Ya por aquellos años Rocío había grabado temas de Juan Gabriel que la había hecho triunfar en México, temas como: “Tarde”, “Jamás me cansaré de ti”, “Fue un placer conocerte”, “Me nace del corazón”, “Cuando yo quiera has de volver”, “No lastimes más” y “Te voy a olvidar”, entre otras. Aquel concierto me encanto, fue mi segundo concierto en mi vida y este sí lo disfruté al 100%, tanto que como les decía ahí fue donde nació mi amor por Rocío Durcal y su música.

Después de esos dos conciertos a los cuales asistí porque me llevaron y no por decisión propia comencé a imponer mis propios gustos, gustos que afortunadamente coincidían con los de mi patrocinadora oficial, o sea mi madre, por lo que no tenía ningún problema a la hora de convencerla para que aflojara el billete necesario. He de reconocer que mis gustos musicales siempre fueron algo extraños, sobre todo para un joven puberto imberbe, porque la música que me gustaba era como para más gente adulta y no para chicuelos como yo.

Mi madre y yo comenzamos a ir a conciertos de los cantantes de moda de aquellos años. Muchos de esos cantantes surgieron del Festival OTI, aquel de donde salieron una gran cantidad de artistas que terminaron por convertirse en los más famosos, como fue el caso de Emmanuel. Recuerdo que a inicios de los ochentas asistimos al Teatro Lirico y al Teatro de la Ciudad (Esperanza Iris) a ver entre otros artistas a Raphael (en plenas facultades), a José Luis Perales, a Sergio Esquivel (que me chiflaba por aquellos años) y a Napoleón (del que sigo siendo su fan de closet).

El tiempo pasaba y yo seguía creciendo. Los conciertos en el centro nocturno El Patio que se encontraba en la calle de Atenas 9 eran los más importantes y codiciados. Yo aun no tenía la edad suficiente para entrar a un centro nocturno y aunque la hubiera tenido seguro no me hubiera alcanzado el varo para ir a uno de esos shows. Como era centro nocturno no solo había que pagar el espectáculo, también había que soltar una buena lana para la cena y el pomo sin contar las generosas propinas que había que aflojar para obtener un buen lugar. Ahí me hubiera encantado escuchar a José José quien en ese tiempo aun tenía una gran voz. Fue ahí también donde Juan Gabriel comenzó a hacer sus legendarios conciertos que luego llevó al nuevo centro de espectáculos Premier que se encontraba al sur de la ciudad en San Jerónimo. Para los tiempos del Premier yo ya tenía la edad suficiente para entrar a esos espectáculos pero lo que no tuve nunca fue el billete, así que me la pelé. Ahí en Premier vivieron sus mejores años Juan Gabriel, Yuri, Emmanuel.

De pronto los artistas comenzaron a hacer palenques. El dinero que circulaba en esos lugares era harto atractivo para ellos. Mi padre que vivía en Monterrey y que tenía amigos palenqueros me contaba cómo les pagaban a los artistas con bolsas de papel llenas de efectivo, efectivo que seguramente evadían del fisco. Fue en los palenques de Monterrey y de sus alrededores que vi a Vicente Fernández cantar y cantar hasta que la gente dejara de aplaudir (luego de dos horas aquello ya era de hueva). También vi a Lupita D'Alessio que, ya con unos alcoholes, todos los ahí presentes le aplaudíamos cada vez que nos mentaba la madre a los hombres. Y claro que no faltaron en esos palenques Juan Gabriel, la gran Lucha Villa, Emmanuel y hasta Lucía Méndez, entre otros muchos más.

En la universidad tuve mi etapa rebelde, contestataria y piojosa. En esos años llegué a ir a varias peñas y cafés donde la música de protesta, el canto nuevo y la trova cubana eran las que rifaban. En la Sala Ollin Yoliztli vi a Richard Villalón quien se puso de moda gracias a dos temas de autores cubanos: “El breve espacio” y “Ojalá”. También vi a los importantes, la mayoría de ellos en el viejo Auditorio Nacional: Oscar Chavez, Tania Libertad, Alberto Cortez, Amaury Pérez, y por supuesto a Silvio Rodríguez y a Pablito Milanes. Carlos Díaz “Caito” y Guadalupe Pineda tampoco faltaron por aquellos años. Los conciertos de Jorge Reyes en el Espacio Escultórico en Día de Muertos son también dignos de recordar.

Y así me la llevé todos los 80s viendo artistas chabacanos, nada en especial que se pueda decir me haya marcado musicalmente para el resto de mi vida salvo una que otra excepción. Pero un buen día de 1989 sucedió un milagro. Una persona cercana a mi primo que trabajaba en la Pepsi le preguntó si quería boletos para el concierto que iba a dar Rod Stewart en el Estadio Corregidora de Querétaro. Cuando supe eso casi se me sale el corazón de la emoción. Por primera vez en mucho tiempo, luego del fallido concierto de Queen en Puebla, alguien se animaba a traer a México a un artista internacional de ese tamaño y yo no me lo pensaba perder ni de chiste. Le rogué a mi madre para que me diera permiso (y el varo correspondiente) para ir a ver a uno de mis grandes ídolos del rock. Mi madre se puso guapa y me dio el permiso y el dinero para comprar el boleto, mismo que consiguió mi primo con su amigo de la Pepsi (la Pepsi fue el patrocinador oficial del concierto). Mi primo que de niño prácticamente me había llevado a ver a Tavares ahora me iba a llevar a ver a Rod Stewart. La experiencia que viví ese año en Querétaro, esa sí quedó marcada para siempre en mi memoria musical. Sin duda aquel concierto de Rod Stewart ha sido uno de los 10 conciertos más importantes e inolvidables de mi vida, sobre todo por toda la experiencia rockera previa al evento que fue harto intensa. Ya en otro post conté cómo fue esa experiencia así que no voy a entrar en detalles pero gracias a ese concierto se abrieron las puertas para que muchos otros artistas importantísimos vinieran a tocar a nuestro país.

Después de haber escuchado aquel año cantar a Rod Stewart “Hot Legs” nunca imaginé que con el tiempo podría decir que he tenido la suerte de escuchar a los Rolling Stones cantar en vivo “Satisfaction”, o a Michael Jackson cantar “Billie Jean”, o a Kiss “Detroit Rock City”, o a Sting “Every Breath You Take”, o a Earth Wind and Fire “Fantasy”, o a Phil Collins “You Can't Hurry Love”, o a U2 “With or Without You”, o a Paul McCarney “Get Back”, o a Pavarotti “Nessun Dorma”,  o a Placido Domingo “E Lucevan Le Stelle”, o incluso a la Sonora Santanera cantar “La Boa” con sus miembros originales.

Ha habido mucha música en mi vida en tantos años, música de todos los géneros: clásica, ópera, zarzuela, jazz, trova, pop, rock, vernácula, etc. Algunos conciertos simplemente han sido inolvidables gracias a la compañía, como por ejemplo uno de Miguel Bosé que disfruté como enano a lado del amor de mi vida, mi hija Friducha. Otros conciertos los disfruté solo por el hecho de saber que mis acompañantes la estaban pasando bomba, como los de Chayanne, Enrique Iglesias, Mijares, Kabah, Shakira, Ricky Martin, etc. Otros más simplemente me gustaron y ya, independientemente de que el talento de dichos artistas pueda llegar a ser cuestionable. Por otro lado los conciertos de Enrique Guzmán, Miguel Ríos, Ana Gabriel, Pepé Aguilar, Timbiriche, Joaquín Sabina, Alanis Morissette, Botellita de Jerez, Moderatto, y muchos de Rocío Dúrcal y Juan Gabriel, son conciertos que puedo decir me encantaron y me traen muy buenos recuerdos.

Pero ni son todos los que están ni están todos los que son. Tristemente me he perdido varios conciertos que nunca más tendré la oportunidad de volver a ver, como el de Queen en Puebla que aunque sé no fue mi culpa porque yo aun era muy pequeño siempre viviré arrepentido de no haber ido. Frank Sinatra vino a México y no lo vi, y también sufro por eso. Tampoco me voy a perdonar no haber visto a José José cuando aun tenía voz, ahora ya no tiene caso verlo. Grupos ochenteros como Mecano o Soda Stereo me habría encantado conocerlos. Pero hay otros artistas que aun no pierdo la esperanza de ver, artistas como: Serrat, Billy Joel, The Who, David Bowie, Bruce Springsteen, Jimmy Page, Roger Waters, Tony Bennette, Kokín, Pablito Ruiz y el Coque Muñiz. Y claro también están los artistas que jamás vería ni aunque mi vida dependiera de ello, tipo: cualquier reggaetonero, cualquier grupo de banda, Jenni Rivera (aunque me la resucitaran), Belinda, Alex Lora, y claro al estúpido de Arjona.  


De los primeros.

En los palenques.

De mi época piojosa y pandrosa.

Los que nunca pensé ver.

Más de los que nunca pensé ver.

La Santanera con sus miembros originales.

No fui, me llevaron, pero me gustaron.

Buenos conciertos, grandes recuerdos.

Los que ya me la pelé.

Los que están en la mira.



Todo comenzó en 1977 con Tavares en el Teatro Ferrocarrilero, hoy la lista sigue creciendo y espero que hasta el último de mis días la música siempre esté presente en mi vida. Por supuesto que yo no pienso salir con la gatada de pedir que lleven música a mi entierro… ¡¿eso ya qué?! Yo la música me la pienso llevar puesta al otro mundo con la esperanza de que en el más allá existan los encores para así poder volver a disfrutar de todo el soundtrack de mi vida. Ánimas que así sea.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!


30 agosto 2015

Acerca del Preciado Líquido




Durante muchos años me vi forzado a tomar cerveza de las marcas del Grupo Modelo, esto por una cuestión de solidaridad con uno de mis sponsor principales (mi padre). De un tiempo a la fecha me he reencontrado con la marca Tecate y me siento harto cómodo, como que de aquí soy. Y es que quién no tuvo un tío borracho que desde niño le convidó un sorbo de su Tecate en bote, claro previamente preparada con limón y sal. Yo creo que todos los bebedores consuetudinarios de este preciado liquido hicimos nuestros pininos de esta manera, chuapando a escondidas del bote de un tío pedote. No dudo que esa bonita costumbre de ponerle limón y sal a la cerveza (michelada) haya nacido con la Tecate de bote. Los que me conocen saben que yo soy muy chocantito a la hora de las bebidas, NO ME GUSTA que se mezclen con nada, pero debo de reconocer que una buena michelada para comer o para quitarse “la calor” es una gran opción, claro si la peda va para largo no es recomendable, cansa.

Otra cosa que me tiene encantado ahora que redescubrí la Tecate de bote es su nuevo tamaño ligeramente más grande (473ml) que el del bote tradicional. Yo por lo pronto seguiré tomando las otras marcas que me chiflan: Negra Modelo, XX Lager y por supuesto Heineken, pero de ahora en adelante agregaré a mi dieta diaria la Tecate que llegó para quedarse. Y bienvenida sea esta chabocha chevecha que che chube a la cabecha. ¡Chalud!





Otro día con mas calmita... nos leemos.

25 agosto 2015

Comprando unos Tenis




Qué difícil es comprar un trinche par de tenis, es una verdadera monserga, al menos para mí. Tan fácil que es ir a mi zapatería de toda la vida, buscar el mismo modelo de toda la vida (bostoniano negro o café de suela volada), pedir mi número de toda la vida, darle una caminadita para probarlo, y ¡listo! Pagar y retirarme con un par de chapatitos  nuevos muy coquetos sin mayor bronca.

La verdad es que yo nunca he sido amante de los tenis, ni siquiera cuando era chavo, yo siempre preferí mis Vagabundo o mis Exorcista de Canada o ya más grande mis Top Sider o mis Crayons con suela transparente. Sin embargo desde chico siempre hubo la necesidad de tener por lo menos un par de zapatos tenis para la escuela o para hacer algún deporte. En aquellos lejanos años no había tanta bronca, mi Sacrosanta (madre) simplemente me llevaba a cualquier zapatería La Joya o Canada para que escogiera mis tenis, y listo. Entonces no había tanta variedad de modelos y marcas como ahora, era muy fácil escogerlos. Generalmente los tenis que compraba eran marca Dunlop, blancos, como de lona, sin mayor chiste. No eran costosos y en la zapatería La Joya había el plus de que a los niños coquetones y bien portados como yo nos regalaban hartas paletas mismas que esparcían generosamente dentro de las cajas de zapatos. Unos pedían de regalo un calzador, yo jamás, ni que estuviera loco, yo pedía mi bonita dotación de paletas de dulce para tirarme toda la tarde frente al televisor a ver las “caris” de Canal 5: Meteoro, Ahí viene… ¡Cascarrabias!, Heidi, Birdman, La Pantera Rosa, Los 4 Fantásticos, Los Picapiedra, Marino y la Patrulla Oceánica, La Hormiga Atómica, etc.


Muy parecidos a este modelo eran los tenis que usaba cuando niño; este modelo
es de dama pero eran casi idénticos. Marca Dunlop, claro.


Realmente yo nunca le di lata a mi madre a la hora de comprar mis tenis. Sin embargo había niños harto chocantitos, niños que fregaban mucho a sus padres clasemedieros pidiéndoles tenis de importación. Pero cuál importación, en ese tiempo no se importaba ningún tenis, la única forma de tener tenis gabachos era encargándoselos a alguien que fuera de vacaciones por aquellos lares o bien yendo uno mismo. Pero como en mi familia la jodidez era el común denominador, pues no había quien nos trajera unos codiciados (por otros no por mí) tenis Adidas.

Según recuerdo Adidas fue la primera marca de nombre que se comenzó a ver en México, luego llegó Nike, Converse, Vans, Puma, Reebok, New Balance, y todas las demás marcas harto caras que hoy conocemos. Los dos modelos que rifaban por aquellos años eran los que usaban dos personajes harto admirados por la muchachada de entonces, me refiero a: Paul Michael Glaser mejor conocido como el detective Dave Starsky  de la serie de televisión “Starsky and Hutch” y al vocalista de Queen Freddie Mercury. Starsky usaba unos tenis azules con franjas blancas de un material parecido al “ante”, por su parte el gran Freddie Mercury usaba los clásicos tenis blancos de piel con franjas negras. El nombre de los modelos no lo recuerdo bien, pero quizás eran “Universal” y “Columbia”. Por supuesto que con el tiempo, en cuanto tuve la posibilidad de pisar tierra gabacha me compré mis tenis Adidas, primero unos como los de Starsky y luego unos como los de Freddie Mercury.



Los tenis Adidas de Starsky que todos queriamos tener.

Los tenis Adidas de Freddie Mercury, mis favoritos.

Más o menos así fueron mis primeros tenis Adidas allá a finales de los 70s.

Mi modelo favorito de tenis, obvio, como los que usaba mi amado
Freddie Mercury. 


Luego, ya que era más grade y atrevido, emprendía junto con mis primos o amigos desafiantes expediciones a los bajos mundos del barrio bravo de Tepito en donde se podían conseguir tenis americanos traídos de contrabando. El viaje a Tepito era toda una experiencia, poco a poco nos íbamos internando en un callejón repleto de mercancía contrabandeada, televisores y videocaseteras marca Sony, estéreos para coche marca Pioneer, Clarion o Alpine, bocinas y ecualizadores de marcas muy chafas como Mustang. Pero no solo vendían electrónica, también habían puestos pletóricos de bonita pornografía, películas en formato beta del “Chato Donald” como les llamaban los cábulas de los puestos. Y no faltaba el viejo sucio que se acercaba a nosotros, al fin chavos pubertos libinoputridos, a ofrecernos la bonita Yumbina y la Tinta China para darle rienda suelta a nuestras más depravadas intenciones copulatorias. La leyenda urbana decía que bastaba darle un poco de Yumbina a una dama para que esta se abalanzara inmediatamente sobre uno deseosa de sexo y pasión; por otro lado la famosa Tinta China tenía un efecto retardante en el “calambre” masculino, es decir que uno podía durar horas y horas dándole duro hasta que la dama en cuestión tirara la toalla. Jamás nos atrevimos a comprar nada de eso, la verdad es que a pesar de que éramos unos jóvenes imberbes esos filtros de amor nunca nos inspiraron confianza, gracias a eso ninguno terminamos en la "correccional de menores" luego de haber intoxicado a una niña. Otra cosa que nunca faltaba en esas expediciones era el señor que en un carrito como del super, quizás robado de algún Aurrera o Gigante, nos ofrecía huevos de caguama mismos que aseguraba tenían poderes mágicos que incrementaban la potencia sexual… cómo si a esa edad necesitáramos más potencia de la que la misma juventud nos ofrecía.

Al final y luego de sortear los peligros y riesgos propios de esa exclusiva zona comercial conseguíamos los tan codiciados tenis para alguno de los primos o amigos, y así, todos felices y fascinados nos pasábamos a retirar antes de que algunos “pillos” nos dieran baje con la mercancía recién adquirida.

Tiempo después dejamos de visitar Tepito y comenzamos a frecuentar los bazares que empezaban a ponerse de moda. El que más visitábamos por encontrarse relativamente más cerca de nuestra colonia era el de Pericoapa, aunque también íbamos a uno que se ponía en el Hotel de México (hoy World Trade Center) o al que estaba por el Metro Hangares a un costado del aeropuerto. En estos sitios las compras eran más seguras y en un ambiente más relajado y fresa, nada que ver con los machines de Tepis.

Pero finalmente y gracias al Tratado de Libre Comercio las fronteras de abrieron a todo lo gringo y entonces llegaron a borbotones los tenis. Las tiendas como Deportes Martí  se llenaron de tenis y otras especializadas como Foot Locker (había una en Perisur) ofrecían una gran variedad de marcas y modelos. Hoy, como les decía al principio, para mí es una verdadera monserga comprarme tenis, tan solo pararme frente a ellos y ver tanta variedad ya me da güevita: Además los modelos de hoy soy muy pelados y harto jotitos, los colores son fluorescentes y chillantes o bien dorados y plateados que solo resaltan la peladez de quien se atreve a usarlos. Yo sigo buscando los modelos más discretos y sencillos, modelos de la marca Adidas preferentemente, pero pareciera que mientras más estrafalarios y llamativos son resultaran mejores. Ojalá todo fuera más sencillo como antes cuando mamá me compraba mis tenis Dunlop blancos, ojalá que al menos por los más de 2,000 pesos que cuestan unos tenis hoy en día nos regalaran mínimo una bolsa de paletas de dulce como cuando yo era un niño feliz, ojalá todo fuera como antes, tratándose de tenis y de muchas cosas más.


Así de complicado es comprarse tenis en estos días, entre tanto modelito
uno se siente perdido.

De entre todos los tenis que vi estos fueron los que
resultaron más de mi agrado. Y ya, tan tan.


Los tiempos pasados no fueron mejores… ¡pero sí más chidos!